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Tecozautla, lugar de piedra amarilla en Hidalgo

Por: Miguel Carrillo M.

Conoce esta población en el estado de Hidalgo, rica en construcciones coloniales y callejuelas empedradas que alojan añejas casonas de cantera, con floridos y aromáticos jardines interiores.

Prolongación artificial, sutil, de su entorno de naturaleza volcánica joven, donde una veintena de balnearios con aguas termales, cuya temperatura oscila entre 30 y 40 grados, evidencias que una masa caliente subyace no muy lejos de la superficie. Mosto de la superficie terrestre que empapa y fecunda a la tierra junto al río San Francisco, colmándola de matices de verde. Por el contrario, el entorno del valle, que no goza de esa simiente, tiene vegetación rala, sustentada por un suelo precario de rocas con viva policromía, de la que destacan el carmesí, el púrpura, el amarillo, el rosa, el grana y el negro.

Virtuoso material arquitectónico que proporciona cómodo y relajante ambiente a espléndidas y antiguas construcciones, como la fastuosa hacienda de Yexthó, legendario monasterio del siglo XVI construido por frailes franciscanos.

La pequeña ciudad y muchas de sus casas parecen imitar precisamente el encanto del paisaje en que se asientan. Situada en el oriente del fértil valle que se extiende desde San Antonio, el conjunto se halla escondido por fallas geológicas, activas, en el desemboque de mesetas y un nido de conos y domos volcánicos. En una topografía suave, situada a 1 700 msnm, por donde deambula el río San Francisco como hilo de plata, aparece el abigarrado colorido como una alfombra policroma, desplegada por los comerciantes de antaño.

Las casonas, de trazo recto o limitadas por gruesas bardas de piedra, presentan patios interiores por donde asoman las delicadas ramas de jazmines, azahares y bugambilias, y suelen tener una fuente de cantera, cobijada por las ramas de enormes nogales. A Tecozautla, "lugar de piedra amarilla", llegó don Nicolás Montaño cuando mediaba el siglo XVI. El primer misionero en Mazobó ("lugar de cosecha constante", anterior nombre otomí del lugar), fue el franciscano fray Juan de Sunabria. Otras seis familias españolas le sucedieron alineando las primeras calles. Los frailes Pablo de Vetancourt y Marcos de Aguirre evangelizaron a la población durante el virreinato de José Sarmiento Valladares, conde de Moctezuma y Tula.

Casas, iglesias, convento, puentes y obras hidráulicas fueron hechos apenas instaurada la Colonia. Destacan, por su raro estilo, construcciones que por docenas se hallan sembradas en la población. Estas obras, de seis por cinto metros, aproximadamente, consisten de gruesas paredes de piedra, lodo y cal, sin ninguna ventana, y rematadas por un techo en forma de bóveda, con una estrecha puerta enmarcada por jambas y dintel de cantera rosa. Una cantera que se explota en San Francisco.

Las bóvedas aparecen por doquier. La mayor parte es usada como viviendas, y menos como capillas, aunque su función original no es del todo clara. Las interpretaciones tienen diferentes vertientes: se dice que fueron hechas como refugio ante los ataques de grupos seminómadas que merodeaban los campos de cultivo y podían presentar una amenaza para los sedentarios. Otros, a la luz de esculturas, leyendas y relieves con motivos religiosos, deducen que su destino era servir como capillas. Y otros más creen que servían para almacenar granos y productos del campo, o como viviendas.

Notable es también que las bóvedas y demás construcciones sigan erguidas, y estén habitadas. La gente y el clima deben ser la causa principal de ello. Por un lado el espíritu conservador, indicativo de que la fuerza de la costumbre es difícil de romper y, por otro, sugiere que la población es contraria al vandalismo.

El gusto por las flores embelese el olfato y la vista. Las tizanas de albahaca y yerbabuena siguen preparándose a partir de cultivos personales. Habitantes con gusto por lo antiguo que conservan costumbres de siglos pasados. En los días de fiesta suelen aflorar tradiciones que llegaron para quedarse: se rememora el paso de jacas, con plata adosada a la montura, y encima damas tocadas con sombrero nacional o andaluz.

Si las bóvedas siguen en pie se debe también a que se benefician de un clima benigno. Tecozautla, casi siempre de cielos muy azules, tiene una atmósfera diáfana y semiseca, que produce un efecto relajante parecido al de sus aguas termales, llenando de calma. La vida pasa a ritmo de provincia. Los amaneceres son de temperatura sedante y, cuando el día desfallece, cielo y techos de tejas compiten en tonalidades de rojo y grana.

Cómo llegar a Tecozautla

Por lo menos hay tres rutas que lo conducen a Tecozautla, Hidalgo. De la ciudad de México, se toma la autopista núm. 57 a Querétaro, al legar al km 107 desviarse hacia Huichapan y de allí a Tecozautla, esta es la ruta más corta pero la carretera no se halla en buen estado. Otra vía es tomar la desviación en Palmillas hasta Huichapan y de allí a Tecozautla. Finalmente, la más recomendable es por la carretera 57 a Querétaro, pasando por San Juan del Río, Tequisquiapan, San Joaquín y Tecozautla.

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