Continúa en este momento la tradición de las figurillas elaboradas con técnicas delicadas.
De estas figurillas tenemos tanto piezas de cuerpos aplanados, cuya decoración se lograba utilizando pintura roja o negra de chapopote, como figuritas esbeltas hechas de barro cremoso, con la cintura estrecha, las piernas abultadas, deformación craneana y una elegante desnudez.
Durante el apogeo de la época Clásica existieron numerosos centros ceremoniales. Las estructuras se construyeron siguiendo un patrón circular o rectangular con esquinas redondeadas, las cuales van revestidas de estuco; en ocasiones se hace presente una cornisa inclinada hacia afuera.
Estos centros ceremoniales, de los cuales Tamtzan, en Tamaulipas, es uno de los ejemplos mejor definidos, se construyeron en torno a una gran pieza, alrededor de la cual se levantan los montículos y plataformas revestidas de piedra. En Huaxcamá, San Luis Potosí, además de la combinación de basamentos piramidales de planta circular y rectangular, nos encontramos con la presencia de revestimientos de estuco e incluso restos de pinturas al fresco.
Durante esta época Clásica surge en la región huasteca la tradición escultórica que conforma un estilo que continuará hasta la época Posclásica. En él utilizaban especialmente la suave roca arenisca o caliza.
Hay numerosas imágenes en las que reconocemos figuras humanas, hombres y mujeres con sus característicos ropajes y tocados que iban asociados al culto de las diversas deidades; vemos hombres desnudos que lucen orgullosos el pene erecto, clara evidencia del culto fálico tan difundido en este pueblo y que los distinguía de los demás grupos mesoamericanos. Estas esculturas se ubicaban al frente de los basamentos o encima de los mismos.
La época Posclásica en la región huasteca se define por la presencia de elementos de cultura tolteca que proyectó su influencia en muchas áreas de Mesoamérica y se manifiesta entre otras cosas en figuras de arcilla muy aplanadas que representan guerreros y deidades. No obstante, esa supuesta presencia, casi toda la cerámica huasteca responde a desarrollos locales.
En su propia evolución, los huastecos fueron cambiando las diversas tradiciones cerámicas que les eran características y el llamado Pánuco IV se nos presenta como un complejo alfarero muy uniforme en el que están presentes los tipos Zaquil negro y Zaquil rojo. La fecha que se ha dado para esta fase es del 700 al 1000 d.C., y se considera que es entonces cuando hubo semejanzas evidentes con las cerámicas de El Tajín. No obstante la supuesta presen cía tolteca, es indudable que casi todas las expresiones culturales de los huastecos expresadas en cerámica son fundamentalmente desarrollos locales.
Correspondiente a esta fase IV de acuerdo con el arqueólogo Wilfrido Du Solier, -su descubridor- es el sitio de El Consuelo en Tamuín, donde el elemento más destacado lo constituye un extraordinario mural pintado en un curioso altar.
El Consuelo de Tamuín se ubica a las orillas del río del mismo nombre y su extensión ocupa varios kilómetros, en los que sus constructores —tal vez huastecos nahuatizados o migrantes nahuas— ubicaron multitud de montículos alrededor de plazas. La zona que se excavó corresponde a una parte de la plataforma sur del conjunto, donde los arqueólogos delimitaron una plataforma o basamento de poca altura con su fachada dirigida hacia el oriente; de las escalinatas de esta estructura se desprendía otra plataforma alargada y angosta que unía a esta primera estructura con un altar en forma de cono truncado.
Como mencionamos antes, lo extraordinario del mural es que cubre y decora este elemento alargado y el altar cónico. Du Solier fechó el descubrimiento en un periodo que comprende del siglo IX al X d.C.; en cuanto al mural, fue trabajado sobre un aplanado de estuco y en él se identificaron doce personajes en procesión delineados mediante el uso del rojo y el negro sobre el fondo natural del aplanado. Se considera que algunas imágenes de deidades y guerreros del mural muestran elementos iconográficos que los relacionan con Quetzalcóatl, Tlazolteotl, Xolotl y otras deidades mesoamericanas. Debido a que no se conservó ningún manuscrito pictográfico de este pueblo, este impresionante mural podemos considerarlo, sin duda, como la muestra mejor acabada de lo que debió haber sido el arte de los pintores indígenas.
La fase cerámica que corresponde a Pánuco V se ha fechado entre los años 1000 y 1250 d.C. En ella tenemos los tipos denominados flores rojo sobre café amarillento y los molcajetes tipo las flores, además de las vajillas Pánuco lila o púrpura sobre café. También está el llamado Tancol policromo; las formas más comunes consisten en cajetes o recipientes que presentan la decoración exterior.
Al igual que nos hemos referido a las expresiones cerámicas que han definido las fases anteriores, debemos indicar al lector que en este complejo universo de la cerámica utilizada por los pueblos del pasado hay expresiones locales en las que cambia la moda en las técnicas decorativas o se introducen nuevas formas que son a su vez expresiones de cambios en la ideología y en el ritual.
La época final de la cultura huasteca autóctona se denomina Pánuco IV y es indudablemente contemporánea de la cultura azteca o mexica. Es entonces cuando los huastecos definen de manera más profunda su producción alfarero. La vajilla fundamental del momento se caracteriza porque la decoración se logra aplicando el color negro sobre la pasta blanca, siendo esta tradición artística el antecedente de la moderna cerámica huasteca; además, tenemos otra vajilla que fue muy popular en ese tiempo, llamada Tancol café sobre amarillo.
Los conquistadores españoles solicitaron a los indígenas vencidos en Tenochtitlán informes acerca de los otros pueblos para así facilitar su dominio; de los huastecos se les dijo que vivían en un lugar de mucho calor y donde había abundancia de comida y fruta, además de variedades de algodón y árboles con flores. Por todo ello, los aztecas explicaron a los europeos que a Huastecapan se le llamaba también Tonacatlalpan, lugar de comida o bastimentos, y Suchitlalpan, tierra de flores.






