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Pasado y presente de los menonitas mexicanos, Chihuahua

Por: Adelina Arredondo L

Lo primero que viene a la memoria son sus famosos quesos. Sin embargo, su estilo de vida va más allá de la producción y los ha llevado por diferentes caminos y diversos obstáculos por superar. ¡Conoce más sobre ellos!

LOS PRIMEROS MENONITAS EN MÉXICO

A finales de 1922 llegaron a San Antonio de los Arenales, al norte de la ciudad de Chihuahua, 36 carros de ferrocarril de los que descendieron los primeros menonitas que se instalaron en nuestro país. Venían en grupos, cargando su equipaje personal, ropa de cama, enseres domésticos, muebles y materiales de construcción. Traían también sus recios caballos belgas, vacas holstein, guajolotes, gallinas, costales de semilla, herramientas y maquinaria agrícola. Subieron por la sierra, en carretas, otros 60 km hasta llegar a su destino, Santa Clara, en el corazón de Chihuahua, donde se distribuyeron en una cuadrícula de lotes, delimitaron sus villas, trazaron sus calles, construyeron sus casas y se prepararon para arar la tierra.

No eran peregrinos; tampoco eran inmigrantes. Ellos vinieron a la segura. Se trasladaron familias completas con sus pertenencias, costumbres, aspiraciones y privilegios. Sus dirigentes organizaron todo de antemano: localizaron, inspeccionaron y adquirieron grandes extensiones de tierra cultivable. Obtuvieron del gobierno de Obregón concesiones excepcionales. No podría obligárseles a prestar servicio militar, ni juramento. Se les otorgaba el más amplio derecho de practicar su religión, controlar la educación de sus hijos y disponer el régimen económico que desearan con respecto a sus bienes.

Más que una etnia, los menonitas son correligionarios de una iglesia surgida en el seno de la Reforma radical que tuvo lugar en Europa durante el siglo XVI. Creen en el bautismo como confirmación de su fe, no para borrar un pecado original. Para ellos el bautismo significa adquirir una responsabilidad colectiva como miembros de una gran comunidad humana donde no caben distinciones de sexos, razas o clases sociales. Consideran a la Iglesia como atemporal y creen que debe permanecer por encima de cualquier estado temporal. Sus lealtades están prioritariamente depositadas en ella y en la comunidad religiosa; no pueden concebirse como parte de una nación específica. En su concepto la iglesia trasciende la cultura local y la nación, y abarca a la humanidad y la naturaleza toda.

La Reforma radical fue una vigorosa convulsión que constituyó una ruptura con las instituciones teológicas existentes y en la que perdieran la vida cientos de reformistas radicales o anabaptistas. Para fines del siglo XVI la mayoría de ellos había sucumbido en su lucha o se había disuelto como resultado de la severa represión de que fueron objeto. Eran grupos pacifistas surgidos en Suiza que fueron expandiéndose por el resto de Europa, encontrando numerosos adeptos de todas las clases sociales en los Países Bajos.

Los anabaptistas fueron llamados menonitas por primera ver en 1545, en un decreto condenatorio, término que acabó por generalizarse e imponerse a través de los años. Aunque los fundadores del movimiento anabaptista habían sido Melchor Hoffman y Obbe Phillips (ambos holandeses) fue a través de Menno Simons, párroco católico (1496-1561), como sobrevivió, se expandió y se consolidó el movimiento. De las diversas ramas que se formaron, sólo los menonitas y los hutteristas sobrevivieron como grupos confesionales con cohesión interna. Su negativa a la violencia, su pacífica huida de la represión y la búsqueda de coherencia entre su doctrina y su forma de vida, son factores que han llevado a sus descendientes a migrar de un lugar a otro a lo largo de cinco siglos.

LOS ANTEPASADOS DE LOS MENONITAS

Los antepasados de los menonitas mexicanos eran originalmente holandeses que huyeron de la represión y se establecieron en la ciudad alemana de Dantzig en el siglo XVI. Ahí se consolidaron como grupo relativamente homogéneo y adquirieron la lengua que aún conservan, elplattdeustscho bajo alemán. A fines del siglo XVIII fueron invitados a establecerse en Rusia donde afianzaron su patrón actual de asentamiento, que consiste en colonias formadas por varias villas, cuyas casas se alinean dando el frente a una sola calle, y dejan a espaldas de su vivienda una larga y estrecha fracción para la granja y el cultivo. En pocos años los campos menonitas florecieron y se expandieron hacia otras regiones y sectores de producción. Sin embargo, cuando sobrevino la guerra ruso-turca el gobierno ruso retiró la exención del servicio militar a los menonitas, lo que ocasionó que los grupos más ortodoxos buscaran otras tierras donde conservar sus tradiciones y mantener juntas a sus familias.

Miles de ellos se establecieron en Estados Unidos y Canadá, donde el gobierno les ofreció facilidades para colonizar tierras baldías de las provincias de Manitoba y Saskatchewan. Pero apenas dos generaciones después, los menonitas volvieron a sentir amenazada su cohesión interna pues, entre otras cosas, se les conminó a prestar servicio durante la Primera Guerra Mundial, aunque fuese en actividades no militares.

Una vez más, los más conservadores, reacios a asimilarse a las condiciones de vida que les ofrecía Canadá, vendieron sus tierras para comprar otras más baratas en México. Sin embargo, cuando llegaron no ocuparon todas las tierras adquiridas en Chihuahua, sino que se establecieron en los llanos bajos con agua de pozos o arroyos, evitando las montañas y las tierras boscosas. Allí fundaron las grandes colonias de Manitoba y Swift Current, y se mantuvieron aislados de los habitantes del lugar. Cada villa contaba con su escuela, su iglesia y pastizales para el ganado.

Los menonitas llegaron con sus esperanzas puestas en una vida mejor, pero no fue tan fácil como esperaban, pues tuvieron que enfrentar varios problemas: parte de las tierras vendidas estaban invadidas por campesinos, situación que no pudieron resolver con los antiguos propietarios ni con el gobierno local, por lo que tuvieron que acudir al presidente Calles; sufrieron enfermedades, pérdida de cultivos, ausencia de un mercado tanto para la venta de sus productos como para la compra de insumos, y el acoso de asaltantes y cuatreros. Contra sus principios religiosos tuvieron que pedir la protección del gobierno.

Durante la gran crisis de los años treinta, algunos se vieron obligados a trabajar como asalariados para los menonitas más favorecidos o para los mormones de Casas Grandes, Chihuahua, y ante la imposibilidad de hacer frente a sus compromisos de pago tuvieron que regresar parte de las tierras adquiridas. Muchos de ellos se vieron obligados a diversificar sus fuentes de ingreso y fortalecieron los corrales para la cría y el cuidado de ganado lechero.

Quién no ha comido el famoso queso menonita que podemos comprar ahora en cualquier parte de México. Incluso se piensa que ellos lo introdujeron al país. Sin embargo no fue así. Un trabajador menonita de Chihuahua aprendió la técnica con su patrón, un farmacéutico alemán de las colonias mormonas en Chihuahua. Al tener éxito con la venta de los primeros quesos e incrementarse la demanda, se establecieron varias factorías y cada ver más menonitas destinaron su producción lechera a ellas. Incluso remplazaron sus vacas holstein, cuyas abuelas venían desde Frisia, por otras variedades más productivas.

La reforma educativa iniciada por el callismo también les afectó, ya que algunas de sus escuelas se cerraron, pero ante sus demandas el presidente Cárdenas confirmó el respeto a las concesiones que se les habían otorgado. Con sus privilegios reiterados, y el auge económico posterior a los años cuarenta, se fueron consolidando en México las colonias menonitas y algunas poblaciones florecieron como es el caso de Ciudad Cuauhtémoc, en Chihuahua.

El quehacer económico constituye la esencia de la cultura menonita actual, en torno al cual giran las demás actividades. Sin embargo, la comunidad está organizada por la iglesia, que controla las diversas esferas de su vida. La autoridad religiosa y la civil coinciden y los intereses comunes están por encima de la iniciativa individual.

Su actividad fundamental es la agricultura. Las mujeres y los niños pequeños atienden a los animales. Siembran maíz, frijol, cebada, centeno, trigo, sorgo, lino y principalmente avena. También han incursionado en la siembra de frutales y de algodón. Crían su ganado en común, y destinan parte de la producción lechera y la carne al consumo familiar y parte a las fábricas de queso.

LA ORGANIZACIÓN Y TRADICIONES DE LOS MENONITAS

Los menonitas han roto con el esquema del subdesarrollo en una de las regiones más difíciles de México. Han mostrado que con la organización, la cooperación, la división del trabajo y la integración de ramas productivas, los avances pueden ser significativos. La clave del desarrollo en los campos menonitas ha sido la capacidad de integrar la agricultura y la ganadería: el campo y la industria.

Su vida cotidiana transcurre en la rutina. Son austeros, disciplinados y serios. Sus alimentos consisten básicamente en pan con mantequilla y embutidos, y esta frugalidad la muestran en todas las facetas de su existencia: su vestido, el mobiliario, el uso del tiempo libre, sus festejos e incluso las ceremonias religiosas. Celebran moderadamente la Navidad, los compromisos matrimoniales, las bodas y los funerales; tienen prohibido el uso del radio, la televisión, el tabaco y las bebidas alcohólicas. Su dieta es inapropiada, con la consecuente morbilidad. Algunos de ellos viven en condiciones insalubres. Por razones religiosas se suelen oponer a la vacunación de sus hijos, y lo mismo sucede con sus animales. La mortalidad infantil es relativamente alta, pero se compensa con un índice de nacimientos elevado. También son renuentes al uso de fertilizantes químicos e insecticidas. Por fortuna se encuentran en un clima poco propicio a enfermedades y plagas. Su religión les prohíbe utilizar vehículos de motor y llantas de hule para uso familiar, a menos que sean para el trabajo. No sólo poseen maquinaria agrícola moderna que importan con ayuda de sus correligionarios de Norteamérica, sino que es frecuente que adquieran camiones en común para la transportación de sus productos.

Los menonitas dan mucha importancia a la educación de sus hijos y sostienen escuelas en todas las villas, bajo control eclesiástico. Los niños aprenden a leer en alemán, el idioma oficial en la escuela y en la iglesia; no obstante, difícilmente llegan a dominarlo. En la vida diaria se comunican en su viejo dialecto bajo-alemán. Algunos hablan español pero no lo leen, por lo que tienen poco acceso a fuentes de información, fuera de los escritos doctrinarios. En la escuela se estudia el catecismo, las escrituras, himnos religiosos, aritmética elemental, higiene y algo de geografía para que comprendan el recorrido de sus antepasados por el mundo. Los niños asisten a la escuela de noviembre a marzo y el resto del año colaboran en las labores agrícolas. En realidad es a través del trabajo como aprenden lo más importante para ganarse la vida. Los valores y las formas de comportamiento las aprenden en la iglesia dominical.

Los menonitas de México no constituyen un grupo homogéneo. Proceden de una de las ramas más conservadoras del menonitismo universal. Sin embargo, muchos de ellos consideran que sus escuelas son inadecuadas para la época y se están asimilando a los programas y lineamientos de la Secretaría de Educación Pública. Existen proyectos como el de la "Quinta Lupita", en Chihuahua, donde se les instruye en español y además aprenden alemán e inglés, y hoy en día muchos de ellos están enviando a sus jóvenes a proseguir estudios medios y superiores en escuelas oficiales, aun ante la oposición del clero más tradicionalista.

Actualmente, los menonitas han llegado a un punto en que la conservación de sus tradiciones amenaza su propia existencia material. Sin embargo, hay conflictos entre los que defienden sus costumbres ancestrales y los que promueven el progreso, y va a ser muy difícil para ellos construir un proyecto que integre el cambio y a la vez conserve la esencia de su cultura. Algunos ya se han separado de sus prácticas religiosas y se han ido integrando al resto de la población. Poseen viviendas confortables, conducen camionetas de modelo reciente, asisten a las universidades y a las discotecas y hasta participan en concursos de belleza (hace pocos años una joven menonita representó al estado de Chihuahua en el concurso Miss México). Otros se rebelan veladamente; a escondidas escuchan el radio, rentan cuartos de hotel en grupos para ver televisión, van al cine, fuman, se emborrachan, y acuden a cantinas y centros de prostitución, y otros más son conformistas y apáticos: se entregan al trabajo compulsivamente, manteniéndose ajenos a cualquier otra esfera de la vida. Al parecer, muchos de ellos abusan del consumo de tranquilizantes y otras drogas que no están proscritas por su religión.

La crisis económica y la prolongada sequía en el norte del país ha golpeado con particular severidad a los productores agropecuarios. Numerosos campesinos viven en la miseria y la desesperación. Los menonitas también sufren los embates de los tiempos que corren, y a pesar de que su forma de organización les ha permitido resistir más, las desigualdades económicas entre ellos se agrandan. Además, su población se duplica cada ocho años aproximadamente y las tensiones sociales se agudizan debido a las dificultades para establecer villas aledañas para las nuevas generaciones, y la falta de tierras no se compensa con un desarrollo tecnológico debido a las trabas religiosas y a su atraso educativo.

Si en el pasado los menonitas trajeron innovaciones importantes a la región, actualmente se están quedando rezagados. En el futuro próximo la disyuntiva para ellos no será entre la modernización y la conservación intacta de sus tradiciones, sino entre la adaptación al mundo contemporáneo y la supervivencia misma.

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