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Tabasco, tierra de olmecas y mayas

Por: Felipe Solís Olguín

Los tabasqueños están orgullosos de su pasado prehispánico, por lo que no es casualidad que hayan levantado un monumento al mítico cacique Tabascob, quien dio nombre a la entidad.

El primer contacto español ocurrió en 1518, cuando la expedición al mando del capitán Juan de Grijalva, llega a la desembocadura del río conocido como Tabasco, al cual a partir de ese momento cambian el nombre en honor a su descubridor. Hernán Cortés llegó al año siguiente.  A principios del siglo XVI los europeos apreciaron en todo su esplendor una de las sociedades precolombinas más dinámicas de su tiempo, los mayas de Tabasco, a quienes en la crónica histórica se les conoce como putunes, los cuales estaban relacionados con los itzaes de la península yucateca. Este grupo controlaba las importantes rutas comerciales que cruzaban por el territorio norte del mundo maya, comunicando a las costas de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco y el septentrión de Chiapas, sobresaliendo, como puerto de intercambio, la importante población de Acalán-Tixchel.  Aún hoy en día permanecen numerosas zonas arqueológicas sin explorar, cuyo potencial arqueológico preludia un futuro promisorio para la investigación del pasado prehispánico de Tabasco.

Hoy están abiertas al público Comalcalco, la afamada ciudad construida con ladrillos y decorada a base de hermosos modelados de estuco, establecida en la región de mayor productividad de cacao y cuya cercanía a la costa del Golfo de México le permitió por vía fluvial tener contacto con otras ciudades mayas del periodo Clásico y vincularse cultural y políticamente con Palenque.  Otras ciudades mayas de ese mismo periodo que están abiertas al visitante son Pomoná y Reforma, localizadas en la región del río Usumacinta, y Malpasito, que se localiza en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, colindante con el estado de Chiapas y que estaba directamente conectada con el área cultural zoque. 

Por lo que respecta a los olmecas arqueológicos, éstos fueron descubiertos al mundo moderno apenas en la segunda década del siglo XX, y las exploraciones formales en la importante metrópoli de La Venta, cercana al río Tonalá, marcaron el hallazgo de un complejo cultural donde se observa cómo esa temprana sociedad mesoamericana poseía conceptos urbanísticos de alta precisión que le permitieron trazar su capital con una orientación norte-sur, desviando 17 grados el emplazamiento hacia el poniente por razones astronómicas.  Los olmecas de La Venta, que vivieron en la etapa final del periodo Preclásico medio (1000-600 a. C.), legaron a los tabasqueños un conjunto escultórico de gran formato, constituido por cabezas colosales, altares y estelas que sorprenden al visitante en el espectacular espacio al aire libre del Parque Museo de La Venta, ubicado a orillas de la Laguna de las Ilusiones, hoy parte integrante del desarrollo de Villahermosa.   

 

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