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Benigno y Ángel Zenteno, héroes zapatistas desconocidos

Mariana López, solicitó al gobierno una pensión vitalicia como viuda de un revolucionario y acompañó su solicitud con una crónica de los hechos militares de Benigno. Al elaborar ese docu­mento contribuyó al rescate de un aspecto inédito e invaluable de la historia mexicana.

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Benigno, héroe revolucionario desafortunado y desconocido, tuvo una muerte trágica que Mariana, su viuda,  narra con un dramatismo estremecedor.

Son las 10 de la noche del 28 de marzo de 1912. En una celda de la penitenciaría de Puebla 21,hombres se abrazan emocionados esperando el momento de iniciar la fuga. Ocho meses han pasado recluidos desde que las autoridades poblanas ordenaron .su detención, después de los combates del 12 y 13 de julio en la angelópolis. Un mes ha pasado desde que comenzaron a excavar el túnel de 60 m de longitud que los conducirá hacia la libertad. 

Los presos sortean el orden de salida y acuerdan dejar un acta donde niegan rotundamente las calumnias por las que fueron confinados. También deciden dejar las herramientas que utilizaron (pedazos de arillo de acero, un cable de luz y un foco), mudos testigos de su impulso libertario.  El preso número nueve en salir es el coronel Benigno N. Zenteno, artífice de la evasión. Casi un año ha transcurrido desde que se levantó en armas, el 10 de mayo de 1911, en Tepetitla Lardizábal, Tlaxcala, al mando de 22 hombres. El 31 de ese mismo mes, este dirigente, entonces maderista, entraba triunfalmente a la capital tlaxcalteca, al frente de una columna de 3 000 insurgentes. 

Durante los días inmediatos a la fuga, los periódicos poblanos comentan escandalosamente el suceso y apodan a Zenteno “el segundo Conde de Montecristo”, a la vez que ingenieros comisionados por el propio gobierno se admiran de la proeza técnica del túnel. La policía y el ejército federal inician inmediatamente la búsqueda de los revolucionarios y fusilan, sin mediar juicio, a los pocos que encuentran. Zenteno logra burlar la persecución y se interna en el estado de Morelos para ponerse a las órdenes del general Emiliano Zapata. Como premio a su acción el 16 de abril de 1912, Zapata lo asciende a general de brigada.

Mariana López viuda de Zenteno es quien nos recrea este pasaje de la vida de su esposo, un héroe que ha pasado inadvertido en gran parte de los libros que tratan sobre la Revolución Mexicana. Fallecida en 1979 a los 96 años de edad. Mariana, en un momento de desesperación económica, solicitó al gobierno de Adolfo López Mateos una pensión vitalicia como viuda que era de un revolucionario, acompañando su solicitud con una crónica de los hechos militares de Benigno. Y aunque nunca le otorga­ron la pensión, al elaborar ese docu­mento contribuyó al rescate de un aspecto inédito e invaluable de la historia mexicana.   

¿QUIÉN ERA BENIGNO N. ZENTENO?  

Benigno N. Zenteno Hernández junto con su hermano Ángel, provenían de una familia acomodada, oriunda de Santa Ana Coapan, Puebla. El abuelo de ellos, Andrés Zenteno, había sido el fundador del pueblo y después uno de los caciques más importantes de la región, pero con ideas liberales. Sobre esta base familiar, los hermanos tuvieron acceso a la educación. Benigno se formó de manera autodidacta y Ángel se graduó como profesor normalista. 

En la segunda mitad del siglo XIX, la familia Zenteno se había convertido al protestantismo. Los dos hermanos participaron intensamente en la comunidad religiosa y fungieron como pastores suplentes en la Iglesia Metodista de México. Desde el púlpito comenzaron a desarrollar sus facultades oratorias, mientras su cultura se iba incrementando a través de abundantes lecturas y sus ideas recibieron la influencia ole las corrientes revolucionarias de principios de siglo. Aunado al ejercicio de la oratoria, hay evidencia de que los hermanos Zenteno escribieron con frecuencia. Mariana cita en su crónica que Benigno y Ángel publicaron, en plena guerra, un folleto llamado El Máuser Zapatista, del cual no hemos podido rescatar ni siquiera una hoja. De Ángel se han podido localizar algunos artículos publicados en la revista El Abogado Cristiano y dos discursos mecanografiados. De Benigno se cuenta con un texto que lleva por título Proyecto para las colonias agrícolas militares, donde el general incluye un ideario a manera de introducción. Estos documentos, junto con la narración de Mariana y otros escritos, serán editados próximamente en un volumen que se titulará Documentos históricos de los hermanos Zenteno.   

INFORTUNIO Y HEROÍSMO  

Desde los inicios de su lucha, Benigno N. Zenteno sufrió múltiples accidentes. Su confinamiento en la penitenciaría se debió a una venganza por haber mantenido presos a los complotistas descubiertos por Abraham Martínez y Gildardo Magaña y que Madero ordenó liberar en la ciudad de México, no obstante que urdían su muerte. El mismo Madero felicitó al coronel Aureliano Blanquet por la carnicería que realizó contra las tropas del coronel Zenteno y el general Gracia, apostadas en la plaza de toros, junto con sus familiares, además de que les ordenó depusieran las armas. Durante los meses que Benigno N. Zenteno pasó en prisión, los zapatistas redactaron el Plan de Ayala, por lo cual su firma no aparece en tan importante documento.   

En la segunda mitad de 1913, Benigno sufrió uno más de sus infortunios. Una grave complicación de los riñones lo obligó a solicitar licencia a Emiliano Zapata. Después de permanecer un mes en Santa Ana Coapan, decidió trasladarse a una población del estado de Veracruz, llamada Pantano. Allí lo sorprendieron los federales, quienes al catear la choza donde se escondía encontraron una foto del general con sus tropas y unos recibos de pago. Benigno, junto con tres de sus soldados, además de Mariana y dos de sus hijos, fueron conducidos a Veracruz. Era el 22 de diciembre de 1913.  Confinados en San Juan de Ulúa, los revolucionarios, que ya sumaban una gran cantidad, fueron condenados a “destierro” en los territorios de Yucatán y Quintana Roo y embarcados, a mediados de enero de 1914, en el buque Progreso. Los militares dividieron a los presos en dos grupos. En el destinado a Yucatán quedaron Benigno y Mariana. 

Durante su reclusión en el cuartel La Mejorada, en Mérida, el general Zenteno estuvo a punto de ser ahorcado por el rumor de que intentaba sublevar a la guarnición. Ante los ruegos de Mariana, tan sólo fue confinado a un calabozo. Allí permaneció hasta abril, cuando los militares yucatecos decidieron enviar a los presos, en leva, a combatir contra las fuerzas norteamericanas que estaban atacando el puerto de Veracruz. 

La intervención yanqui provocó en Puebla otro acontecimiento de gran interés. Un grupo de metodistas, entre los cuales estaba Ángel Zenteno, decidió alistarse para combatir a los agresores; sin embargo, al descubrir que eran conducidos a luchar contra fuerzas rebeldes, desertaron, incorporándose algunos, posteriormente, al ejército zapatista. A fines de 1914, Ángel se reunió con Benigno y juntos siguieron luchando hasta la muerte del primero, el 28 de junio de 1916, cuando el traidor Domingo Arenas atacó su campamento de Coyotempilco, en la falda oriente del volcán Iztaccíhuatl. Respecto al conflicto con los yanquis, el regimiento de presos fue embarcado junto con sus mujeres e hijos en el mismo buque Progreso. Mariana narra la odisea de la embarcación cuyos suministros se agotaron un día antes de llegar al puerto de Veracruz. Allí ya se encontraban varios acorazados de la flota norteamericana, que obligaron a la tripulación a emprender el retorno. El buque fue a desembarcar en el puerto de Alvarado, donde la población, alegremente, brindó todo tipo de ayuda a la tropa y a sus familiares. 

De Alvarado, por ferrocarril, el grupo se dirigió a Tierra Blanca y de allí a la ciudad de México. En este segundo trayecto, Benigno decidió abandonar el improvisado regimiento para dirigirse a Morelos, mientras Mariana buscó reunirse con sus hijos en Panotla, Tlaxcala. De Benigno sólo tendría noticias hasta junio de 1914, cuando algunas personas le informaron que estaba participando en el sitio de Cuernavaca, ciudad que fue tomada en agosto de 1914. En septiembre, Zapata lo nombra general de división. 

Durante la segunda mitad de 1914 y gran parte de 1915, Benigno participó en los principales combates del momento más álgido del zapatismo. Mariana nos narra sus combates en Tlaxcala contra Máximo Rojas y su participación en las diversas tomas de la ciudad de México. Cuando Villa y Zapata se reúnen en Xochimilco, Benigno había recibido órdenes de atacar Puebla, por lo cual no aparece en las fotos históricas junto a los caudillos. Posteriormente, cuando los revolucionarios vuelven a tomar la capital de la República en marzo de 1915, Benigno es nombrado por Zapata mayor de órdenes y establece sus oficinas en el edificio que ocupaba el periódicoEl Imparcial. 

En este periodo de combates, Mariana veía muy poco a Benigno. Sin embargo, y en un gesto de heroísmo, se las ingeniaba para llevarle municiones al campamento de Coyotempilco. Tal vez a estas fechas corresponda elProyecto para las colonias agrícolas militares, pues por entonces en Morelos los zapatistas habían llevado a la práctica los repartos de tierras.Zenteno, en la medida de sus posibilidades, realizó diversas obras sociales en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, entre ellas la construcción de un molino de trigo. Los trabajos de una planta generadora de luz fueron interrumpidos por la emboscada que le tendió el manco Arenas. Después de este incidente, el general Zenteno decidió trasladar su campamento a la falda poniente del volcán, a un lugar llamado Aitec. Allí sus fuerzas convivieron con las del general Rosalino Silva.   

Los postreros instantes del general Zenteno los narra Mariana con un dramatismo que aún estremece. Desde mediados de 1916, ante las derrotas de los revolucionarios, Zenteno había recibido diversas propuestas de armisticio por parte de los gobiernos de Puebla y Tlaxcala, las cuales nunca aceptó. Aún abrigaba la esperanza de un resurgimiento zapatista, y con tal expectativa acudió al llamado de Zapata para concentrar sus fuerzas en un ataque a la ciudad de Cuautla. El 28 de diciembre, después de haber pasado la Navidad con su familia, Benigno partió junto con el general Silva hacia Morelos. En su camino acamparon en Tlayacapan, y el 2 de enero de 1917, al explorar el terreno por donde pasarían, entre las haciendas Cocoyoc y San Carlos, fueron sorprendidos por las tropas del coronel Jesús Guajardo, que viajaban en el tren explorador de México a Cuautla. En la escaramuza, los revolucionarios fueron perseguidos y el caballo de Benigno se atascó en un pantano, Allí lo tomaron preso, lo arrastraron a cabeza de silla hasta la hacienda de San Carlos y lo colgaron. Su cuerpo permaneció durante tres días balanceándose y carcomido por los buitres. 

Cuando los zapatistas regresaron al campamento, el 7 de enero, el estupor de Mariana fue enorme al ver que Benigno no volvía. El mayor Pedro Caballas le dio la noticia. Ahora sólo le quedaban sus hijos. Uno de ellos, que llevaba en el vientre, se llamaría como su padre.  No seríamos justos si prescindiéramos de tan sólo un fragmento del ideario de Benigno. Su inmolación bien lo merece.  “He venido, pues, a la guerra, no impulsado por el deseo de obtener puestos públicos; no movido por la ambición de acumular riquezas, ni mucho menos impulsado por el odio político; he venido para destruir el pasado con sus viejas instituciones de retroceso, para combatir a los déspotas que conculcaron nuestras libertades, se burlaron de nuestros derechos e hicieron de México un paraíso para el extranjero y un infierno para el mexicano, y para contribuir a la edificación de la felicidad de este pueblo (de quien procedo y me enorgullezco de formar parte) vejado y escarnecido y sobre quien pesa todavía el espíritu de la dominación española.”

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