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Tepezalá. Municipio al norte de Aguascalientes

Por: Homero Adame Martínez

Cocó es mamá de Pipí Cocoricó, el papá Los tres están juntos Pipí pica un rosal en el jardín Una ramita cae en su cola.

El cielo se va a caer, dijo PipíAl salir los vio CocoricóEn el camino se encontraron a PazpazLuego encontraron a GurgurMás adelante encontraron a la señora Zorra. Y llegaron al palacio del ReyEl Rey se rió de la noticiaY les regaló una monedita de oro  ¿Alguno de nuestros lectores conoce esta historia? Suponemos que se trata de un cuento infantil, quizá sacado de algún libro de cuentos clásicos... Lo que sí sabemos es que hay un lugar en el país donde dicho pasaje está representado en los muros de una vetusta casona. ¿Dónde? En Tepezalá, Aguascalientes.

Si algún día alguien de ustedes anda por ahí, diríjase al centro de la población y frente a la plaza verá lo que hoy en día es la Casa Ejidal. Hable con el encargado y pídale que le muestre el cuento en la pared. Él o ella lo conducirá a la humilde cocina y le explicará que fue realizado con almagre regional. Ya en el interior, podrá dar vuelo a su imaginación con los dibujos de animales que habitan los jardines de un castillo, y también preguntarse quién los pintó. Nadie en el pueblo parece saberlo. Cualquiera le dirá: “Desde que tengo uso de razón han estado ahí”. No se sorprenda cuando advierta que parte de los dibujos fueron borrados por alguien que arregló esa sección de la pared y le puso mezcla, o que otro de ellos se encuentra un tanto ennegrecido por la grasa emanada de la estufa... Con esto empezamos un recorrido por una de las carreteras secundarias del norte de Aguascalientes y la cabecera de uno de sus municipios: Tepezalá, cuya actividad minera dio renombre y riqueza al estado.

Una vez en la recta proveniente de Rincón de Romos y San Antonio, a la distancia se observa el intenso blanco de una cúpula que es como la puerta del pueblo. Se trata de la parroquia dedicada a Nuestra Señora del Refugio. Ubicada a un lado de la carretera, de inmediato llama la atención su fachada, de sillar y piedra, y cuatro campanarios en forma de arco de medio punto, con rasgos neoclásicos en su frontón de cantera rosa; estilo que podemos contemplar en todo su esplendor en el interior remozado recientemente por cuenta de una devota feligresa. Los muros del amplio recinto están pintados en diversos tonos de verde con ornamentos que asemejan un tapiz. La cúpula tiene ocho vitrales, por los cuales entra la luz que ilumina el crucero y el altar. El color y el decorado de la bóveda contrastan por sus tonos ocres, amarillos y grises. El altar presenta cuatro columnas de estilo un tanto indefinido, entre compuestas y anilladas, todas recubiertas con líneas de hoja de oro. Lo mismo se observa en los remates y en el nicho que alberga a la imagen de la Virgen. Los altares de la nave transversal son muy austeros. 

Tepezalá se localiza en las faldas de la serranía baja al oriente, territorio pródigo en minerales y árido en vegetación que formó parte de la antigua ruta de la plata (México-Zacatecas, en el siglo XVI) que tanto auge dio a la región y que llevó a la conquista del inhóspito norte. Poco después nos dirigimos al centro de esta pequeña ciudad, cuyas empedradas calles le dan un toque rústico y pintoresco. Al primer vistazo nos percatamos de que las casas mantienen una uniformidad en tonos de crema y café. Ya en la plaza nos acercamos al quiosco blanco con techo rojo. Según reza una placa, éste se construyó en 1987, como inicio del plan de desarrollo urbano para mejorar el aspecto de la ciudad. La Presidencia Municipal, también blanquísima, por su estilo moderno desentona sobremanera con el resto del pueblo. Luego entramos a la Casa Ejidal, donde vimos el simpático cuento y las mencionadas pinturas. Al cabo de un rato pasamos a conocer la iglesia de Belén, que data de 1893 y que es muestra clara de la arquitectura de finales del siglo xix, que tuvo como principales promotores al padre Silvestre y a fray Alonso Dávalos.

La iglesia está dedicada al Señor de Tepezalá, que es un Cristo negro muy venerado en la región por sus múltiples milagros. El exterior es por demás austero, y el interior es pequeño y sencillo, de una sola nave, de estilo neoclásico, con cuatro columnas circulares de cantera blanca. No tiene figuras ni pinturas relevantes, salvo unos frescos en el techo de la entrada. Platicando con algunos lugareños, uno de nombre Jacinto nos explica que hay una hacienda a pocos kilómetros del centro y se ofrece a guiarnos hasta allá. El tramo es de terracería, muy polvoriento debido al intenso tráfico de los camiones de la calera, pequeña industria local. La ex hacienda Las Pilas, en completa ruina como ya nos había explicado, debió de haber sido grande. Las tapias de sillar blanco, similar al de la parroquia, son los últimos vestigios de una hacienda donde se benefició la plata.

Los agujeros por doquier indican que los buscatesoros jamás descansan. Don Jacinto afirma que fueron aquéllos quienes derribaron las paredes en busca de joyas, oro y plata, e incluso acabaron con una capilla que, según recuerda‚ se encontraba ahí hasta hace unos 45 años. Nadie sabe adónde fueron a parar las imágenes, el altar y la pila bautismal.  Más tarde, al reanudar nuestro camino, reflexionamos sobre el destino de muchas haciendas como la recién visitada. Estamos al tanto de que hoy en día se vive un auge de protección y restauración en casi todos los rincones del país; auge con el cual templos, haciendas, zonas arqueológicas, mansiones e incluso barrios enteros (comúnmente llamados “históricos”) se han visto beneficiados, al igual que el acervo cultural e histórico de la nación. No obstante estas acciones, muchos tesoros arquitectónicos ya han desaparecido por completo, quizá porque dicho auge no se dio antes. 

SI USTED VA A TEPEZALÁ 

Si viene de Aguascalientes o de Zacatecas, la manera más fácil y rápida es tomar la carretera federal núm. 45 y en Rincón de Romos desviarse a San Antonio para continuar a Tepezalá, que se ubica a una altitud de 2 090 metros. Tepezalá sólo cuenta con algunas tiendas de productos básicos; los servicios los encontrará en Rincón de Romos, Pabellón de Arteaga o en Loreto. 

Fuente: México desconocido No. 314 / abril 2003

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