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Villanueva, un viaje por la historia de Zacatecas

Por: México Desconocido

Visita esta población que aun conserva fuertemente el sabor de un México antiguo; explora en él sus ex haciendas así como un importante sitio arqueológico que marcó el desarrollo histórico de la región.

Zacatecas es por excelencia un estado que conserva fuertemente el sabor del México antiguo. Ciudades como la propia capital, Jerez, Sombrerete y Fresnillo, rememoran el auge colonial y prerevolucionario. Pero hay otros ejemplos menos conocidos aunque no por ello de menor belleza, tal como sucede con el municipio de Villanueva, un México rural vigente. Con algunas ex haciendas y un importante sitio arqueológico, Villanueva no es menos importante en la historia de Zacatecas; además, en estas tierras se encuentra la que quizá fue la primera ermita de América. 

LA CABECERA MUNICIPAL  

Villanueva se fundó el 4 de febrero de 1692 con el nombre de Villagutierre del Águila. Sus primeros habitantes lo bautizaron así en honor del presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, don Alonso de Ceballos Villagutierre, y del alcalde mayor de Juchipila, don Pedro Salazar y Águila. Poco más tarde se le agregó el nombre del santo patrono del lugar, costumbre muy popular en aquellos años, por lo que pasó a ser Villa de San Judas Tadeo de Villa Gutierre del Águila.

Al ser la última villa fundada en el estado, fue conocida también como la “Villa Nueva”, nombre que ostenta hasta la actualidad. Al llegar a Villanueva, lo primero que atrae nuestra atención es la Plaza Municipal, en donde sobresale un bello kiosco del siglo XIX. La plaza se encuentra rodeada de edificios y mansiones de los siglos XVIII y XIX, hoy convertidos en pequeños locales comerciales. Al sur de la plaza hay un corredor con arcos, donde los hombres se reúnen para charlar y comentar los últimos acontecimientos. Hombres de edad avanzada y rostros curtidos por el sol bajo anchos sombreros adornados con toquillas. ¡Charros de todos los días como ya se ven en pocos lugares! El templo parroquial, de fachada barroca, pertenece al siglo XVIII y está dedicado a San Judas Tadeo.

 El Palacio Municipal es el orgullo de la población, y ciertamente es uno de los más bellos del estado aunque no es muy antiguo, ya que fue construido en 1858; antigua sí es la Casa del Conde de Santiago de la Laguna, que data del siglo XVIII. Al alejarnos de la plaza y caminar por las calles adyacentes, encontramos mansiones de inmensas fachadas y grandes ventanas engalanadas con fina herrería. Entre ellas la casa en que nació el actor y cantante Antonio Aguilar, otro orgullo del pueblo. Una placa sobre la pared nos señala el lugar exacto donde el artista vino al mundo. Pero las grandes mansiones no sólo se ven en la cabecera municipal, sino también a lo largo y ancho de todo el territorio, pues Villanueva fue una región en donde proliferaron las haciendas que también servían como presidios para proteger estas tierras de los ataques de las tribus chichimecas. 

CINCO EX HACIENDAS  

La ex hacienda más antigua de Villanueva es la de Tayahua, su fundación es incluso anterior a la de la cabecera municipal, ya que fue creada en 1554. Su primer dueño fue don Diego Hernández de Proaño, compañero de armas y amigo de Nuño de Guzmán. Después de haber tenido varios dueños, fue adquirida a finales del siglo XIX por la familia Aguilar, quien la ha sabido conservar hasta nuestros días. Un pequeño arco sirve de entrada hasta un inmenso patio resguardado por altos muros, en donde se encuentra la Casa Grande y la parroquia, cuya fachada labrada en cantera es una auténtica joya. Esta ex hacienda ha sido escenario de muchas películas sobre la Revolución mexicana, por lo que es natural que nos vengan a la mente imágenes familiares, y más aún cuando miramos a las mujeres con sus rebozos oscuros dirigirse a misa.

Con autorización de sus propietarios es posible visitar una parte de la Casa Grande, en donde encontraremos algunas fotografías de la familia Aguilar, así como las caballerizas. Al norte de la cabecera municipal hay otras dos ex haciendas, la de La Quemada (cerca del sitio arqueológico del mismo nombre) y Malpaso, antiguo presidio convertido más tarde en hacienda de campo. La ex hacienda de La Quemada fue un importante centro agrícola y ganadero en donde se cultivaba trigo, maíz, garbanzo, lenteja y chile ancho, pero debía su fama a la cría de toros de lidia y caballos de razas inglesa y árabe utilizados en la charrería. En esta ex hacienda es posible visitar la capilla del siglo XVIII, pero no la Casa Grande construida por el general Nicolás Rodríguez Juárez, y que ahora pertenece a la familia Aguilar.

En cuanto a la ex hacienda de Malpaso, ésta conserva mucho de su estructura original aunque ya se encuentra bastante deteriorada por el paso del tiempo. La población ha hecho uso de algunos espacios para convertirlos en graneros, casas habitación y establos, como sucede con la Casa Grande en donde también se ha instalado una escuela. La ruta del suroeste del municipio nos lleva primeramente a la ex hacienda de El Salto, cuyo principal atractivo es el templo barroco del siglo XVII construido por el capitán Olague en 1689. En su interior se halla un altar tallado en madera esmaltada en oro, una obra de arte única en el municipio.

Pocos kilómetros más adelante, sobre la carretera hacia Joaquín Amaro, se llega a la ex hacienda de La Encarnación, última escala de nuestro viaje por las ex haciendas de Villanueva. Lo primero que observaremos desde la carretera –ya que tendremos que desviarnos un poco de ella– son las inmensas trojes en donde se guardaba el grano y la cosecha y, poco a poco, llegaremos hasta los altos muros del antiguo casco. La Encarnación fue también un presidio español que protegía el camino de Zacatecas a Guadalajara. Hoy, en lo que fuera la huerta de la hacienda, se ha habilitado un pequeño balneario alimentado por manantiales naturales de aguas termales. La Casa Grande ocupa la mayor extensión del casco antiguo y es posible visitar algunos espacios, así como la pequeña capilla que guarda dos cuadros con la imagen de Gregorio López, considerado el primer ermitaño de América.

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