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Querétaro, una ciudad señorial

Por: Gerardo Vega

La ciudad de Querétaro, fundada el 15 de julio de 1532, fue considerada la tercera en importancia de la Nueva España gracias a su estratégica ubicación geográfica, situación que le permitía desempeñarse como centro de suministro de las grandes instalaciones mineras de su alrededor.

Ciudad desarrollada bajo una fuerte presencia indígena, se fundió en un arte peculiar e interpretó a su manera las influencias del conquistador, en especial las provenientes del sur de España, donde la arquitectura mudéjar había dejado una profunda enseñanza.

Querétaro alcanzó su esplendor en el siglo XVIII, cuando se asentaron en la entidad dieciocho órdenes religiosas que edificaron este gran conjunto arquitectónico que hoy podemos admirar y que la llevaron a ser declarada en 1996 patrimonio cultural de la humanidad por la unesco.

Es obligado el recorrido por el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro, desde el Sangremal hasta el templo de Santa Rosa de Viterbo, y desde su Alameda hasta el barrio de la Otra Banda, donde el entorno proveniente del pasado convive con una de las ciudades más pujantes del país. No pueden faltar en este recorrido los siguientes monumentos: el Acueducto, magna obra de la arquitectura civil que permitió transportar el agua de los manantiales al oriente de la ciudad y con ello consolidar el sano desarrollo de la urbe durante el siglo XVIII, iniciado en 1723 por el Marqués de la Villa del Villar del Águila; sus 72 arcos de mampostería, el mayor de ellos con una altura de 23 m, y claros de 13 m, conducían el agua hasta un sistema de fuentes públicas que aún se conservan, como la del León, en el convento franciscano de la Santa Cruz, enclavado en la parte más alta de la ciudad y punto final del Acueducto. Entre estas fuentes destaca por su calidad la de Neptuno, en el atrio del templo de Santa Clara (Madero y Allende); su escultura (una réplica, el original se encuentra en el Palacio Municipal) se dice que fue la de un Cristo que se transformó en Neptuno, de donde toma su nombre. Vale la pena visitar la fuente de los Ahorcados en la avenida Zaragoza, la de Santo Domingo y la Fuente a Hebe en el Jardín Benito Zenea.

Entre la arquitectura civil sobresale el edificio de las Casas Reales, ubicado en la plaza de armas, actual Palacio de Gobierno, lugar desde donde la corregidora, doña Josefa Ortiz de Domínguez, da el aviso para que se inicie el movimiento de independencia. En esta misma plaza se localiza la Casa de Ecala, en el lado poniente, con una magnífica fachada de cantera bellamente labrada. La fuente de los Perros es llamada así por sus surtidores con cuatro perros, los cuales enmarcan la columna que sostiene la efigie del benefactor de Querétaro, el Marqués de la Villa del Villar del Águila. Bajando por la antigua calle del Biombo (hoy Andador 5 de Mayo) encontramos la casa de los Conde de Regla o Casa de los Cinco Patios, con su magnífico patio de arcos “polilobulados” y un notable trabajo en la clave del arco que enmarca el pórtico de acceso, al igual que el espléndido barandal, trabajo de manufactura francesa probablemente del siglo XIX. También encontramos la Casa de la Marquesa, ejemplo de arquitectura “mudéjar” profusamente decorada, hoy convertida en hotel; son admirables su portón y sus arcos falsos que enmarcan el patio.

Querétaro destaca por sus plazas, calles y casonas, de ahí que se sugiere recorrer su sistema de plazas, donde se sitúa la mayoría de estos edificios. Las plazas se conectan por medio de bellas calles adoquinadas (adoquines de dura cantera de la cañada, labrados a mano, que le dan un carácter especial a casi todas las calles del Centro Histórico) antiguamente empedradas y modificados sus pavimentos en la segunda mitad del siglo que fenece.

De una época más reciente está la Casa Mota, de un austero estilo ecléctico, en la calle de Madero, frente a Santa Clara –que luce una fachada de elaborados almohadillados–. El Palacio Municipal, cuya fachada también corresponde al estilo ecléctico, aunque su estructura interna pertenece a una época anterior, hoy está magníficamente restaurado y es sede del Gobierno Municipal; se localiza en el lado sur de la antigua huerta del convento de Santa Clara –convertida ahora en el Jardín Guerrero–, y está flanqueado por laureles de la India regularmente recortados, lo que constituye una característica constante de las plazas del Bajío mexicano.

En cuanto a la arquitectura religiosa, no se puede dejar de visitar el templo y convento de Santa Rosa de Viterbo, sin duda alguna el edificio más representativo de un barroco exuberante profusamente decorado, donde se ha rescatado la pintura original de sus fachadas, pórtico, torre, cúpula e interiores. Son innumerables los elementos que causan la admiración de todos: sus arcos botoreles invertidos –proeza sin par del arquitecto Mariano de las Casas–, sus retablos barrocos, el órgano del coro bajo –de origen alemán–, su sacristía, donde destaca su mesa de ornamentos y las tallas de Cristo y los apóstoles de tamaño natural; su claustro es hoy recinto de la escuela de artes gráficas. El templo y convento de San Agustín, edificio terminado en la primera mitad del siglo XVIII, hoy convertido en Museo de Arte, es un ejemplo notable de la habilidad de los canteros queretanos; su claustro, ejemplo del “ultrabarroco”, es un trabajo incomparable por la profusión de sus tallas.

El convento y templo de Santa Clara posee magníficos altares barrocos de madera dorada; destaca en esta obra su trabajo de herrería tanto del coro bajo como de la tribuna en la parte superior; la profusión de su decorado es un claro ejemplo de la belleza alcanzada en la decoración barroca, su riqueza de formas hace de sus altares, junto con los de Santa Rosa de Viterbo, los trabajos más característicos del esplendor del siglo de oro queretano.

¿Qué quiere decir querétaro?

Existen dos versiones: una, que la palabra proviene del tarasco queretaparazicuyo, que significa “juego de pelota”, y que abreviado quedó en Querétaro; y la otra, de querenda, que en la misma lengua significa “piedra grande o peña”, o queréndaro: “lugar de grandes piedras o peñascos”.

Dos veces capital

La ciudad de Querétaro ha sido dos veces la capital de la República Mexicana: la primera en 1848, siendo presidente Manuel de la Peña y Peña, y la segunda en 1916, cuando Venustiano Carranza ocupó la ciudad.

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