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Pascola: el viejo de la fiesta, Sinaloa

La danza de pascola puede considerarse como una manifestación artística emblemática de los grupos indígenas del Noroeste.

El término “pascola” no se refiere sólo a una danza, sino tambien a un conjunto de artes que incluye la música, la oratoria, la narrativa oral, la comedia y el trabajo de textiles y maderas. Todas estas disciplinas se condensan en el personaje del pascola, quien funge como danzante, anfitrión, orador y payaso ritual.

Las artes del pascola constituyen una de las manifestaciones más conspicuas en la ritualidad y la festividad de los grupos del noroeste mexicano. Tarahumaras, pápagos, pimas, tepehuanos del norte, seris, guarijíos, mayos y yaquis comparten esta tradición, por lo que la danza de pascola puede considerarse como una manifestación artística que es emblemática de los indígenas del noroeste, quizás especialmente de los grupos conocidos como cahitas (yaquis y mayos) y sus vecinos los guarijíos. De hecho, para estos pueblos la palabra pascola es sinónimo de fiesta (pahko significa “fiesta”, en las lenguas cahitas) y entre ellos se considera que no hay verdaderamente una fiesta si no se danza pascola.

El arte de los pascolas integra elementos de la tradición cultural cristiana y de la nativa americana, lo cual es notorio en la parafernalia que utilizan los danzantes, en la música que les acompaña y hasta en las funciones que cumplen. Acerca del origen de la palabra pascola hay una controversia: por un lado, están quienes afirman que deriva de “pascua”, en alusión directa a que la danza se ejecuta durante la Pascua de Resurrección, lo que implica que se habría desarrollado a partir de las enseñanzas de los misioneros católicos; y por otro lado, se sostiene que su origen es prehispánico; lo más probable es que el término derive de pahko‘ola, que en las lenguas cahitas significa el “viejo de la fiesta”. Esta designación habría pasado del cahita a las demás lenguas indígenas del noroeste y de allí al español.

LA PASCOLA ENTRE LOS CAHITAS

Entre las funciones más destacadas de los pascolas cahitas (término que designa a los yaquis y mayos modernos del sur de Sonora y el norte de Sinaloa) está la de hacer las veces de anfitriones (atienden a la gente, reparten cigarros, lanzan cohetes para anunciar el comienzo de la fiesta), maestros de ceremonias (pronuncian discursos para abrir y cerrar la celebración, interactúan con la gente) y comediantes (a través de sus juegos y bromas divierten a la concurrencia). El humor de los pascolas se basa en la utilización de palabras que adquieren significados eufemísticos o metafóricos para confundir y al mismo tiempo divertir a la gente, así como en una pantomima que hace patente su carácter un tanto bruto o animalesco, y en las bromas de tono subido que hacen referencia a cuestiones sexuales. Sus recursos humorísticos verbales aparecen en todas sus conversaciones y cuentos y en su actitud general, por lo que su intervención en las fiestas se convierte en bufonadas que el público festeja ruidosamente.

Pero además de este papel chusco, los pascolas atraen las bendiciones divinas por medio de sus danzas. Así, con sus humoradas y con su danza, los pascolas encarnan en su actuación el alma misma de la fiesta y constituyen un modelo cultural del arte de danzar y de la diversión.

En tiempos recientes, entre los yaquis y mayos se ha desarrollado una especie de profesionalización de algunos danzantes, quienes son muy reconocidos en sus regiones y actúan por contrato en las fiestas de diversas comunidades.

Pero el interés por las artes de pascola rebasa el ámbito relativamente pequeño del grupo de ejecutantes profesionales y se extiende a gran cantidad de gente, como los espectadores que acuden a las fiestas y los numerosos jóvenes, adultos y señores de edad madura que las practican informalmente. Así, la pascola se reconoce como un elemento importante de la identidad étnica.

En la mayoría de sus actuaciones los pascolas son acompañados por el danzante de Venado, con quien realizan una serie de actos coreográficos que describen algunos aspectos de las formas de vida que habitan el huya aniya, el mundo de la naturaleza, donde moran los poderosos seres sobrenaturales que otorgan a los danzantes la fuerza necesaria para desarrollar sus destrezas y habilidades en la danza y la actuación. Entre los seres de ese mundo que se asocian más comúnmente con los pascolas se encuentran la serpiente y el borrego cimarrón (al que llaman chivato, nombre que también se aplica a los pascolas).

En sus danzas los pascolas ejecutan coreografías que imitan los movimientos de animales, como toros, coyotes, chivos, serpientes, venados y aves. A pesar de que se cuenta con un esquema básico para los movimientos de los danzantes (cuerpo erecto, inclinado hacia adelante de la cintura para arriba y un fuerte golpeteo de los pies sobre el piso, brazos colgando con cierta rigidez a los lados del cuerpo), también hay una gran dosis de improvisación y variaciones personalizadas en la forma en que cada pascola realiza sus interpretaciones.

Los pascolas portan instrumentos con los que agregan sonidos rítmicos a sus danzas. Así, se ciñen un cinturón de cuero con cascabeles metálicos de varios tamaños (coyolim). Llevan el sistro (sena’aso), que es una sonaja de madera con pequeños discos metálicos (como pandero), la cual hacen sonar cuando bailan con el Venado o la sujetan al cinturón cuando bailan solos.

Uno de los elementos más característicos de los pascolas son las grandes sartas de capullos de mariposa rellenos de piedritas (tenaboim) cuyo sonido recuerda el del cascabel de las serpientes, animales culturalmente asociados con la lluvia y con los poderes de la fertilidad; el sonido de los tenaboim o tenábaris (como se les conoce en el español regional) constituye no sólo una aportación que muestra la habilidad musical y dancística de cada pascola, sino que además es un recurso que posibilita la comunicación ritual con el huya aniya, el mundo de lo sobrenatural y lo mágico.

Los pascolas cahitas complementan su ajuar con otros dos elementos distintivos. Por un lado, una máscara tallada en madera que simboliza al yo aniya, es decir, el espíritu del monte que ha sido su mentor en las artes de pascola; las figuras plasmadas en las máscaras combinan rasgos antropomorfos con zoomorfos; cuando bailan representando a un ser humano, la máscara se coloca sobre la nuca o sobre una oreja, dejando el rostro al descubierto; pero cuando imitan a los animales tapa la cara y se adopta la personalidad del ser que se está representando. El otro elemento distintivo es la “vela”, es decir, un mechón de pelo al que se sujeta una flor por medio de una cinta de color; este elemento sirve para destacar la relación del pascola con la flor (sewa), que simboliza las fuerzas bienhechoras y protectoras asociadas tanto a la Virgen María como a las fuerzas regeneradoras del huya aniya.

La música que acompaña a los pascolas constituye un género especial entre los indígenas del noroeste y revela el dualismo entre las influencias de las tradiciones eurocristiana e indoamericana, tanto en su instrumentación como en el ritmo de los sones. El arpa (que aporta bajos y base rítmica) y el violín (con la melodía a su cargo) acompañan al pascola con tonadas alegres cuando éste es el único actor en escena; la flauta de carrizo (melodía) y el tambor de doble parche (ritmo) lo hacen cuando los danzantes representan a las comparsas o adversarios del Venado, o cuando interpretan el papel de animales.

LA PASCOLA ENTRE LOS GUARIJÍOS

Entre los guarijíos del suroeste de Sonora, los pascolas son similares a los de los cahitas, en especial con sus vecinos, los mayos. Usan la misma simbología (máscaras, velas) y la misma instrumentación; su indumentaria, sin embargo, no es especial, pues se visten con ropas normales. Tampoco existe la asociación con el Venado, pues los guarijíos no bailan esta danza, aunque cuando tienen oportunidad contratan a danzantes mayos para que la ejecuten en alguna de sus fiestas comunales importantes.

En los tuburi (fiestas) los guarijíos casi siempre danzan pascola, pero quienes la ejecutan no son profesionales, sino personas que tienen gran reconocimiento como excelentes danzantes y buenos actores; cuando se invita a esta gente su pago consiste en bebida, cigarros y tal vez algo de la carne y la comida que se prepararon para la fiesta (lo mismo ocurre con los músicos). Los guarijíos conceden gran importancia a la participación de jóvenes y niños en la danza, incluso es posible ver que algunas mujeres se animen a bailar de una manera informal. En la fiesta llamada Cava Pizca los pascolas interpretan los “juegos”, es decir, una serie de pantomimas y actuaciones en las que dan vida a las criaturas del monte, los conflictos de los agricultores con los animales depredadores que intentan robar los cultivos y las peripecias de los vaqueros.

LA PASCOLA ENTRE LOS TARAHUMARAS

Entre los tarahumaras la pascola sólo se baila de manera ritual durante “la Gloria”, al finalizar las ceremonias de la Semana Santa. Con su actuación los pascolas contribuyen a la derrota de los fariseos, el bando de los enemigos de Onorúame-Cristo (Dios); con sus danzas distraen y atemorizan a los fariseos, lo cual ayuda a que sus adversarios, los soldados, los derroten. A pesar de desempeñar esta función de asistentes y aliados del bando de Dios en la contienda cosmogónica que se representa en la Semana Santa, los pascolas tarahumaras tienen un origen evidentemente precristiano. Así lo demuestran los aspectos coreográficos que sugieren una imitación o representación estilizada de los movimientos de algunos animales silvestres en la época de celo, como el hecho de que la danza también se realiza en ceremonias que no tienen un origen católico, como la “Raspa del jícuri” (o “Raspa del peyote”). En cualquier caso, al contrario de lo que sucede con los cahitas o los guarijíos, entre los tarahumaras pocas veces la danza de la pascola se considera una actividad ritual, aunque se baile con frecuencia en fiestas familiares de carácter informal.

LA PASCOLA ENTRE LOS SERIS

Los seris tienen una curiosa variante de la pascola. Entre ellos la ejecuta un danzante que se atavía con un traje de colores vivos (a veces con un manto a manera de faldilla) y collares, generalmente con una corona de madera que remata en una cruz. La mayor peculiaridad de la pascola seri es que el danzante baila sobre una tarima de madera que sirve como resonador de sus pisadas; algunos danzantes acostumbran apoyarse en un palo que les sirve como cayado. Por último, la música de la pascola seri consiste en la agitación de una sonaja de metal y el canto de un hombre que se sienta enfrente del danzante para acompañarlo (parece que antes se usaba también un violín monocorde, pero ahora es rara la inclusión de este instrumento).

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