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| Texto: Alfredo Martínez Fernández () |
Llegamos a las 7:00 de la mañana al globopuerto Volare, ubicado en el pueblo de San Francisco Mazapa, en donde nos recibió Javier Merino, quien desde hace diez años se dedica al vuelo de globos. Ha surcado los aires de todo México, entre los que recuerda con especial emoción el de La Paz, Baja California, sobre el Mar de Cortés, y una travesía de 100 km sobre la sierra de Michoacán, del poblado de Sahuayo hasta la laguna de Chapala. Ha participado en los cinco festivales que se han realizado en León, Guanajuato y recientemente está colaborando con el INAH en un libro de arqueología desde un globo. Nos explicó que abrieron sus puertas para todos aquellos que estén interesados en aprender a pilotear un globo e inculcar así este “arte”, como lo reconoce él. El globopuerto ocupa un área de 40,000 metros cuadrados, en donde pueden despegar hasta 25 globos. Javier cuenta con diez con capacidad para 60 personas, así que si tienes un grupo grande de amigos, todos pueden volar al mismo tiempo. Mientras el staff preparaba el equipo, acabamos por despertar con una taza de café con Mariel, la hija de Javier, quien es la primera y única piloto mexicana certificada por la Federal Aviation Administration (faa) y por la Dirección General de Aeronáutica Civil (dgac). Por cierto, el mes pasado Mariel participó en el festival de vuelo en globo más importante del mundo, en Alburquerque, Estados Unidos, donde representó a nuestro país volando con la bandera de México. La emoción inició desde que empezaron a preparar e inflar el globo en el lugar del despegue, una gran explanada ubicada detrás de las pirámides de Teotihuacan entre las nopaleras. Para ello lo extienden y conectan a la canasta y con un ventilador gigante y súper potente comienzan a introducirle aire. Javier nos preguntó si queríamos ver el globo por dentro y sin pensarlo, nos quitamos los zapatos y nos metimos. La imagen fue increíble, con todos esos colores iluminados por la luz de la mañana. Una vez que ya estaba medio inflado, Mariel encendió los quemadores y como si fuera un dragón, comenzó a lanzar llamaradas para calentar el aire del interior del montgolfier, poco a poco se fue levantando iluminado por el fuego de su interior, fue como ver el latir de su corazón. Mientras acababan de inflar, aproveché para tomar unas fotos desde las nopaleras de los alrededores. ¿Qué hubieran pensado los teotihuacanos al ver este gigante de colores en el cielo? De pronto vi que Mariel me hacía señas para que me subiera al globo, así que corrí, justo cuando Javier dio la orden de abordar. Los cuatro pasajeros, dos americanos, Gaby y yo, brincamos dentro de la canasta y ¡a volar se ha dicho! Poco a poco el gran gigante de 24 metros de altura se fue separando del suelo. Conforme fuimos ascendiendo el paisaje y la sombra del globo se fue deslizando ante nuestros ojos y de pronto apareció la espectacular zona arqueológica de Teotihuacan, luciendo en su máximo esplendor. Donde los hombres se convierten en dioses Con certificado y todo Para finalizar aprovechamos para pedalear en bicicleta de montaña alrededor del sitio arqueológico, visitar las pirámides y comer en el original y extravagante, restaurante La Gruta, en el interior de una auténtica gruta natural. Está a un lado de las pirámides, entrando por un costado del museo y centro de estudios Manuel Gamio. Ahí comió Porfirio Díaz y era muy frecuentado por Diego Rivera y Frida Kahlo. Así fue como finalizamos esta extraordinaria aventura visitando Teotihuacan de una forma diferente y mucho más divertida. ¿Cómo están fabricados los globos comerciales? El equipo ¿Se requiere alguna condición física especial? ¿Qué nivel de riesgo tiene? Recomendaciones Dónde dormir... Contactos: Volare
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