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| Texto: Kayla T. Zaldívar () |
Su historia inició en San Miguel Viejo, una comunidad que ha quedado rodeada de sembradíos de alfalfa, frijol y maíz, y al margen del movimiento de lo que hoy se conoce como centro histórico. Aquí sólo hay casas sin pintar o de adobe, haciendas olvidadas y una iglesia del mismo nombre (y que abre únicamente los lunes a las 18:00 horas para evitar saqueos), todo inmerso en un aire de belleza, sencillez y autenticidad. La ciudad se mudó al oeste debido a El Chorro, el manantial bautizado así por Fray Juan de San Miguel que dio de beber al pueblo desde 1555 hasta hace pocos años. Hoy, como recuerdo de esa vida que emergía a borbotones, queda la Casa de la Cultura. Metros más abajo están Los Lavaderos, donde aún las mujeres lavan, y el Parque Benito Juárez sobre una calle que serpentea hacia el corazón de la ciudad, es decir a la Plaza Principal. En este lugar hay que respirar profundamente mientras se mira. Al sur, la Parroquia de San Miguel Arcángel, el símbolo indiscutible de la también llamada “La Fragua de la Independencia Nacional”. Este recinto religioso se impone a los ojos desde cualquier punto que se contemple a San Miguel de Allende. La torre parroquial se construyó hacia 1880 por Zeferino Gutiérrez, un maestro albañil que quedó impresionado con el gótico en Europa y que, a través de tarjetas postales de distintos lugares de aquel continente, crea este peculiar diseño de estilo neogótico. En el interior de la iglesia se conservan varias pinturas que se atribuyen a Juan Rodríguez Juárez. Y justo frente a la Parroquia, aunque pareciera que no hay espacio suficiente, despegan al amanecer globos aerostáticos que permiten conocer la ciudad “a vista de pájaro”. Una oportunidad para aquellos que siempre buscan lo nuevo o lo diferente. Al este y oeste de la plaza están los edificios coloniales y los portales en los que se puede degustar un humeante café. Aunque la conversación resulta mejor en el jardín de la plaza, donde locales y visitantes se confunden sentados sobre las bancas de hierro forjado a la sombra de los laureles. Las voces de la vendimia y la música del quiosco central completan la atmósfera que ha convencido a cientos de hombres y mujeres a retirarse a San Miguel de Allende, y que hoy pretende conquistar el otro título de Patrimonio Cultural de la Humanidad para la ciudad. Este jardín, de tan concurrido no importa el día y no importa la hora, tiene ahora servicio de Internet inalámbrico disponible; una oficina que envidiaría cualquiera. Al norte está la Presidencia Municipal, la cual se ha reconstruido en tantas ocasiones que poco queda de su arquitectura original, aunque no así de su importancia histórica. Aquí se formó el primer ayuntamiento independiente de México, el cual establecieron Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, y dirigió Ignacio Aldama. La vieja cárcel se transformó incluso en museo para contar esta historia y su repercusión en el país. Más que leyendas De ahí que se diga, sin aire presuntuoso, que San Miguel de Allende tiene la mayor cantidad de galerías por habitante de todo México. Y que la ciudad es una obra de arte en sí. No se podría mencionar a todas, pero La Aurora merece ser ejemplo de lo que sucede. Nadie recuerda cuándo abrió sus puertas esta fábrica de manta y algodón por primera vez, al parecer han pasado muchos años. Ahora este viejo inmueble se reinventó como centro de arte y diseño en el que no sólo hay cabida para pinturas y esculturas, sino también para muebles, joyas y cerámicas. Hasta una cafetería y un restaurante encontraron aquí cobijo. Entre los establecimientos se encuentran las galerías Atelier, Manuel Chacón, Florencia Riestra y Sisal, la tienda de antigüedades Contadora, la tienda de muebles Atrium y la joyería Alquimia 4. Destaca el espacio principal de La Galería Aurora, donde se promociona a creadores de San Miguel de Allende y sus alrededores; en ocasiones también se invita a participar a artistas reconocidos nacional e internacionalmente. Lujo para dormir y comer El estilo colonial, ese que destila serenidad y nostalgia, persiste en vigas y puertas de madera, arcos y herrería de grueso calado. Pero los aires de modernidad son indiscutibles, y los colores amarillo y naranja, en combinación con el blanco, lo recuerdan a cada paso. Aún restan otros paseos por el Oratorio San Felipe Neri, el Instituto Allende o el Teatro Ángela Peralta, pero este recorrido recuerda que exige calma. Sigamos conversando. Una razón extra “La pintura mural de Atotonilco y su proyecto catequético como Biblia de los Pobres es más ambicioso que aquél de la Capilla Sixtina, en Roma. Aquí hubo espacio para un plan evangelizador total”, asegura el tríptico a la venta a la entrada del santuario. Se representan infinidad de pasajes y personajes religiosos sin guardar espacio u orden entre sí. La vida completa de Jesús se conjuga con ángeles y demonios, santos, mártires y peregrinos con pencas de nopal sobre la espalda, con coronas de espinas sobre la cabeza o con las rodillas sangrantes. El Santuario de Atotonilco, que surgió entre 1740 y 1748, guarda testimonio del matrimonio del capitán Ignacio Allende y María de la Luz Agustina y Fuentes, así como los restos del padre Luis Felipe Neri de Alfaro, fundador del lugar. Dónde dormir... Hotel Dos Casas Hotel Doña Urraca Hotel Casa Rosada Cómo llegar |
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