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Ranas y sapos mexicanos

Por: Adrián Quijada

Uno de nuestros expertos te presenta un acercamiento a estos anfibios, tradicionalmente asociados con la fealdad, pero que en realidad constituyen dos de las especies más asombrosas de la naturaleza.

El sofocante aire vespertino y la cercanía de relámpagos y truenos son claros vaticinios de celebración nocturna en una zona típica del norte de México. Conforme la oscuridad se aproxima y caen las primeras gotas, nuestro olfato lo confirma: el desierto huele a lluvia. Pero el “licor del cielo” no es suficiente para disfrutar la fiesta; hace falta música, y la orquesta deja su estado latente y emerge de la tierra conforme se incrementa la fuerza pluvial. Al cabo de unos minutos de precipitación, la estridente sinfonía se hace presente en forma de cientos de cláxones vivos que provienen de las múltiples charcas donde se desarrolla la bacanal reproductiva, que es el fin último de la fiesta.

Ranas y sapos son los protagonistas de esta explosión de erotismo; tradicionalmente asociados con la fealdad son, sin embargo, algunos de los seres más interesantes y variados de nuestro entorno en cuanto a formas, colores, sonidos y comportamiento. Las ranas y sapos, junto con las salamandras y los cecílidos, conforman la clase de los anfibios, caracterizados por vivir alternativamente en el agua y la tierra al menos una vez en sus vidas. Cierta fase de su ciclo vital la realizan en un medio acuoso y posteriormente invaden el terrestre.

Cerca de 3,500 especies de sapos y ranas ocupan diferentes hábitats que van desde desiertos, pastizales y altas montañas hasta bosques tropicales lluviosos. Más del 80% se encuentra en las áreas tropicales y subtropicales y algunas han logrado colonizar las zonas templadas. En México existen alrededor de 195 variantes, las cuales representan el 5.5% del total mundial y 53% son endémicas (exclusivas) del país. Se agrupan en 9 familias y 28 géneros, con una amplia distribución nacional; incluso existen en islas oceánicas del Pacífico mexicano.

Su principal rasgo distintivo es la ausencia de cola en el estado adulto, lo cual obedece a su estilo de vida saltarín, que se complicaría con la existencia de ésta. Las ranas que viven principalmente en el agua tienden a tener cuerpos delgados y alargados, cabezas alargadas y patas traseras extremadamente largas. Esto les confiere un cuerpo hidrodinámico ideal para la natación y el salto. En tierra tienden a ser muy tímidas y, cuando son molestadas, saltan inmediatamente al agua y se alejan.

Los sapos, en cambio están mejor adaptados a la condición terrestre; presentan pieles gruesas y verrugosas con patas cortas en comparación con las de aquéllas. Algunas familias de ranas son arborícolas y poseen cuerpos aplanados para resistir y mantener el balance en las superficies planas de hojas y troncos de árboles. Están provistas de una piel ventral muy estirada que puede ser presionada fuertemente contra cualquier superficie. Muchas de éstas presentan en sus patas grandes membranas pegajosas que les sirven de forma parecida que la superficie ventral. Varias especies tienen huesos extra o cartílagos en sus dedos, los cuales les permiten agarrarse de tallos y ramas muy delgadas, y las terminaciones están expandidas como discos circulares adhesivos, para subir y mantenerse sobre superficies verticales extremadamente lisas.

Pese a que la morfología de ranas y sapos es muy parecida como consecuencia de estar diseñada para el salto, existe una gran variedad de formas que responden a necesidades específicas de su entorno, como es evitar a sus principales depredadores valiéndose del camuflaje. Otras estructuras obedecen a requerimientos distintos: algunas que viven en regiones estacionales secas de México combinan su inusual anatomía con una conducta tendiente a evitar la pérdida corporal de agua. La rana pico de pato Tripion petasatus y la crestada Anatheca spinosa poseen cabezas ornamentadas con proyecciones, protuberancias, una piel muy adherida al cráneo y pocos vasos sanguíneos en comparación con el resto del cuerpo.

Durante la época más seca del año excavan en el suelo o buscan orificios en los árboles; al introducirse usan sus cabezas como tapones de la abertura, mientras mantienen el resto del cuerpo dentro del agujero, para evitar así la pérdida excesiva de agua e intercambiar calor a través de la cabeza, adaptación conocida como fragmosis. La coloración es muy variada y con frecuencia resulta realmente vistosa. A veces se combinan de tal forma con el entorno que es difícil distinguir un sapo café de un sustrato lodoso, o una rana arborícola verde de un ambiente constituido por hojas; la Agalycnnio callidryas, por ejemplo, sólo se hace evidente una vez que abre sus espectaculares ojos rojos, característicos de esta especie. Sus colores tienen una función defensiva; usualmente rojo, amarillo, naranja o azul, en ocasiones con barras negras o patrones moteados y se encuentran por lo general en las axilas de las patas traseras, por lo que pasan inadvertidas cuando se encuentran descansando. Cuando el animal se mueve, tales colores son expuestos y contrastan mucho con el resto del cuerpo, pero al volver al reposo dejan de ser visibles. Esos cambios bruscos desconociertan a sus atacantes potenciales, principalmente las aves depredadoras.

Tanto unas como otros se dejan ver sobre todo durante la época reproductiva. Es común observarlos en colonias compuestas por cientos o miles de individuos, donde los machos producen un ruido estridente. Estos coros constituyen un fenómeno biológico impresionante ya que pueden ser escuchados a kilómetros de distancia. Las agregaciones formadas rara vez están integradas por una sola especie; cuando se sincronizan los cantos de todas ellas, el sonido llega a límites ensordecedores en las inmediaciones del cuerpo de agua. La principal función de su vocalización es atraer y estimular a las hembras, así como advertir a machos adversarios; usualmente “cantan” alrededor del lugar donde los huevos serán depositados y fertilizados. De entre los cientos o miles de cantos provenientes de distintos machos de diferentes variantes, una hembra es capaz de localizar un macho atractivo de su propia especie. Al acercarse la hembra al agua, el macho elegido la monta y abraza, manteniéndose ambos en esa posición hasta la fertilización de los huevos, lo cual puede llevar toda la noche. El abrazo durante el apareamiento se denomina amplexus.

El croar de los machos es generado por vibraciones de las cuerdas vocales localizadas en la laringe. El sonido se produce cuando el animal exhala un considerable volumen de aire, pero en algunos se origina durante la inhalación. Cuando un sapo o rana croa, infla uno o dos sacos vocales, los cuales pueden expandirse hasta casi la mitad del volumen total del animal. El saco vocal no amplifica el sonido producido por las cuerdas; más bien lo acopla con el aire circundante, como ocurre con la caja de resonancia de un piano. El saco también puede modificar el espectro de frecuencia de los cantos de manera armónica, esto es, con componentes de frecuencia múltiple donde se enfatizan unos y se filtran otros. La variación de estas características produce un rango muy amplio de sonidos distintivos que con un poco de práctica permiten la identificación de las especies, aun entre grandes conglomerados.

Durante la estación lluviosa, las migraciones de sapos y ranas hacia las áreas reproductivas están altamente sincronizadas y pueden involucrar a un gran número. Esto es más notorio en las zonas áridas, donde no hay condiciones adecuadas para la reproducción. Es común observarlos en las carreteras del norte de México, desplazándose en busca de charcas donde aparearse. Desafortunadamente, una gran proporción no logra su propósito y mueren arrollados por los automóviles. Algunas especies que se reproducen en charcas permanentes muestran una fidelidad al sitio muy marcada: regresan exactamente allí cada año. Incluso individuos transportados a otros lugares vuelven a la misma charca donde se reprodujeron por primera vez. Para reconocerla utilizan señales como el olor, gradientes de humedad, puntos de referencia en la tierra, la posición de los cuerpos celestes, campos magnéticos y, además, los cantos de otras ranas.

Generalmente, las masas de huevecillos son depositados en las charcas formadas durante la lluvia; los de hábitos arborícolas lo hacen en huecos de troncos donde se ha acumulado líquido. La hembra de Agalychnio callidryas las coloca sobre hojas de árboles cercanos a un cuerpo de agua, donde permanecen unidos y adheridos gracias a la sustancia gelatinosa que los envuelve. Para mantener húmedos los huevecillos, la hembra los moja con el líquido que contiene en su vejiga, la cual recarga continuamente al bajar al estanque más cercano, usualmente acompañada del macho que la fertilizó. Ambos anfibios desempeñan un papel muy importante en las interacciones alimentarias de muchos ecosistemas. No sólo son depredadores importantes de insectos y ciertos vertebrados, sino que a su vez constituyen una fuente de alimentación indispensable para reptiles, aves y mamíferos. Las ranas y sapos de México requieren más estudio. La ciencia sigue descubriendo nuevas variedades y de las ya conocidas se sabe todavía muy poco.

Muchos de estos animales son ampliamente usados en la alimentación, la enseñanza y la investigación. Los estudios de su anatomía y fisiología han contribuido enormemente a nuestro entendimiento de la evolución de los vertebrados. Experimentos realizados han arrojado luz en cuanto al trasplante de órganos y han sido usados en pruebas de embarazo en mujeres. También se han desarrollado técnicas para extraer los alcaloides contenidos en las secreciones tóxicas de las pieles de especies venenosas, con propósitos terapéuticos. No obstante los beneficios que el hombre ha obtenido del estudio de los anfibios, el efecto de la actividad humana ha sido negativo para estos animales. En México, la devastación de amplias áreas naturales junto con la contaminación de ríos y lagunas han puesto en serio riesgos estas poblaciones; cabe destacar que 90 especies de sapos y ranas están consideradas como amenazadas o en peligro de extinción, y poco se sabe del estado que guardan el resto de las que habitan en nuestro territorio. Solamente concientizar a los hombres acerca de la importancia de estos animales en nuestro entorno permitirá aminorar las consecuencias nocivas de su posible desaparición: sería catastrófico contemplar un día la festividad de la lluvia de verano silenciosamente, porque los músicos ya no tocan más en la orquesta.

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