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Arroyo Seco: Un paraíso para los amantes del surf en Jalisco

Dos de nuestros #ViajeroExpertosMD se lanzaron a las costas del Pacífico para descubrir este rincón, dotado de excelentes olas (de todos tamaños), ideales para practicar el surf ¡al extremo!

Benjamín Soto y Cristóbal de Alba

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… Inhalo profundo. Tomo todo el aire que puedo sin desatender con la mirada la siguiente ola que viene justo sobre mí. Llega, me sumerjo –o más bien me dejo sumergir– y empiezo a contar los segundos mientras mi cuerpo da vueltas sin ofrecer resistencia. Uno, dos, tres… Atado a mi brazo tengo una carcasa que protege mi cámara. La abrazo bien, a fin de cuentas es una parte fundamental de la razón por la que estoy aquí.

Antes de partir

Todas las historias comienzan en nuestra oficina, creo que es lo que más me gusta de tenerla, es siempre la primera y la última parada de mis viajes. Ahora, en mi monitor, la imagen de una ola reventando en cámara lenta es dueña tanto de toda mi atención como de mis anhelos. Acabo de comprar un housing, un cascarón protector que me permite sumergir la cámara y resistir impactos de grandes olas. Mi aventura en Arroyo Seco nació en el momento mismo en que lo pagué.

Las reglas del universo

Por alguna razón que parece evadir las reglas del universo, el camino de ida es siempre más largo que el camino de regreso. Eran las cuatro de la tarde y circulábamos por la carretera 54 D, camino a Colima. Mau, quien venía en el asiento trasero, preguntó:

—Entonces ¿a qué vamos? —una camioneta roja, cargada con tablas de surf, kiteboards, casas de campaña y equipo fotográfico no debía dejar muchas dudas, pero de cualquier modo era justo contestar. Mau es uno de los campeones nacionales de kitesurf, y también muy buen surfista. En cuanto le dijimos que nos dirigíamos a Arroyo Seco estaba arriba del carro, aunque nunca le explicamos nada más.

—Acabamos de comprar el housing y estamos tratando de fotografíar la fuerza del mar desde su interior, lo que buscamos es una ola. No es lo que hay, sino lo que puede haber— contesté explicando el plan, o lo que haríamos a falta de este. Una marea se estaba acercando y podría traer grandes olas con ella. Arroyo Seco es una gema secreta de la comunidad surfer de Jalisco y era un buen lugar para tratar de encontrarla.

Benjamín Soto y Cristóbal de Alba

Las mareas se predicen a través del forecast de surf. Estos se encuentran en las páginas de las principales marcas y revistas de esta disciplina de todo el mundo. Como cualquier tema referente al clima, predice pero no siempre se acierta. La semana siguiente a nuestro viaje fue cuando llegó lo que se conoció popularmente como mar de fondo, una marea tan alta que dejó destrozos a lo largo de toda la costa del Pacífico, con olas de hasta 15 metros en algunos puntos del país.

Manejamos un par de horas más y tomamos una desviación hacia Manzanillo, seguimos la costera 200 D hacia Vallarta y, muchos topes, después llegamos. A diferencia de otros lugares, no había grandes portales ni coloridas señales, simplemente un tímido letrero verde en el que se alcanzaba a leer: Arroyo Seco.

Sorpresas nocturnas

Armar el campamento de noche siempre tiene su encanto, nunca se sabe cómo te despertará el sol al día siguiente. Encontramos una enramada frente al mar y un par de palmeras al lado de lo que parecía ser una construcción olvidada. Bajar, desdoblar y armar. Unos minutos después el campamento estaba montado. Era una noche oscura, con una luna que tímidamente se asomaba entre las nubes pasajeras.

—¡Wow, vengan!— alcancé a escuchar el grito de Mau a lo lejos mientras desempacábamos el equipo fotográfico; él se había acercado a la orilla del mar y a pesar del viento su emoción resonaba hasta acá. La marea –pensé– ya llegó. Y corrí emocionado hacia la orilla con la esperanza que la oscuridad fuera menos densa ahí y unas grandes olas se levantaran frente a mí. –¿Qué? ¿Dónde está?– le reclamé desesperado por no poder ver nada que diera indicios de que tendríamos buenas olas para fotografiar. –¡Mira, necio, aquí!– Y señaló a sus pies. Desconcertado por el ángulo de su mirada, volteé hacia abajo y lo vi: explosiones de luces verdes fosforescentes bailaban alrededor de mis pies con cada ola. Era el plancton más abundante y más intenso que había visto. Era verdaderamente una experiencia mágica. Las olas iban y venían y con cada una se iluminaba la costa. Con apenas unos minutos en nuestro destino, el lugar ya nos había dado nuestra primera lección. Hay veces que puedes estar tan obsesionado por buscar, que puedes estar literalmente parado sobre tu tesoro y no darte cuenta. Quise tomar una foto y con un par de intentos supe que sería imposible capturar la belleza del momento. Era una de esas ocasiones donde lo que nos tocaba era disfrutarlo y guardar la experiencia en la memoria.

Benjamín Soto y Cristóbal de Alba

Amanecer

La alarma suena. El día aún no clarea y es momento de despertar. Si algo hay que reconocerles a los surfers es que a pesar de ser una comunidad de mucha fiesta son verdaderamente disciplinados cuando de empezar el día temprano se trata. Por las mañanas el viento no sopla y las mareas son constantes, lo que genera las condiciones adecuadas para una buena ola. Sin importar que tan larga hubiese sido la fiesta del día anterior los buenos surfers siempre están dentro del mar junto al primer rayo del sol. Afortunadamente para nosotros, los fotógrafos, también esas son las mismas condiciones para las mejores imágenes. Tomé fuerzas y salí del sleeping bag, estiré mi cuerpo, y con un segundo esfuerzo, estaba fuera de la casa de campaña. La belleza era absoluta. Un par de kilómetros de playa se extendían frente a mí, el cielo pintaba las nubes de un rosa en constante cambio y el mar reflejaba en sus pequeñas olas algunos destellos metálicos. Era tan bello, era tan pacífico, era tan… ¡Alto! ¿Cómo? ¿Pequeñas olas? ¿Mar calmado, mar pacífico? ¿No se suponía que veníamos en busca de una gran marea? Mi gusto por disfrutar la sorpresa de una bella mañana no duró mucho, estaba decepcionado, habíamos hecho un viaje largo con la ilusión de un encuentro, y las olas no habían llegado a la cita.

–Vayan a Playa Chica, ahí puede estar un poco mejor, cinco minutos en aquella dirección, sigan la terracería y tomen la desviación de la izquierda–, nos dijo una voz que pareció salir de la nada.

–Raúl, ¡buen día!– dije sorprendido de verlo ahí. Era el dueño del terreno en el que habíamos dormido. Lo encontré la noche anterior caminando por la playa y en cuestión de segundos nos había ofrecido un espacio frente a su casa.

–Entonces, ¿Crees que esté mejor allá?

–Pues no habrá grandes olas, eso seguro, pero tal vez puedan surfear algo. Giré la mirada en dirección al mar que se vislumbraba plano como un espejo y decidí que no tenía nada que perder. Cinco minutos después, y el camino de terracería nos dejaba justamente frente a un grupo de surfers. A pesar de todo, la mañana no sería tan mala.

–¿Te vas a meter con eso?– me dijo uno de ellos señalando mi cámara.

–¿Quién… yo?… Ah sí. Estaba esperando la marea pero veo que no llegó– le contesté.

–Se ven chicas, pero no se confíen. Acá en Arroyo las olas tienen fuerza– alcancé a escuchar mientras se alejaba rumbo al mar.

–Soy Memo, surfo de Melaque, por cierto– y desapareció en la espuma de una ola mar adentro.

Benjamín Soto y Cristóbal de Alba

Cualquier ola es buena ola

A pesar de no ser las mejores olas, la mañana es divertida. El día es bueno y el mar constante. Me sorprende ver que los mismos surfistas que disfrutan las imponentes olas de tres o cinco metros, puedan disfrutar también las pequeñas. Su gusto por el surf es tal, que no importa cómo, mientras estén arriba de una tabla están felices. Yo mientras tanto, descubro que tomar esa gran foto que tanto he deseado será más complicado de lo que pensaba. Las gotas en el lente, la posición dentro del mar, el foco. Cada cosa es mucho más complicada de lo que podrías imaginar cuando estás mar adentro. A pesar de esto, lo bello del paisaje y el talento de los surfers son suficientes para poder conseguir un par de tomas buenas. El tiempo pasó y cada vez eran menos los surfistas que estaban dentro del mar. Poco a poco iban decayendo las buenas condiciones que la mañana le otorga al mar. El sol calienta el ambiente y las corrientes de aire empiezan a soplar. Las olas ya no son tan predecibles ni tan perfectas, poco a poco me voy dando cuenta que ya no las esquivo tan fácil y que sus impactos sobre mi tienen mayor consecuencia. De repente, como salida de la nada, aparece frente a mí una gran pared de agua, con cada segundo que pasa se acerca más y crece. Sin que pudiera hacer nada para cambiarlo, alcanza su punto más alto y descarga toda su fuerza y sus miles de litros justo sobre mi cabeza. La energía de la ola me manda al fondo del mar, intento controlar mi cuerpo pero muy pronto acepto que es imposible. Me dejo sumergir y me dejo girar. Pierdo completamente la noción de arriba y abajo, superficie y fondo, confío en que no habrá alguna roca por ahí y mi única preocupación es que a la ola se le acabe la fuerza antes que a mí el oxígeno; mientras mi cuerpo da vueltas débil y descontrolado, me pregunto que hubiera sido de mí si aquella gran marea se hubiera presentado a tiempo. Afortunadamente para mí esta vez, no pasará de un buen revolcón. Uno, dos, tres, cuatro…

Un día como cualquier otro

Han pasado algunas horas desde mi encuentro con la fuerza del océano. En cualquier otra circunstancia seguiría un poco shockeado pero hay tanta tranquilidad en mi entorno que simplemente me contagio. No hay tiempo ni teléfonos, no hay prisas ni preocupaciones. Algunos se pierden en las páginas de un libro y otros en las notas de la guitarra, Mau por su parte ya se encuentra aprovechando el viento de la tarde para kitear. El lugar nos regala un sol gigante para despedir la tarde con un poco de yoga. Todo y nada. Así es Arroyo Seco. Se puede hacer todo lo que siempre se ha querido y, sin embargo, no hay nada.

Cinco sentidos

Siente
Disfruta del agua fresca del mar te revitaliza y carga de energía.

Mira
Admira el atardecer desde la punta de la bahía y cómo el sol se enrojece y baja cada vez más hasta perderse tras el horizonte.

Prueba
Un buen pescado a la leña, cocinado con tus propias manos.

Huele
Aspira profundo y graba en tu memoria ese olor tan inconfundible del mar o el aroma ahumado y a madera quemada que deja una fogata por la mañana.

Escucha
Medita con el sonido arrullador y casi hipnotizante del romper de las olas en la playa.

Benjamín Soto y Cristóbal de Alba

Qué hacer

Surfing
Playa Chica es una pequeña bahía donde generalmente se forman las mejores olas, a veces un tanto peligrosas, no es recomendable meterse si no se tiene experiencia. Se puede también surfear en la punta sur de Playa Grande. Si requieres clases, renta o comprar equipo puedes buscar a Artemio Rosas de Christianos Surf School Mexico. Tel. 01315 111 0041

Kitesurfing
Si el aire sopla bien, gracias a la extensa Playa Grande, se puede practicar kitesurf de primer nivel.

Relajarse
Siendo una playa casi deshabitada, qué mejor lugar para olvidarse de todo y dejarse llevar por la tranquilidad del lugar o la historia de un buen libro.

Caminata de punta a punta
Vale la pena levantarse temprano o esperar a ya, entrada la tarde, caminar desde un lado al otro de Playa Grande. En uno de sus extremos se encuentra una palapa donde se puede apreciar una increíble vista al mar, con el sol ocultándose justo frente a ti.

Dónde comer

King Kong
Siguiendo el camino principal de Playa Grande, se encuentra justo al final, un agradable lugar, con su palapa, palmeras, buen menú y excelente servicio. Siendo un lugar tan pequeño, las opciones no son muchas, por lo que parte del encanto es preparar tu propia comida. Acuérdate de ayudar al comercio local, se puede comprar lo necesario en las abarroteras del pueblo, las cuales abren hasta tarde. Un buen pescado fresco preparado a las brasas es altamente recomendable.

Dónde dormir

Camping
Se puede acampar en cualquiera de las dos playas, Playa Chica está totalmente deshabitada, pero los spots de camping no son muchos y el sol pega fuerte. En Playa Grande, se puede buscar una sombra frente al terreno de algún habitante local, la mayoría son muy accesibles y pidiéndoles permiso se puede llegar a un acuerdo. También se puede acampar en los restaurantes como King Kong y otros.

Cómo llegar

Para el camino de cuota, saliendo de Guadalajara toma la salida a Colima, (Av. López Mateos) Autopista 54 D, y luego continúa por la carretera estatal 200 D hacia Manzanillo, pasando Melaque, la Manzanilla y por último toma la salida a la izquierda unos cuantos kilómetros después de pasar el pueblito Agua Caliente Nueva, seguirás una brecha hasta llegar a Arroyo Seco.

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