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Zona arqueológica El Sabinito, Tamaulipas

Por: Jean Luis Lacaille Múzquiz y Ángel Pérez Sánchez

Descubre los misterios que esconde El Sabinito, en Tamaulipas, zona arqueológica cuya posición geográfica contribuyó a la relación entre las culturas mesoamericanas y aridoamericanas. ¡Conócela!

El estado de Tamaulipas ha sido desde tiempos inmemoriales una tierra de frontera al nivel del Trópico de Cáncer, línea que constituye una barrera ecológica continental, al separar las áridas estepas templadas del norte de las llanuras y montañas de fecunda vegetación tropical situadas al sur.

Esta frontera ecológica o climática determinó las dos grandes divisiones culturales del México precolombino: Mesoamérica y Aridoamérica. Es de conocimiento general que Mesoamérica, al sur del Trópico de Cáncer, estuvo representada en Tamaulipas por los agricultores sedentarios huastecos de cultura más avanzada; mientras que al norte, en Aridoamérica, existieron numerosos grupos nómadas cazadores-recolectores de filiación coahuilteca, en un estado primitivo, conocidos genéricamente con el nombre de chichimecas.

Sin embargo, de acuerdo con las investigaciones de Richard MacNeish, Guy Stresser-Pean y otros descubrimientos arqueológicos, encontramos que otro importante grupo cultural sedentario se desarrolló en el ámbito de la Sierra de Tamaulipas —macizo montañoso semitropical localizado en la parte centrosur del estado— y formó sociedades caracterizadas por un gran avance tecnológico-arquitectónico. Magnífico ejemplo de esta cultura es un extenso asentamiento prehispánico situado en las primeras elevaciones de la parte norte de esta sierra al oriente de Ciudad Victoria: la zona arqueológica de El Sabinito. 

LA ANTIGUA CIVILIZACIÓN INDÍGENA DE LA SIERRA DE TAMAULIPAS 

Analizando las conclusiones de las diferentes investigaciones realizadas en la región, podemos decir que los antiguos pobladores de El Sabinito, y de muchos sitios más esparcidos por toda la sierra, eran pueblos indígenas pertenecientes a la gran familia uto-azteca o uto-nahua, que emigraron hacia el oriente y llegaron a esta región del Golfo de México unos mil años antes de nuestra era. Sólo después de desplazar o asimilar a las tribus primitivas locales, poco numerosas en ese entonces, estuvieron en condiciones de desarrollar una civilización original, poseedora de los elementos esenciales mesoamericanos —gracias a la influencia de la Huasteca—, pero que a la vez conservaba ciertas creencias y costumbres chichimecas.

En la Sierra de Tamaulipas se observan tres fases arqueológicas relacionadas con Mesoamérica —Laguna, Eslabones y La Salta— que cubren el periodo del 650 a.C. al 1000 d.C. Existió un panteón cultural inicial definido por una constante evolución y por la aparición de pueblos esparcidos entre la sierra que llegaron a concentrar hasta 400 casas, localizadas alrededor de plazoletas y plataformas; hechas de bajareque, se edificaron sobre pequeños basamentos circulares. Pero fue en la primera mitad del milenio inicial de nuestra era cuando esta cultura alcanzó su máximo esplendor, al ensancharse las concentraciones urbanas hasta mil casas, las cuales formaron pueblos en las cumbres de los cerros, con un núcleo central de pirámides pequeñas.

La sencilla planificación urbana sugiere la existencia de un gobierno posiblemente teocrático y centralizado, y la cerámica indica intercambios comerciales con la zona nuclear de Mesoamérica. En los siguientes 500 años, al parecer existió un decremento demográfico y una regresión cultural progresivos, debido quizás a un deterioro climático —años con periodos muy prolongados de sequía—. Esto acarreó condiciones naturales menos favorables para sostener a poblaciones con gran número de habitantes, y probablemente originó el abandono de estos grandes centros urbanos. La última fase de ocupación de la Sierra de Tamaulipas es la llamada Los Ángeles, entre 1200 y 1748 d.C., sin nexos con las anteriores y donde se produce el colapso de esta parte marginal de Mesoamérica, así como la ocupación de la región sur de Tamaulipas por grupos nómadas procedentes de Aridoamérica.

En los siglos XVII y XVIII, los españoles encontraron pueblos agrícolas habitando la Sierra de Tamaulipas en rancherías semipermanentes de chozas de palma: los pasitas, hacia el norte, en el área del Cañón del Diablo —cerca de El Sabinito—; los mariguanes y carimariguanes, en el sur y sureste de la sierra; y los maratines, en la parte oriental. Es muy probable que estos pueblos, en esa época culturalmente más atrasados, hayan sido los descendientes de esa gran civilización indígena, edificadora de las magníficas ciudades megalíticas de la Sierra de Tamaulipas. 

EL SITIO ARQUEOLÓGICO DE EL SABINITO 

El Sabinito, zona arqueológica descubierta en 1987, está situada en la Sierra de San José de las Rusias (derivación hacia el norte de la Sierra de Tamaulipas), dentro del municipio de Soto La Marina. Estas importantes ruinas fueron restauradas gracias a un programa de rescate del patrimonio arqueológico emprendido por el INAH Tamaulipas.

Al llegar a las ruinas del El Sabinito nos quedamos realmente sorprendidos por su magnitud y grandiosidad, ya que supera por mucho la noción que tenemos de la existencia de este tipo de vestigios indígenas en ese estado; en seguida nos dedicamos a recorrer el hermoso conjunto de monumentos arqueológicos que conforman El Sabinito. Son de admirar los basamentos circulares, muros de contención, terrazas y escalinatas, construidos con grandes lajas de piedra caliza. El sitio de El Sabinito fue descubierto en 1987 en una región casi virgen, de vegetación selvática con grandes árboles, por el señor Aureliano Medina, cuando se internó en el espeso monte 6 km al norte del ejido de igual nombre —comunidad situada en el km 96 de la carretera de Ciudad Victoria a Soto La Marina— con el fin de localizar madera para cortar postería.

Quedó sorprendido de tan extraño hallazgo y guardó el secreto hasta que pudo ir a Ciudad Victoria a informar su descubrimiento ante el Instituto Tamaulipeco de Cultura. Pronto una comisión designada estuvo en el sitio, y meses después el arqueólogo Jesús Nárez, quien tenía a su cargo la restauración de El Balcón de Moctezuma, conoció el lugar. Tras la terminación del proyecto de El Balcón inició las labores de restauración en El Sabinito; desgraciadamente, al poco tiempo de estar trabajando en este último, enfermó de gravedad y falleció en 1995. La exploración se detuvo momentáneamente, pero a principios de 1997 los arqueólogos Noel Morelos García y Guillermo Córdoba Tello fueron comisionados para restaurar e investigar las ruinas, y lograron un excelente trabajo en corto tiempo con la ayuda de los ejidatarios que viven en la comunidad actual.

El sitio arqueológico de El Sabinito representa para Tamaulipas la máxima expresión del nivel cultural alcanzado por los antiguos indígenas que vivieron en este territorio hace dos o tres mil años, porque todas las construcciones, además de estar muy bien conservadas, fueron edificadas con mucha simetría y con cierto conocimiento de arquitectura. Destaca entre ellas una pirámide de regulares dimensiones muy parecida a las estructuras de caracol existentes en la zona maya del sureste de México, con escalinatas al norte y sur, y dos muros laterales que envuelven en forma espiroidal el núcleo central de la pirámide; la exploración del sitio ha permitido detectar la existencia de 600 estructuras de las cuales ya han sido rescatadas de la selva más de 30 de ellas y algunas son verdaderamente impresionantes. Llaman poderosamente la atención dos grandes edificios circulares gemelos que parten desde la ladera, unidos entre sí por un muro con escalinata para llegar hasta una gran plaza ceremonial, a la cual se accede también por medio de terrazas escalonadas de otros edificios que la circundan.

En esta plaza, donde se ubica la pirámide mayor, encontramos también un singular altar ceremonial —¿altar de sacrificios?— de unos 2 metros de ancho por 6 de largo, con desniveles en los extremos, semejante a un podio de premiación olímpica. Aparte de haber servido como una importante zona residencial, su situación geográfica sobre la cumbre de un cerro nos hace pensar que pudo haber funcionado también como puesto de observación y control, desde donde se vigilaba y avisaba de posibles incursiones de grupos nómadas cazadores-recolectores de la región quienes, en temporadas de sequía o hambruna, se veían tentados a atacar los asentamientos de los pueblos agricultores en busca de alimentos. Por lo tanto, la disposición de las construcciones en terrazas y terraplenes, además de permitir a los habitantes contar con una adecuada superficie uniforme donde realizar sus diversas actividades cotidianas, servía para cubrir necesidades básicas de defensa debido a la ventaja militar de las construcciones en desnivel. 

¿CUÁLES FUERON LOS ORÍGENES? 

Podemos decir que la civilización indígena de la Sierra de Tamaulipas recibió una poderosa influencia cultural de la zona nuclear de Mesoamérica —aunque en forma empobrecida— a través de la civilización huasteca; esta última, a su vez, fue una cultura de tipo marginal comparada con las altas civilizaciones de la zona central de México, pues no alcanzó una gran complejidad social, quizá debido a un entorno natural con condiciones climáticas más desfavorables y a la constante presión de los grupos nómadas cazadores-recolectores de la Aridoamérica.

Sin embargo, el descubrimiento del sitio arqueológico de El Sabinito y la magnitud de esta gran ciudad que se encontraba perdida en la sierra nos obliga a reconsiderar los orígenes históricos de las ancestrales etnias pobladoras; además nos confirma que, en el noreste de México y durante la época Clásica, el área cultural mesoamericana se extendía varios kilómetros más allá del Trópico de Cáncer, siendo el río Soto La Marina —o Las Palmas, como se le conocía en al antigüedad— su límite más septentrional.

CÓMO LLEGAR A EL SABINITO

Toma la carretera 70 que va de Ciudad Victoria a Soto La Marina. En el km 96 existe una señal que anuncia al ejido El Sabinito; dobla a la izquierda por una brecha revestida 1 km hasta llegar al ejido, y de ahí continúa 5 km por un kilómetro de terracería que conduce hasta la zona arqueológica. En cuanto a servicios, en Ciudad Victoria o Soto La Marina puedes encontrarlos todos.

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