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Simbolismo del Templo Mayor

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  • Tláloc en el Templo Mayor
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Por: Eduardo Matos Moctezuma

La dualidad vida-muerte está representada en el Templo Mayor con las deidades de Tláloc y Huitzilopochtli. Es necesario ahora penetrar en los arcanos del templo para llegar a los múltiples simbolismos que en él se encierran.

Para empezar, diremos que cada uno de los lados que forman el edificio simbolizaba una montaña sagrada. La de Huitzilopochtli es el cerro de Coatepec –cerro de la serpiente–, según nos lo relata el mito. Ahí se lleva a cabo el combate entre los poderes diurnos presentes en Huitzilopochtli, en tanto que este dios se relaciona con el Sol que cada mañana nace de la madre tierra –Coatlicue– para alumbrar al mundo. Así, Coyolxauhqui –la Luna– y los centzonhuitznahuas –innumerables estrellas del sur– son derrotados cada mañana por el Sol con la serpiente de fuego, el rayo solar. En este lado del templo se verificaba año con año la fiesta de Huitzilopochtli llamada Panquetzaliztli, en la que se recordaba lo ocurrido en el cerro de Coatepec; ahí se hacía el recorrido de los esclavos que iban a morir, cargando mantas y huipiles; se sacrificaban cuatro cautivos en el juego de pelota, tal como se relata en el mito; se hacían escaramuzas guerreras entre dos bandos, uno de ellos llamados huitznahuas, que eran ayudados por la gente del barrio que llevaba ese nombre; los cautivos daban una vuelta alrededor del Templo Mayor; luego la serpiente de fuego descendía del templo hecha de papel y con teas, mientras de sus fauces salían lenguas de fuego elaboradas con plumas; después de matar a los cautivos de guerra, sus cuerpos eran arrojados desde lo alto del adoratorio del dios de la guerra, y al llegar abajo, sobre la escultura de Coyolxauhqui, eran desmembrados por quienes los habían capturado en combate.

Tenemos otro dato que resulta de gran significado. En el mes de tóxcatl se hacía una imagen de Huitzilopochtli de masa (tzoalli) y se colocaba en el templo llamado Huitznáhuac, sobre un tablado decorado con culebras. Al pie de la figura se ponían huesos también hechos de tzoalli y se cubrían con una manta que tenía una figura desmembrada, que nos recuerda a Coyolxauhqui. Así lo relata Sahagún: “abajo ponían unos huesos hechos de tzoalli, cerca de los pies de la imagen, y cubríanlos con la misma manta que tenía cubierta, en la cual estaban labrados los huesos y miembros de una persona despedazada”.

Con estas conmemoraciones los aztecas conseguían dos cosas: por un lado, mantener el recuerdo del nacimiento y la lucha de su dios solar y, por el otro, reafirmar que el destino del hombre azteca era seguir a su dios a la guerra. De esta manera, un mito tan importante era reactualizado periódicamente, convirtiéndose el templo en el lugar donde el mito cobraba vida.

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