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Chucho el Roto, el bandido mexicano más elegante

14-04-2020, 11:17:05 AM
Tlaxcala
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Te contamos la historia de Chucho el Roto, el bandido del pueblo. Maestro del engaño y del disfraz, robaba a los ricos para ayudar a los más pobres.

Seguramente has escuchado algo sobre el famoso Robin Hood mexicano, Chucho el Roto. Se trata de un bandido que a finales del siglo XIX, en un país marcado por la desigualdad, robaba a los ricos acaudalados para ayudar con eso a los pobres y necesitados. Jesús Arriaga era su verdadero nombre y los registros señalan que nació en 1858 en Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

Jesús Arriaga, un gran ebanista

No se sabe mucho sobre la familia de Jesús Arriaga, solamente que al morir su padre, Jesús tuvo que trabajar para mantener a su madre y hermana. Así comenzó a ejercer el oficio de la ebanistería. Era muy bueno trabajando maderas finas, tanto que en 1879 fue contratado por el acaudalado señor Frizac. Quien necesitaba de sus servicios para reparar sillería italiana muy fina. El joven ebanista aceptó el trabajo que cambiaría su vida para siempre y daría origen a la leyenda que conocemos hasta nuestros días.

El origen de la leyenda de Chucho el Roto

El trabajo para el señor Frizac requería la presencia de Jesús en casa del millonario. Ahí conoció a la hermosa Matilde Frizac, hija de su entonces patrón, y de inmediato se enamoró de ella. Su amor fue correspondido, sin embargo, la diferencia de clases interfirió y complicó la relación. A pesar de todo, Matilde quedó embarazada de Jesús y tiempo después nació su hija Dolores.

La familia Frizac no soportó la idea de que Jesús fuera un humilde ebanista. Decidieron alejar de él a Matilde y a la pequeña Dolores. Le impidieron conocer a su propia hija, lo que detonaría la desesperación de Jesús quien al no ver otra alternativa, decidió robarla y huir. Los Frizac solicitaron una orden de aprehensión en contra de Jesús y así comenzó su vida de prófugo y bandido.

Cómo nació la figura de Chucho el Roto

A pesar de que Jesús devolvió a su hija, lo capturaron y llevaron a juicio. El juez en turno, Javier de la Torre, es a quien se reconoce como el primero en llamar “roto” a Jesús Arriaga. Pues al verlo vestido impecablemente en el juicio se cuenta que exclamo: “¡Mírenlo, es un roto!”. Según la jerga de la época se les apodaba “roto” a las personas de escasos recursos que acostumbraban a vestir bien, con trajes lujosos, bastones y elegantes sombreros.

El resultado del juicio no favoreció a Jesús: recibió el castigo de ser aprisionado en la antigua Cárcel de Belén en la Ciudad de México. Allí conocería a varios personajes que se convertirían en sus secuaces. Poco tiempo después logró escapar de prisión al disfrazarse con el atuendo del presidente de la junta de vigilancia de la cárcel. A plena luz del día Jesús logró fugarse y liberar a varios reos más.

San Juan de Ulúa

A partir de su primera fuga, la fama de bandido generoso y el peculiar nombre cobró gran relevancia en el país. Las historias de sus robos y hazañas eran noticia en todos los periódicos.

Cabe señalar que Chucho el Roto no era cualquier bandido, él era un maestro del engaño y el disfraz, un hombre sumamente astuto que tenía como principio nunca derramar ni una gota de sangre. Pronto se convirtió en el bandido del pueblo pues en plena desigualdad durante el Porfiriato se dedicó a robar a las clases altas y con ello ayudar a los más necesitados.

Después de tomar por asalto una diligencia que transportaba oro y plata, Chucho el Roto volvió a ser capturado, esta vez lo enviaron a San Juan de Ulúa. Ahí debía cumplir su sentencia con trabajos forzados, esto no duró mucho pues antes de cumplir un año de preso se fugó. Se cuenta que regresó a la Ciudad de México a continuar con su venganza y que durante 9 años la policía no logró capturarlo. Hay rumores que afirman que Chucho el Roto llegó a robar un costoso reloj de oro de la muñeca del mismísimo Porfirio Díaz.

Sus disfraces fueron claves para poder pasar inadvertido en sus robos y en las ocasiones en que visitaba a su amada Matilde y a su hija Dolores. Por desgracia la suerte dio un giro inesperado y Chucho el Roto volvió a ser capturado y recluido en San Juan Ulúa.

Como ya era su costumbre intentó una nueva huida. Sin embargo, esta vez no tuvo éxito ya que uno de sus compañeros de celda lo delató. Durante la persecución lo hirieron con un balazo en una pierna. Ya capturado lo sometieron al castigo de 300 azotes que causaron su muerte. A los treinta y seis años de edad, el 25 de marzo de 1885 Jesús Arriaga falleció y con su muerte nació la leyenda.

¿En verdad murió Chucho el Roto?

Algunas versiones cuentan que Matilde, su mujer, al enterarse del brutal castigo de los 300 azotes, pagó al verdugo la suma de 1,200 pesos para que no lo matara. Al pagar su castigo Chucho el Roto resultó gravemente herido, por lo que tuvieron que trasladarlo a un hospital en la ciudad de Veracruz. La versión no oficial cuenta que su muerte fue tan solo un truco más. Pues en el ataúd que supuestamente lo llevaría a la Ciudad de México no se encontró el cuerpo, sino un montón de piedras. Lo cierto es que hasta la fecha se desconoce en dónde se encuentra la tumba de Chucho el Roto.

Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) 

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mm Viajera por naturaleza errante.
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