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Ruta del Estado de México a Guadalajara

Por: Claudia S

Aún no era mediodía cuando iniciamos una ruta que sabíamos larga pero excitante, ya que el camino sobre ruedas desde el Estado de México hasta Guadalajara, pasando por Morelia, entre otros interesantes sitios, estaría llena de agradables sorpresas panorámicas, culinarias y artesanales.

Con todo listo para un placentero viaje de varios días por carretera, salimos muy temprano de Ciudad México rumbo a Morelia para detener- nos primero por un vasito de las famosísimas fresas del km 23 en la autopista México-La Marquesa, y más adelante en la cabaña La Fogata por una sopa mixteca –combinación de médula, hongos y flor de calabaza que no tiene comparación-, acompañada de un humeante champurrado en el corredor gastronómico de La Marquesa.

MAGIA DE BARRO EN METEPEC

Por un camino delineado de pinos llegamos a Metepec, donde nos maravillamos de la cantidad y calidad de objetos de barro que producen los artesanos y se exhiben a lo largo de la calle Ignacio Comonfort. Por aquí llegamos a un taller habitado por ángeles, santos, catrinas y fantásticas creaciones entre las que sobresa-len los árboles de la vida y donde el señor Saúl Ortega, artesano con la experiencia de cinco generaciones, nos contó que aunque no es muy claro el origen de esta particular artesanía en la que se representa el paraíso con todos sus personajes y la expulsión de Eva y Adán, es en Metepec donde se ha trabajado por siempre.

MINA DOS ESTRELLAS, BONANZA DEL AYER

Antes de llegar al Oro encontramos a la derecha de la carretera la presa del Mortero, espejo de agua rodeado de árboles llorones y ganado pastando a la orilla. Ya en Michoacán, en los territorios de la mariposa Monarca, hallamos un señalamiento hacia la mina-museo Dos Estrellas, declarada Museo Tecnológico Minero del siglo XIX y que formara parte de las cinco grandes bonanzas mineras que durante 450 años dieron fama a la región de Tlalpujahua. Durante su auge, de 1905 a 1913, llegó a producir 450 mil kg de oro y 400 mil kg de plata, actividad en la que estuvieron involucrados alrededor de cinco mil trabajadores.

DE TLALNEPANTLA A CUITZEO

Enseguida llegamos a Tlalpujahua, antiguo pueblo minero cuyas calles empedradas y techos de tejas rojas serpentean en todas direcciones. En medio se levanta la Parroquia de San Pedro y San Pablo, con fachada de cantera y estilo barroco, que destaca por su monumentalidad y también por la decoración de yesería del interior, de un estilo popular.

Continuamos rumbo a Morelia y al llegar al km 199 nos asombra la repentina aparición de la laguna de Cuitzeo, la cual atraviesa un larguísimo puente de cuatro km que conduce hasta la población del mismo nombre, que por su tradicional arquitectura de viejos portones y vigas de madera que sostienen los altos techos de tejas, forma parte de un conjunto de encantadores poblados.

UNA PROBADITA DE MORELIA

En tan sólo 15 minutos arribamos a la bellísima ciudad de Morelia. Ya a la mañana siguiente y con un característico aire fresco y húmedo nos dirigimos a la Casa de las Artesanías no sin antes detenernos a contemplar la bellísima catedral de 1660, de estilo barroco en la fachada, neoclásico en el interior y altísimas torres de más de 60 m de altura. Ya dentro, en el antes convento de San Francisco, realizamos un viaje a la imaginería popular de todo Michoacán. Aquí se exhibe una completísima variedad artesanal de los más bellos trabajos realizados en madera, cobre, textiles y barro, por mencionar algunos. Recorrimos Paracho y sus guitarras, Santa Clara del Cobre y sus trabajos de este material, Pátzcuaro y su madera tallada, además de la cerámica de Capula y el maque de Uruapan.

Más tarde fuimos por los dulces de La Calle Real, establecimiento ambientado al estilo del periodo porfiriano y atendido por mujeres que visten trajes de la época, de modo que realizamos un azucarado viaje por la historia del dulce mexicano desde tiempos prehispánicos a la actualidad. Aquí Josefina nos mostró como se prepara el ate a la ma-nera tradicional, en una cocina típica y utilizando el indispensable cazo de cobre. Antes de irnos nos surtimos de morelianas, ates, palanquetas, queso de almendra, chongos y chocolate de metate, además de una botella de licor de frutas.

DOS JOYAS DISTINTAS: TUPÁTARO Y CUANAJO

Retomamos nuestra ruta concientes de que atravesaríamos una de las regiones más hermosas del estado, hacia Pátzcuaro. Antes nos detuvimos en Tupátaro, donde descubrimos el templo del Señor Santiago, en el que la sencillez exterior contrasta con la belleza única del artesonado de la nave interior, formada por pinturas que recrean pasajes de la vida de Jesús. No menos sorprendente es el altar de caña de maíz cubierto con hoja de plata y el retablo barroco de madera cubierto con hoja de oro de 23 kilates.

Continuando por la carretera número 14 tomamos la desviación hacia Cuanajo y desde antes de llegar encontramos los trabajos de madera tallada que realiza la mayoría de las familias del poblado, muebles con grandes y coloridos relieves en los que resaltan motivos de frutas y animales junto con abigarrados paisajes que destacan las bellezas de Michoacán.

EL ENCANTO SIN IGUAL DE PÁTZCUARO

Por fin arribamos a Pátzcuaro y fascinados por la belleza de este legendario destino, disfrutamos de tan particular panorama de calles empedradas que serpentean desembocando en plazas y encantadores rincones. El tiempo se nos fue andando sin prisa, llenándonos de la frescura de los patios y el romanticismo del ambiente, de la belleza de las construcciones coloniales y de las tradicionales casas rústicas, además de gozar del despliegue artesanal por doquier y comprobar por qué se le declaró Patrimonio de la Humanidad.

Así llegamos a la Casa de los 11 Patios, o lo que fuera el convento de Santa Catarina, actualmente con sólo cinco patios. El paso del tiempo ha sabido conservar la belleza de la arquitectura tradicional y aún se respira el ambiente conventual de siglos atrás.

Casi por marcharnos damos una vuelta por los muelles, del que salen embarcaciones hacia diversas islas como Janitzio. Aquí, a la orilla del lago, optamos por llevarnos un recuerdo gastronómi- co de Pátzcuaro; después de una botanita de cha- rales con salsa que la señora Bertha nos ofre- ció, probamos también las corundas –especie de tamales en forma de triángulo y cubiertos de crema– además de unos uchepos –tamalitos de elote tierno–, para despedirnos con el ritmo de los tradicionales viejitos, que nos regalaron sus mejores pasos.

LAS YÁCATAS DE TZINZTUNTZAN

Retomamos el camino esta vez por la carretera 110 hacia Quiroga bordeando el lago. Al llegar a Tzintzunzan encontramos el interesante sitio arqueológico Las Yácatas. En un pequeño museo de sitio conocimos detalles de la tradición metalúrgica michoacana prehispánica, así como la destreza de sus antiguos habitantes en la elaboración de piezas de barro, utensilios de labranza, hueso y artículos ornamentales de turquesa, oro y jade.

En el área de las ruinas descubrimos los restos del que fuera el asentamiento prehispánico más importante del estado tarasco. Desde la altura de este antiguo centro ceremonial formado por cinco monumentales construcciones rectangulares y semicirculares, se respira un aire fresco y se domina el paisaje de Tzintzunzan con el lago de Pátzcuaro que se pierde en el horizonte.

QUIROGA Y SANTA FE DE LA LAGUNA

Acompañados por los tejidos de palma y las artesanías de madera y cantera que delinean la carretera, en menos de diez minutos nos trasladamos a Quiroga, y después de visitar brevemente la parroquia de San Diego de Alcalá, cuya fachada ostenta una cruz formada por incrustaciones de porcelana, llegamos a Santa Fe de la Laguna.

Otro detalle que llamó fuertemente nuestra atención fue un colorido mural hecho con trozos de azulejo sobre la Jefatura de Tenencia, en la pequeña plaza principal, en el cual se manifiestan dramáticos acontecimientos indígenas como la matanza de Acteal, Aguas Blancas y Chenalho, así como la representación de Zapata y sus ideales de justicia campesina.

DE ZACAPU A JAMAY

Con una profunda reflexión que nos mantuvo pensativos gran parte del camino, continuamos hacia Zacapu para tomar un camino que lleva a la autopista a Guadalajara. El clima cambió drásticamente tornándose más seco y caluroso y aparecieron grandes extensiones de campo solitario y un poco agreste. En el km 397 cruzamos los límites de Michoacán y Jalisco y cinco minutos después aparecieron los primeros paisajes azules sembrados del agave con que se ela-bora el exquisito tequila.

En Jamay, pequeño poblado jalisciense, subimos a la capilla de la Virgen de Guadalupe y desde lo alto apreciamos una panorámica del pueblo con su característico monumento al papa Pío IX en la plaza principal y el lago de Chapala, que perdía sus límites en el horizonte mientras el sol nos rega-laba sus últimos rayos.

LA CÁLIDA GUADALAJARA

Ansiosos por llegar a nuestro destino final continuamos viaje con mucha precaución. Tomamos la desviación a Zapotlanejo y después la carretera de cuota México-Guadalajara, una recta despejada donde pudimos hacer uso del piloto automático de la camioneta y descansar un poco del estrés de manejar en la anterior carretera accidentada. Treinta minutos más tarde estábamos en La perla tapatía.

A la mañana siguiente recorrimos San Juan de Dios, ubicado a un costado de la plaza tapatía, histórico centro comercial popular de una extensa muestra artesanal jalisciense en la que sobresalen las ollas, jarros y di-versos utensilios de barro acompañados por puestos atestados de los dulces tapatíos más tradicionales, como jamoncillos y dulces de leche de Los Altos, borrachitos, arrayanes, fi-guras de chicle de Talpa, licores y conservas de la zona de montaña, entre muchos otros.

Así llegamos al patio, con corredores de trajes típicos, huaraches de cuero, juguetes mexicanos tradicionales y un colorido muestrario de verduras y frutas. Con un fresco tejuino sorprendiendo nuestro paladar por su especial sabor –bebida de masa de maíz fermentada, con limón, sal y dulce nieve de limón–, en el siguiente nivel encontramos una extensa variedad gastronómica en la que sobresalen la birria, las tortas ahogadas y los caldos de pescado con recetas de la costa.

TLAQUEPAQUE ARTESANAL

Era obligado recorrer uno de los centros artesanales más importantes de México. En Tlaquepaque hallamos una gran variedad de creaciones que van desde la cerámica tradicional, muebles de madera y hierro forjado, textiles, vidrio soplado y hoja de lata, hasta interesantes obras de prestigiados artistas, como Agustín Parra y Sergio Bustamante, entre otros, expuestas en galerías y lujosas tiendas. Después de horas de caminar resultó un verdadero placer sentarse en uno de los equipales del Parián, para refrescarse con una chabela –gran copa de cerveza– o un caballito de tequila con sangrita, comerse una torta ahogada y relajarse escuchando los grupos de mariachis y bailes folclóricos en el quiosco central.

Para otra ocasión dejamos el recorrido por la moderna ciudad de Guadalajara, donde destacan sus centros comerciales e intensa vida nocturna, así como por otros sitios cercanos de gran interés histórico y turístico como Tonalá, Zapopan, Chapala, Ajijic y Tequila; por ahora, nos quedamos plenamente satisfechos con el buen sabor de boca que nos ha dejado su centro histórico, música, tequila y su colorida creatividad artesanal.

TIPS PARA UN BUEN VIAJE

– En general, la ruta carretera es segura, aunque en algunos tramos está despoblada. Para evitar contratiempos, antes de iniciar el viaje es preciso asegurarse de que el automóvil se encuentre en óptimas condiciones, ya que el recorrido es largo.

– Si le gustan las artesanías debe aprovechar esta oportunidad única y prepararse con dinero y espacio suficiente en el automóvil.

– El clima entre Michoacán y Jalisco no varía en gran medida, salvo porque el primero es un poco más fresco comparado con el más caluroso y seco de Guadalajara.

– Si tiene tiempo vale la pena desviarse un poco e internarse en el santuario de la mariposa Monarca, ya que este bellísimo espectáculo no tiene comparación.

– Morelia, Pátzcuaro y Guadalajara son los sitios ideales para pernoctar por la cercanía con los lugares de interés, los mejores servicios y los atractivos turísticos con que cuentan.

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