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Organización económica y social teotihuacana

Por: Eduardo Matos Moctezuma

Desde el momento en que La Ciudadela se convierte en el centro de la ciudad y por ende, del poder político, social y económico, su importancia va a ser fundamental.

Según algunos arqueólogos, fue exactamente enfrente del conjunto de La Ciudadela, al otro lado de la Calle de los Muertos, donde se construyó el mercado. Esto resulta importante, pues ya desde entonces quedó establecido que este lugar de intercambio de diversos productos estuviese ubicado a un lado del recinto ceremonial, representativo del poder de los dioses, y de las casas de los máximos dirigentes, representantes del poder terrenal.

Por eso no es de extrañar que a ambos lados del Templo de Quetzalcóatl hubiera conjuntos habitacionales que debieron de albergar a los altos dirigentes de la sociedad teotihuacana, dado el sitio privilegiado en que se encuentran. Sin embargo, barrios de habitación popular como el de La Ventilla, a 500 metros de La Ciudadela, nos de­jan ver que, junto a los ricos emplazamientos con pintura mural en sus paredes, finos estucos y buenos acabados, se encontraban otros habitados por artesanos que no presentaban las características anteriores. Todo esto nos lleva a deducir cómo estaba dividida socialmente la población de Teotihuacan.

Al respecto, un indicador importante para conocer la organización social teotihua­cana son los restos que ellos mismos dejaron a través de las ofrendas de sus entierros, la cerámica, la escultura y la pintura mural. Allí vemos la representación de los diversos grupos sociales que la componen. Por ejemplo, en Te­pan­ti­tla tenemos el mural conocido como el Tla­locan. La parte más conocida del mural muestra a una gran cantidad de personajes apenas ataviados con taparrabos, descalzos y en actitud de jugar, de nadar en el río, etcétera. Diríamos que las escenas se desarrollan en un ambiente rural, en donde el manantial del que surge una corriente de agua es canalizado en lo que parecen ser chi­nam­pas, pues sobre ellas hay flores y plantas de maíz, frijol y calabaza.

Algunos personajes juegan a la pelota o cazan mariposas. No hay duda de que la escena se lleva a cabo en el campo. Sin embargo, en la siguiente sección del mural, el ambiente cambia. Ahí vemos personajes ricamente ataviados con faldillas, zapatos y adornos personales, además juegan a la pelota con bastones de colores dentro de un medio urbano, como lo in­di­can las construcciones y los mar­ca­do­res para el juego, junto a los cuales, por cierto, hay personajes enfermos, como un individuo con un pie deformado y lo que parece ser un enano. Estamos, claramente, ante dos grupos sociales.

Por otra parte, se han encontrado figurillas de barro o esculturas de piedra con individuos poco ataviados, en tanto que otras muestran una riqueza impresionante en sus atuendos, desde los grandes tocados que cubren sus cabezas —que debieron ser muy elaborados, con un armazón de madera y adornados con ricas plumas—, hasta prendas como el quechquémetl triangular o faldas muy elaboradas hechas de algodón. La jerarquía social queda así ­expresada.

Por otra parte, tenemos sacerdotes con sus atavíos ceremoniales ricamente decorados. Brazaletes, collares, orejeras y narigueras fabricadas en piedra verde dan razón de su rango. Las largas plumas verdes son indicadoras de ciertostatussocial, pues siempre aparecen como parte del atavío de estos personajes. Por cierto que estos materiales no eran obtenidos en los alrededores de Teo­ti­hua­can, sino que procedían de regiones muy alejadas. Así, las piedras verdes provenían de lo que hoy es la región de Guerrero y Oaxaca, y las plumas largas de que­tzal, de Chia­pas o Guatemala. Se obtenían por imposición militar o por intercambio comercial a larga distancia.

El asentamiento de barrios de co­mer­cian­tes dentro de la metrópoli y del llamado “barrio oaxaqueño” pudo haber sido un vínculo para el intercambio. En Monte Albán, Oaxa­ca, se ha visto la influencia de Teotihuacan en la cerámica, pues toda una fase de la ciudad zapoteca muestra tipos cerámicos con las mismas formas teotihuacanas. En sitios como Matacapan, en Veracruz, Copán, en Honduras, y Kami­nal­juyú, en Guatemala, por citar sólo algunas, muestran presencia teotihuacana, lo que indica la importancia que la urbe había alcanzado hacia otras regiones mesoamericanas.

Con todo lo anterior, podemos decir que la sociedad teotihuacana estaba fuertemente estratificada. Un grupo campesino mayoritario debió ser la base de la pirámide social. Otro tanto se puede decir de los artesanos que habitaban en la ciudad y que se dedicaban a diferentes ramas de la producción, como alfareros, tejedores, lapidarios, carpinteros, artistas y, dentro del ramo de la construc­ción, albañiles, peones, especialistas en la producción de estucos, etcétera. Probablemente algunas de estas tareas eran compartidas. Así, los campesinos podían, a nivel familiar, dedicarse a la producción textil o a la elaboración de cerámica, además de prestar su fuerza de trabajo en las grandes obras estatales o en la guerra. En los grupos sociales de más alta jerarquía, tenemos pinturas que muestran guerreros y sacerdotes. Ahora bien, ¿cómo estaba conformado el gobierno teo­ti­hua­cano? No contamos con información específica sobre el tema. Lo que sí es cierto es que, ya fuera un gobierno comunal o de un solo individuo, no cabe duda de que se ejercía un control social y político que se dejaba sentir al interior de la sociedad teoti­hua­ca­na y en otras regiones de Mesoamérica.

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