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Santuario de murciélagos

Por: Ernesto Ramírez

La puntualidad es su sello. El sol se ha ocultado entre las montañas guerrerenses que cobijan el poblado de Tlalcozoltitlán. Aquí el viento es suave, pero no cesa. Es la hora precisa en que la madre naturaleza y el murciélago hacen comunión para brindar un espectáculo cargado de excitación y de bullicio.

El atardecer aquí se torna alucinado, cuando un tropel de murciélagos emerge de las tinieblas de una cueva como una lluvia repetida de aleteo interminable y presuroso que pinta de gris oscuro el azul del cielo y se antepone a la blancura de las nubes. Cientos, miles y miles de murciélagos salen de su santuario por espacio de 15 minutos aproximadamente. El primer ejército se dirige hacia el Oeste. Otro más lo hace hacia el Este. Para poder presenciar este espectáculo es necesario que en el ser humano se imponga un absoluto silencio. Que nada perturbe su vuelo hacia otros horizontes.

¡Brújula por favor!

Para llegar a este lugar uno puede salir de Puebla, de la Ciudad de México y del estado de Morelos. El tiempo en llegar a este punto desde esos lugares no se lleva más allá de dos horas por diversas carreteras. Para internarse en el municipio de Copalillo, cercano a la ciudad de Iguala, se llega a la desviación de Paso Morelos que hace entronque con Huitzuco, hasta llegar al poblado de Tlalcozoltitlán, en donde existen al menos 500 comuneros dispuestos a detonar este novedoso atractivo turístico.

Oscuridad y silencio absolutos

Melecio Soriano Ortiz es originario de este lugar en donde el náhuatl es la lengua que más se habla, y se le conoce como “el místico de la cueva”. Con justa razón. Es quien en los meses más recientes ha servido de guía a grupos de científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México que se han internado una y otra vez en los abismos y profundidades del santuario de murciélagos, con el fin de estudiarlos, analizarlos y clasificarlos. Con cascos y demás utensilios propios de la investigación, los científicos han pasado hasta una semana entera en las entrañas de la cueva, que se calcula mide en su interior al menos 12 kilómetros de largo.

Una de las misiones tanto de los pobladores de este lugar, como de los científicos de la UNAM, es conservar el santuario, donde ahora se sabe que cohabitan siete especies diferentes de estos mamíferos, de las 140 que hay en nuestro país. Sólo hay cuatro países que tienen más especies que nosotros: Colombia, Ecuador, Perú y Brasil.

Estas siete variedades de murciélagos que conforman su población incluye insectívoros, frugívoros y polinívoros, los cuales juegan un papel muy importante en la polinización y dispersión de semillas de árboles y plantas útiles para el hombre, así también como la de control biológico de insectos nocivos para la agricultura. Es decir, el murciélago es el mejor plagicida y produce uno de los fertilizantes más ricos que existen en el mundo.

Según los lugareños, de mayo a octubre es la mejor época para admirar este espectáculo. Para su conservación, se ha evitado que las personas entren a buscar el excremento del murciélago conocido como guano en sus periodos críticos, que es cuando se da la reproducción y la época de lactancia.

Localice usted mismo en la red: Municipio de Copalillo 18°4’36”N 99°3’3”W

Teopantecuanitlán y Río Balsas

Para redondear el espectáculo natural, el visitante puede gozar de más espacios de belleza inigualable como las aguas del río Balsas y la zona arqueológica de Teopantecuanitlán. Este último, de construcciones estilo olmeca están al norte de Tlalcozotitlán, entre los ríos Amacuzac y Mezcala. Se ubica en la porción norte de la región de la montaña y pertenece también al municipio de Copalillo.

Este lugar fue centro cívico-religioso que debió mantener un poder regional del año 1250 al 600 antes de Cristo. Es notable por su arte monumental olmeca, incorporado a la arquitectura. El costo de entrada es de 25 pesos, de martes a domingo, con horario de 10:00 a 17:00 horas. Otro atractivo es el río Balsas, uno de los afluentes más largos de México. Su amplio caudal mide 771 kilómetros de longitud y cruza los estados de Veracruz, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Michoacán, Jalisco y Guerrero. A su paso recibe los deshielos de los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y Xinantécatl.

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