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Santa Ana Tlacotenco, historia y tradición en el Distrito Federal

Por: Antonio Molina Martínez

Cada 26 de julio, la población de San Ana Tlacotenco, en el Distrito Federal, se viste de gala para festejar a la Señora Santa Ana, patrona del lugar. ¡Conoce aquí cómo se realizan sus fiestas!

Son las doce de la noche en Santa Ana Tlacotenco, una población ubicada en el sureste del Distrito Federal, cuando el silencio nocturno es interrumpido por el estallido de docenas de cohetes que anuncian que por este rumbo las actividades cotidianas harán una pausa para dar paso a las festividades en honor de la Señora Santa Ana. Desde muy temprana hora los tlacotenses se reúnen en el templo para entonar las tradicionales “Mañanitas” y llevarle flores a la Virgen; luego los mayordomos hacen acto de presencia con sus respectivas cuadrillas de danzantes, y como es día de feria no pueden faltar las bandas de música que con sus notas musicales alegrarán la jornada.

Algo de historia

Santa Ana Tlacotenco se ubica en la delegación Milpa Alta, en uno de los más hermosos lugares del Distrito Federal, compuesto en su mayoría por terrenos dedicados al cultivo de maíz, nopal y hortalizas; este paisaje da al lugar un clásico sabor campirano y posiblemente sea uno de los últimos reductos que conservan dichas características. La historia y el origen de Tlacotenco aún siguen confusos, aunque se tienen datos de que sus primeros pobladores eran chichimecas, que posteriormente fueron sometidos por los aztecas de Tenochtitlan. Más tarde, con la llegada de las órdenes religiosas se levantaron los templos y las ermitas de los doce poblados que hoy componen la delegación Milpa Alta, y por el año de 1532, el 15 de agosto, fueron bautizados por primera vez los habitantes de Santa Ana Tlacotenco, hecho que determinó el cambio de sus costumbres y tradiciones. Tlacotenco se une luego a los hechos históricos, particularmente al de la Revolución Mexicana, que trajo como consecuencia la migración de sus pobladores y el completo abandono del pueblo.

Sus calles fueron escenario de constantes enfrentamientos entre zapatistas y federales, lo que hizo que la gente fuera a esconderse a los montes durante muchos días; se cuenta que el templo de Santa Ana fue tomado varias veces como cuartel general, mientras que el atrio se acondicionó como caballeriza. En la Revolución los tlacotenses perdieron muchas cosas, pero lo que no se pudo borrar fueron la alegría y el colorido de sus tradiciones, como son los bailes, los cantos y las ceremonias pagano-religiosas, costumbres heredadas de sus antepasados que se han transmitido de generación en generación.Desde los tiempos precolombinos las actividades agrícolas han sido predominantes en la vida de los tlacotenses, aunque se conserva la artesanía de ayates hechos con fibra de maguey y de fajas y cintas adornadas con chaquira, manualidades que se niegan a desaparecer.

La fiesta

El 26 de julio de cada año la población entera se viste de gala para festejar a la Señora Santa Ana, patrona del lugar, siendo éste uno de los acontecimientos de mayor relevancia. Las festividades dan inicio el día 25 en la mañana, con las notas musicales de la chirimía, el teponastle y la flauta, que le dan un toque peculiar al momento; ya por la tarde, para amenizar la fiesta, hacen acto de presencia las bandas de música de cada barrio. A partir de este día la Virgen será constantemente visitada y por ello tendrá que lucir la ropa nueva que numerosas personas le donan voluntariamente; para estos preparativos se oficia una misa en la que se bendice la vestimenta, después se baja la imagen del nicho y en medio de rezos y humo de sahumerio se le cambia de ropa.

El templo de Santa Ana, declarado monumento histórico en 1933, es de arquitectura sencilla y se le considera la parte central de la comunidad, donde por generaciones han convivido los tlacotenses con gran entusiasmo. La preparación de la fiesta comienza a partir del 3 de mayo, con los ensayos de los grupos de danzantes en casa de su respectivo mayordomo; por su parte, los recaudadores pasan cada domingo por las casas recogiendo dinero para el pago de las bandas y los castillos. Entre las mayordomías en Santa Ana Tlacotenco consideradas importantes sobresale la del 26 de julio. La persona que la acepta tiene que cumplir algunos requisitos, principalmente económicos, para tener éxito en el encargo; además del mayordomo grande hay mayordomos de aztecas, santiagos, pastoras y vaqueros, quienes se encargan de asistir a los danzantes durante los ensayos de los domingos hasta la culminación de la fiesta.

Todo Tlacotenco está de fiesta el 26 de julio. Por la mañana en las calles se ve a las mujeres que presurosamente llevan a moler el nixtamal para las tortillas y los tamales que se servirán en la comida; la plaza principal es invadida por numerosos puestos con diferentes mercancías y juegos mecánicos. Más tarde los invitados llegan a las casas, donde les sirven platillos tradicionales de mole con guajolote o pollo, arroz, tamales, etcétera. Algo diferente ocurre en la casa del mayordomo grande, que es el encargado de dar de comer a las bandas de música. Este mayordomo invita a sus amistades y familiares para que colaboren con él en la realización de las tareas; ocho o quince días antes de la fiesta se preparan los ingredientes de la comida, se acondiciona la casa y al último se sacrifica a los animales. Mientras dura la fiesta el hogar de los mayordomos se convierte en la morada temporal de sus familiares, vecinos y amigos. El compromiso de la mayordomía es adquirido con bastante anticipación, ya que es un cargo importante que muchas personas con buena voluntad quieren desempeñar.

En el atrio del templo las cuadrillas de danzantes entonan sus cantos y ejecutan sus bailes, como el de los aztecas, que se presume es el de más antigüedad por algunos rasgos prehispánicos de su vestimenta y por la letra de sus cantos en náhuatl o en español dirigidos a adorar a la Virgen. La danza de aztecas es ejecutada por jovencitas y niñas vestidas con ropas de terciopelo y adornos de lentejuela, blusa bordada a mano en punto de cruz, corona y macana. La danza de moros y cristianos, mejor conocida como de los santiagueros, se parece a una representación teatral y se realiza durante todo el día, describiendo cómo los cristianos derrotan a los moros y los convierten al cristianismo; los músicos que acompañan esta danza forman una pequeña orquesta, aparte de un tamborilero y un flautista, llamados cajeros, que son los que marcan los pasos y el ritmo durante la mayor parte de la obra. Otra danza, la de las pastoras, se compone de bailes y cantos sencillos por parte de un pequeño grupo, integrado en su mayoría por niñas. La vestimenta de las pastoras es similar a la que usan las niñas para hacer su primera comunión; portan un bastón y una sonaja, así como unos arcos adornados con papel.

En otra danza, la de los vaqueros, los personajes se visten de charros y cargan un torito, que es la parte fundamental de la representación. Los músicos que acompañan a pastoras, aztecas y vaqueros tocan sones sencillos que tienen como instrumentos principales el violín y la guitarra.  Ya por la noche el cielo se llena de luz, pues llega el momento en que los maestros de la pirotecnia luzcan sus enormes castillos multicolores, cuyo estruendo se mezcla con las notas musicales de las bandas.Los festejos continúan los días 27 y 28, para proseguir el 2, 3 y 4 de agosto. El día 2 se celebra “la octava”; se dice que la fiesta del 26 de julio está destinada a recibir y atender a los visitantes, y la octava es para los lugareños, porque en esta ocasión ya no se invita a nadie y no se hace comida como en la fiesta.Las festividades culminan el día 4 de agosto con la despedida de los danzantes; la música nostálgica proveniente del violín y la guitarra envuelve con sus notas a todos los visitantes, mientras cada cuadrilla de danzantes entona su despedida, marcando así que la convivencia alrededor y en honor de la Señora Santa Ana ha llegado a su fin, los cantos no se volverán a escuchar sino hasta el próximo año. Las bandas, los castillos y las mayordomías, todo forma parte de un ciclo, tal y como lo marcaron los antepasados tlacotenses.

Cómo llegar a Santa Ana Tlacotenco

Tome la carretera federal Xochimilco-Oaxtepec y en el km 26.5 encontrará la desviación a Santa Ana; el pueblo se encuentra a cuatro kilómetros de la oficina delegacional.

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