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Vida Colonial

El mundo colonial se inició con la implantación de instituciones decisivas que dieron carácter de colono al grupo conquistador. Lograda la sumisión de los naturales, se realizaba la fundación de la ciudad y los gobernadores eran nombrados por el rey.

El mundo colonial se inició con la implantación de instituciones decisivas que dieron carácter de colono al grupo conquistador. Lograda la sumisión de los naturales, se realizaba la fundación de la ciudad y los gobernadores eran nombrados por el rey.

La dominación armada proporcionó esclavos indígenas, los cuales eran repartidos en encomiendas lucrativas según los méritos de cada conquistador, quienes al no encontrar en estas tierras, a excepción de Honduras, las minas esperadas, fincaron su riqueza en otras actividades con la explotación de la mano de obra indígena.

Pasados los primeros años de ajustes de toda índole, las poblaciones y ciudades fundadas tomaron un ritmo de vida rudimentaria y hasta cierto punto apacible, que se vio turbada desde mediados del siglo XVI hasta fines del siglo XVIII por las incursiones, ataques y saqueos de los piratas. Una de las causas que provocaron la aparición de estos personajes en las Antillas y el Caribe, fue el cierre del comercio de las colonias con los países extranjeros, pues las colocó en posición muy desventajosa.

Se construyeron fortificaciones en sus puertos y costas: Campeche y Boca del Río en México y San Juan en Honduras, fueron ejemplo de este esfuerzo. Se impusieron contribuciones para el sostenimiento de la armada de Barlovento y la obligación de que todos los pobladores tuvieran armas para la defensa de las provincias. La piratería desapareció casi por completo al promulgar Carlos III la famosa pragmática llamada “del comercio libre” el 12 de octubre de 1778. Se derogaba el sistema arancelario establecido y, Sevilla y Cádiz, perdían el monopolio comercial que hasta entonces habían gozado.

Otros males que asolaron periódicamente a las provincias, debido en parte a las sequías, fueron el hambre, las epidemias y las plagas. Sin embargo, se dieron también impulsos positivos humanitarios de personas adineradas o generosas para socorrer, a veces en forma temporal, otras en forma permanente, grandes necesidades. Así surgieron valiosas instituciones de beneficencia y de educación: hospitales, casas de recogidas, hospicios, conventos de monjas, colegios de los jesuitas para instrucción media y superior, entre otros.

Muchos gobernantes encaminaron sus esfuerzos en dotar de vías de comunicación a sus provincias; favorecieron la introducción de ganado y el desarrollo de la agricultura y propiciaron la construcción de casas de mampostería entre los particulares y de casas reales en la plaza principal de los pueblos.

Los obispos, al igual que los gobernantes, conformaron la vida cristiana de su grey con la doctrina y el fortalecimiento de la fe de sus creyentes. El impulso y desarrollo cultural que la Iglesia Católica dio a la Colonia es innegable: colegios, universidades, estudios lingüísticos y etnográficos, construcciones arquitectónicas -catedrales, iglesias, conventos-, música, pintura y otras son testimonios de su amplia obra.

Políticas económicas equivocadas y errores administrativos avivarían el espíritu criollo de estas colonias, introduciéndose ideas de un liberalismo que preparada y dispondría el medio para movimientos libertarios de independencia.

El mundo maya fue exponente de una civilización de características de grandeza. La transparencia de su cielo y la observación de sus astros les confirieron precisiones matemáticas insospechadas y manifiestas en sus construcciones arquitectónicas. Los mayas del siglo XVI, en el momento de la conquista militar y religiosa, distaban en mucho de ese pasado glorioso de florecimiento intelectual.

Las crónicas indígenas son elocuentes en la descripción del dolor profundo de la Colonia, del sometimiento que imprimió a la vez melancolía y resistencia a su ser. El transcurso de los siglos, la imposición de creencias, de instituciones y de costumbres, crearía un mundo diferente al cual, el indígena maya, impregnaría de sus propios rasgos y matices culturales, mismos que hasta el presente siguen definiendo.

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