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Presencia teotihuacana en Mesoamérica

Por: Eduardo Matos Moctezuma

Es natural que un Estado como el teotihuacano dejase huella profunda en otras regiones de Mesoamérica.

Ya sea porque estaban directamente bajo su control, ya porque sus nexos comerciales la obligaban a tener enclaves en otras regiones, la verdad es que durante el horizonte Clásico la presencia de Teotihuacan fue determinante para otros pueblos contemporáneos de la gran urbe.

En relación con el Altiplano Central diremos que hubo regiones que por su riqueza en determinados productos fueron siempre codiciadas. La región del actual estado de Hidalgo fue una de ellas. Ya hemos referido que grandes yacimientos de obsidiana se encontraban en Otumba y en la Sierra de las Navajas, cercana a Pachuca. La importancia de controlar estas minas salta a la vista: con ese vidrio se hacía gran cantidad de objetos, tanto suntuarios como de culto y utili­tarios. Las rutas para el intercambio de este producto lleva­ban a otras regio­nes mesoame­ricanas. Ya que hablamos de rutas, hay una muy de­fi­ni­da que atraviesa por sitios teotihuacanos como Tepeapulco y Huapalcalco, Hidalgo, para llegar hacia el norte de la región totonaca en la Costa del Golfo. Pero si la obsidiana era importante, igualmente lo era tener el control inmediato de los ya­ci­mien­tos de calizas localizados cerca de Tula. Allí se han encontrado lugares como Chingú y el sitio 83, asen­ta­mientos teotihuacanos que probablemente jugaban un papel relevante en el control del área y, por ende, de las calizas. La enorme producción de cal que requería la ciudad hacía de este material algo tan importante que no es de dudar que el Estado teoti­hua­cano hiciera lo necesario para no depender de la buena voluntad de otros pueblos para su obtención, sino que ésta debió de estar bajo su control directo.

Otra región que posiblemente estuvo bajo control directo de la metrópoli formaba parte del actual estado de Guerrero. Su importancia radica en la abundancia de piedras verdes, de cuyo valor simbólico ya nos enteramos y que servían para ornamentos y otros fines. Dentro de los estilos propios de esta región tenemos la presencia de máscaras teotihuacanoides de indudable influencia del centro de México.

En el valle poblano-tlaxcalteca se levanta la ciudad sagrada de Cholu­la, que tuvo sus inicios y su desarrollo al mismo tiempo que Teotihuacan. Cholula ocupaba un lugar estratégico, pues era paso obligado hacia la región oaxaqueña y hacia la Costa del Golfo. En ella se han encontrado diversos materiales y una arqui­tec­tura parecida a la de Teotihuacan, si bien va a continuar su evolución después de la caída de la ciudad de los dioses. Al momento del apogeo de ambas ciudades sus áreas inmediatas sufren una rura­li­za­ción que en mucho se explica por la concentración de la población en las dos grandes urbes.

En la región de Veracruz hay un asentamiento que reviste singular importancia, ya que se han encontrado elementos que hacen pensar que allí hubo un enclave teotihuacano, aunque no falta quien ponga en duda tal observación. Se trata de Matacapan, que ocupa una posición importante y que pudo ser paso hacia otras regiones costeras. Entre los rasgos teotihuacanos presentes encontramos arquitectura con talud y tablero; áreas residenciales con cuartos y corredores alrededor de patios; la orientación de los muros tiene diferencia de un grado en comparación con la de Teotihuacan; entierros fle­xio­na­dos debajo de los pisos y cerámicas de diferente tipo semejantes a las de la urbe.

Una ciudad que comenzó su crecimiento aún antes que Teotihuacan y que llegó a tener relación con ella fue Monte Albán. La ciudad zapoteca tiene presencia teotihua­cana a la vez que en Teotihuacan hay resabios de presencia zapoteca en el barrio oaxaqueño. Después de Teotihuacan, Monte Albán fue, junto con Cho­lula, una de las ciudades más pobladas de la antigua Me­soamérica durante el Clásico temprano.

La influencia de Teotihuacan se dejó sentir también en el Occidente de México. Así, en la arquitectura de Ixtépete vemos el orden típico teotihuacano del talud y tablero, si bien con características muy propias. Otras evidencias que se han encontrado en esta región también nos hablan de la expansión de la urbe hacia allá.

La región maya muestra presencia teotihuacana en sitios como Acan­ceh (Yu­ca­tán), y Tikal y Uaxac­tún (Guatemala), por citar sólo algunos, siendo los más relevantes Kaminaljuyú, en Guatemala, y Copán, en Honduras. En el primero hay arqui­tectura similar a la de Teotihuacan, además de figuras en piedra en las que vemos un sinnúmero de rasgos teotihuacanos. La relación entre los dos centros es evidente y se piensa que las Tierras Bajas mayas pudieron abastecerse de la obsidiana verde de Pachuca, vía Kaminaljuyú. El caso de Copán es un tanto diferente. Según las últimas investigaciones, al parecer un personaje traído de Teotihua­can se asienta y gobierna en Copán y allí es enterrado, en tanto que otros piensan que se trata de un dirigente maya de otra ciudad, pero con fuerte influencia de la cultura teotihuacana, que va a gobernar Copán.

El vistazo general que hemos dado de la presencia de Teotihuacan en otras regiones de Mesoamérica es sumamente relevante, pues nos indica que de hecho todas las regiones mesoamericanas estaban comunicadas entre sí. Qué tipo de relación se daba entre ellas y Teotihuacan es cosa que aún debe investigarse con mayor profundidad. Lo que sí parece incuestionable es que había regiones que por poseer materias primas de vital importancia para la metrópoli debieron estar bajo su control directo, como ya se dijo. Entre ellas se hallaban los yacimientos de obsidiana y los de calizas, ambos en Hidalgo. Los sitios teotihuacanos localizados allí debieron tener una presencia significativa en relación con este control.

Los nexos con las demás regiones pudieron ser de otro tipo, como son los casos de Cholula y Monte Albán, donde la mutua presencia pareciera indicar que no hubo una relación de sojuz­ga­miento. El intercambio comercial pudo cobrar aquí mayor importancia. En cuanto a la región maya, la presencia teotihuacana pudo revestir varios aspectos; en el caso de Copán, se resalta que Teotihuacan tuvo un gran ascendiente sobre los pueblos contemporáneos. No olvidemos que la influencia de Teotihuacan se halla patente, de una u otra manera, en muchas de las poblaciones contemporáneas, así como en culturas posteriores a su abandono. No pocos investigadores piensan que habría que revisar nuevamente el papel que desempeñó Teotihuacan en Mesoamérica y su impacto en las sociedades que más tarde florecieron en el centro de México.

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