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| Texto: Daniela Marcos () |
Cooperación, generosidad, participación y delicadeza, son las palabras que dan significado a lo que en idioma zapoteco se denomina con un solo vocablo: Guelaguetza, y que hoy designa una tradición popular alegre y festiva, que encanta a quien participa de ella. Una fiesta indígena y mestiza Sus orígenes se remontan a la época prehispánica, se retoma durante la Colonia con otras formas y se celebra con el nombre que hoy lleva desde mediados del siglo XX, siempre con nuevas sorpresas. En esta festividad son varias las leyendas y tradiciones que confluyen y han reunido a la diversidad oaxaqueña. Se dice que en la antigüedad celebraba a la diosa del maíz tierno, Centéotl, e incluía el sacrificio de una doncella. Posteriormente, con la evangelización se transformó en la fiesta de la Virgen del Carmen, la cual perdura hasta nuestros días, ahora teñida de un carácter multiétnico y popular. Se ha convertido, dicen los oaxaqueños, en su celebración más importante. Lunes y todo el mes Dieciséis grupos étnicos de ocho regiones distintas bailan, hacen música, cantan, visten sus trajes tradicionales, y ofrecen frutos y delicias de la cocina regional en un acervo de colores que puede apreciarse durante las dos últimas semanas de julio, de las cuales los lunes son los días de mayor relevancia. Aunque en la actualidad, todo el mes de julio es el mes de la Guelaguetza y se pueden encontrar actividades diversas en el estado, e incluso fuera de éste, que incluyen a cantantes reconocidos, pintura, artesanía, además de la tradición. La fiesta de los “Lunes del cerro”, como también se conoce a la Guelaguetza, ha tenido como escenario principal el Cerro del Fortín, en la ciudad de Oaxaca, en donde se sitúa el templo del Carmen, cuya construcción inicial se remonta al siglo XVI, cuando sustituyó al antiguo Teocalli de Huaxyacac. Desde 1974, al edificarse el auditorio Guelaguetza, que es un teatro abierto con capacidad para albergar a más de 11,000 personas, la amabilidad de los pueblos de Oaxaca se ha concentrado en este espacio en donde, unos tras otros aparecen las danzas, la música y los regalos que las comunidades lanzan al público que los aplaude: fruta, sombreros, símbolos de la tierra. Pero la generosidad y la celebración se extiende ahora a gran parte de la ciudad y del estado. Las calles de la capital se han convertido también en el escenario de nuevas formas de participar, así como otros teatros y espacios que resaltan por su belleza. Una invitación para todos Organizada como una calenda o desfile tradicional oaxaqueño para invitar a todos los habitantes y a quienes visitan a participar en la fiesta, las delegaciones pasean su colorido y su música por las calles. Dirigidos por la chirimía y el tambor, acompañados por los coheteros y encabezados por las marmotas (faroles de tela) y gigantes (representaciones populares de enorme tamaño que bailan al son de la música) y por las chinas oaxaqueñas, o mujeres que llevan canastas con ofrendas para ofrecer a la Virgen, cada delegación lleva su propia banda de música, una tradición y una distinción de los pueblos de Oaxaca. Además, antes del lunes 23 de julio, primer “Lunes del cerro”, los participantes eligen a la reina, una mujer, indígena, que representará la cultura, la sabiduría y la belleza de su comunidad, y también a la fiesta. De la tierra, para la tierra Amuzgos, chatinos, cuicatecos, chinantecos, chontales, chochos, zapotecos, mixes, mixtecos, zoques, huaves, ixcatecos, mazatecos, popolucas, triques y nahuatlecos, todos participan con el orgullo propio de sus costumbres y tradiciones; con el arte renovado y ancestral de sus bordados y vestidos; con los frutos de su trabajo; con las delicias de su variada y rica gastronomía. Y quienes disfruten de esta festividad podrán decir “salud” a la riqueza de la tierra con esa bebida artesanal y de tradición que es el mezcal, sin olvidar el ritual de rigor que debe preceder al primer trago: verter tres gotas de la bebida a la tierra para devolverle todo lo que nos da y seguir celebrando, cada año, al maíz, a la Virgen, y a la generosidad de los pueblos de Oaxaca.
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