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Quetzalcóatl en la historia y en la leyenda

  • Quetzalcóatl en la historia y en la leyenda
  • Segunda parte, Quetzalcoatl en la historia
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Por: Eduardo Matos Moctezuma

Quetzalcóatl es quizá el dios más nombrado del panteón prehispánico. Sin embargo, es necesario ver el doble carácter que lo acompaña: ser hombre y ser dios.

Es sabido que cuando algún dirigente o un héroe cultural juegan un papel destacado dentro de la sociedad a la que pertenecen, a su muerte se les deifica. Ejemplos de esto hay muchos en diversos pueblos del mundo. En el caso de Mesoamérica es indispensable separar lo que corresponde a la historia y lo que se convierte en leyenda. Quetzalcóatl es una de estas figuras.

En primer lugar debemos decir que no toda serpiente emplumada es, necesariamente, Quetzalcóatl. Baste recordar el llamado Templo de Quetzalcóatl o de la Serpiente Emplumada en Teotihuacan; el edificio de la Serpiente Emplumada en Xochicalco y la imagen del ofidio en el mural de Cacaxtla.

En todas ellas se ve a la serpiente adornada con grandes plumas de quetzal. En el caso de Teotihuacan estamos de acuerdo con la interpretación que se ha dado en el sentido de que representa la unión del agua de lluvia con el agua terrestre (ríos, manantiales, aguas subterráneas); además, guarda relación con el poder de los gobernantes.

En cambio, entre los mexicas o aztecas los atributos y características del dios van a transformarse, relacionándose más con el viento, por lo que porta la máscara bucal que asemeja un pico de pato. Su templo es circular, a diferencia de los antes mencionados, que tienen planta cuadrada o rectangular. Veamos, pues, quién es este personaje y su importancia en la historia del centro de México.

Relatan antiguas crónicas la historia de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl. Así, en los Anales de Cuauhtitlan leemos lo siguiente acerca del personaje:

Año 1 Caña. En él, según se dice, se refiere, nació Quetzalcóatl, el que fue llamado nuestro príncipe, el sacerdote 1 Caña Quetzalcóatl. Y se dice que su madre fue la llamada Chimalman. Y así se refiere cómo se colocó Quetzalcóatl en el seno de su madre: ésta se tragó una piedra preciosa.

Después de permanecer cuatro años en Tulancingo, lo fueron a traer para que gobernara en Tula. Ahí Quetzalcóatl construyó sus casas y hacía penitencia. Como sacerdote, invocaba a las deidades, a la dualidad suprema que ocupa el escaño más alto de los nueve cielos. Vivía en retiro y abstinencia y sacrificaba aves, mariposas y serpientes. A él se atribuye el conocimiento de muchas cosas.

En otra parte de los Anales leemos:

Y en su tiempo descubrió él además muy grandes riquezas, jades, turquesas genuinas, el metal precioso, amarillo y blanco, el coral y los caracoles, las plumas de quetzal y del ave turquesa, las de las aves rojas y amarillas, las de tzinitzan y del ayocuan. También descubrió él toda suerte de cacao, toda suerte de algodón. Muy grande artista era el tolteca en todas sus creaciones...

Tanto en los Anales como en la Historia general de las cosas de Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún, vemos cómo se empezó a conspirar en contra de Quetzalcóatl. Un hechicero de nombre Tezcatlipoca, según la primera versión, le muestra un espejo, y al ver su rostro con grandes ojeras y los ojos hundidos, Quetzalcóatl, apesadumbrado, exclama: “Si me ven las gentes del pueblo mío ¿no habrán de correr?”

Las crónicas coinciden en la llegada de otros hechiceros que lo invitan a tomar una bebida fermentada. Quetzalcóatl se alegra y ya borracho pide que traigan a su hermana Quetzalpétatl, que hacía penitencia en el cerro de los nonohualcas. Juntos se embriagan y yacen juntos.

Cuando Quetzalcóatl recobra la conciencia llora y emprende la marcha hacia el oriente, en busca de la tierra roja y negra, el Tlillan Tlapallan, en donde se incinera.

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