Los vestigios arqueológicos de Ixtépete, centro ceremonial cercano a la ciudad de Guadalajara en el municipio de Zapopan y los hallazgos recientes de más de una veintena de tumbas de tiro en el Valle de Atemajac, permiten inferir que hubo importantes ocupaciones durante el período clásico (200 a.C.-650 d.C.)
Poco antes de la conquista, el Valle
estuvo habitado en su mayor parte por grupos cocas y tecuexes,
congregados en pequeños poblados dependientes del señorío de Tonallan,
que fueron sometidos sin mayor resistencia por Nuño Beltrán de Guzmán en
1530.
Al finalizar el año siguiente, Guzmán emprendió la
conquista hacia el norte encomendando a Juan de Oñate que cruzara la
barranca del río Santiago y lo más lejos posible pero con prudencia,
fundara sin exponerse una población española. Así el 5 de enero de 1532
en las cercanías de Nochistlán, en el actual Zacatecas, se fundó
Guadalajara.
Condiciones adversas a los colonos provocaron el
traslado de esta ciudad a Tonalá, mas la estancia allí fue efímera y poco
después los hispanos se instalaron cerca de Tlacotan, donde
permanecieron hasta 1541. La rebelión de los caxcanes más conocida como
la guerra del Mixtón, que puso en grave peligro el dominio español,
llegó hasta las inmediaciones de Guadalajara. Sofocada la revuelta "a
fuego e sangre" por el poderoso ejército encabezado por el virrey
Antonio de Mendoza, la ciudad alcanzó la paz pero quedó sin mano de obra
indígena por lo que, en busca de ella, decidieron mudar la población,
encontrando adecuado el Valle de Atemajac, donde se hizo la última y
definitiva fundación el 14 de febrero de 1542. Posteriormente, se
confirmó la noticia de que, casi tres años antes, el rey le había
concedido el rango y los privilegios de ciudad.
En 1546 el Papa
Paulo III creó el Obispado de Nueva Galicia y en 1548 se instauró la
Audiencia de igual nombre; la sede de ambas jurisdicciones estuvo, en un
principio en Compostela, Tepic, hasta que en 1560 se ordenó su cambio a
Guadalajara convirtiéndola así, en cabecera judicial del vasto
territorio denominado entonces Audiencia de Guadalajara, en capital del
Reino de Nueva Galicia y en sede del Obispado. Como toda ciudad española
fue trazada a modo de tablero de ajedrez a partir de la que fuera la
plazuela de San Fernando y también como era la costumbre, fuera de la
traza quedaron los barrios indígenas de Mexicaltzingo, Analco y
Mezquitán. El proceso de evangelización fue iniciado por los
franciscanos, a los que siguieron los agustinos y los jesuitas.
Paulatinamente,
con dificultades y tropiezos pero también con aciertos, Guadalajara fue
creciendo y afirmándose como centro económico y de poder, tanto así,
que a mediados del siglo XVIII un significativo número de acaudalados
tapatíos pretendieron que Nueva Galicia con Nueva Vizcaya integrara un
virreinato ajeno totalmente a la Nueva España, objetivo no logrado por
estar en puerta las reformas político-administrativas de 1786 que
modificaron la estructura territorial dividiendo todo el virreinato en
12 intendencias, una de las cuales fue Guadalajara.
Durante la
colonia, especialmente en el siglo XVIII, el auge económico deja un
legado arquitectónico, cultural y artístico, cuyos testimonios aún
permanecen en toda la ciudad.
Los aires independentistas que
corrían por todo el territorio novohispano penetraron a Jalisco, por lo
que al estallar la guerra de la Independencia en diferentes lugares de
la Intendencia hubo levantamientos.
E1 26 de noviembre de 1810
don Miguel Hidalgo al mando de un numeroso ejército, entró a Guadalajara
y fue recibido por José Antonio Torres, quien poco antes había tomado
la ciudad. Hidalgo emitió aquí un decreto aboliendo la esclavitud, el
papel sellado y las alcabalas y auspició la impresión del periódico
insurgente El Despertador Americano.
E1 17 de enero de 1811 los
insurrectos fueron derrotados en el puente de Calderón y las tropas
realistas de Calleja recuperaron Guadalajara asumiendo el mando José de
la Cruz, quien con el obispo Cabañas, aniquiló cualquier brote de
rebeldía.
Proclamada la independencia en 1821, se erigió el
estado libre y soberano de Jalisco quedando Guadalajara como capital del
estado y sede de los poderes.
La inestabilidad que prevaleció a
lo largo de casi todo el siglo XIX en el país, agravada por las
invasiones extranjeras dificultaron, pero no impidieron que en el estado
y particularmente en su capital continuara el desarrollo en diversos
órdenes. Ejemplos tangibles son: en el segundo cuarto del siglo, la
creación del Instituto de Ciencias del Estado; la construcción de la
Escuela de Artes y Oficios, del Jardín Botánico, la Penitenciaría y el
Panteón de Belén, así como la apertura de las primeras fábricas.
A
principios de la década de los ochenta aparecieron tranvías urbanos de
tracción animal, la luz eléctrica se instaló en 1884, en 1888 llegó el
primer ferrocarril de México y el de Manzanillo en 1909. En los noventa,
don Mariano Bárcena fundó el Observatorio Astronómico y el Museo
Industrial.
Durante la revolución, en Guadalajara se suscitaron
algunos actos de rebeldía contra la dictadura de Díaz, como huelgas
obreras y protestas estudiantiles e incluso, Madero fue recibido en 1909
y 1910 con grandes muestras de simpatía. Sin embargo, no ocurrieron
hechos beligerantes de tras candencia. En cambio, la capital tapatía
sufrió una especie de estancamiento que finalizó en 1930 una vez pactada
la paz rota por la guerra de los cristeros, comenzando un afán de
modernización que no ha terminado.
Ver también Ciudades
Coloniales: Guadalajara , Jalisco






