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Cruces y su fiesta a San José (San Luis Potosí)

Es 19 de marzo, fecha dedicada a San José en las efemérides cristianas. Muchos pueblos y ciudades del país están celebrando la fiesta a su santo patrón. En nuestro caso, vamos ahora a un remoto pueblo del Altiplano potosino, a Cruces, en el municipio de Moctezuma.

De entrada, lo primero que notamos en Cruces, San Luis Potosí, es que se encuentra ubicado junto a las vías del ferrocarril que más al norte conectan con la otra importante ruta México-Laredo. Ahí existió una hacienda que vivió sus últimos años de gloria durante la Revolución. Al adentrarnos por las polvorientas callejuelas, algo en Cruces se nos antoja relevante: es un pueblo sin color; es decir, pareciera que todo el entorno estuviese mimetizado. Los cerros aledaños, la tonalidad del suelo, las bardas y la iglesia son de un matiz pardo tierroso.

De repente distinguimos una casa pintada en azul rey o algunas tiendas que ostentan los colores de ciertas marcas refresqueras o cerveceras. Ninguna calle está pavimentada. Es temprano todavía y en el centro –un amplio solar enmarcado por las vetustas construcciones de la hacienda– los puesteros que han llegado para la ocasión se preparan para recibir a la clientela y “sacar p’al chivo”. Al caminar entre esos comercios ambulantes y los juegos mecánicos de la feria, advertimos un monumento a “La Ruta de la Independencia”, indicativo de que esta hacienda fue muy importante durante aquella época.

Entramos a conocer el templo casi desierto a estas horas. El interior es muy interesante, pese a encontrarse en avanzado estado de deterioro. El color de los muros es verde fuerte, con profusos ribetes y vivos dorados por doquier. Observamos algunas pinturas antiguas (imposible distinguir las fechas o los autores) en ambos lados de la nave principal. El altar, de estilo neoclásico, ha sido engalanado por el colorido de las flores traídas por los feligreses desde días pasados, cuando inició la novena. Llama la atención que la imagen de San José, la cual bajaron de su nicho para la celebración, esté recubierta de billetes tanto en moneda nacional como en dólares. Sin embargo, no debería de extrañarnos dado que es una costumbre muy arraigada en los Estados Unidos, donde es práctica común que en ciertas bodas los invitados cubran el vestido de novia o el traje del novio con billetes. Como se trata de una tradición estadounidense entre determinados grupos sociales, indudablemente ésta llegó a la región de Cruces debido a los innumerables lugareños que han emigrado al vecino país del norte. Alrededor de las once de la mañana la tranquilidad deviene en un ajetreo que se convertirá en romería. Progresivamente van llegando más personas al atrio y al solar para disfrutar de la música que suena alegremente. En las afueras del pueblo, los peregrinos provenientes de otras localidades se reúnen y esperan al resto de sus contingentes, mientras se preparan para la peregrinación.

Es posible ver a algún peregrino en marcha de penitente portando una imagen de San José en las manos o colgada al pecho. Desde otra dirección, los habitantes de Cruces también van hasta ese punto de encuentro que le llaman “Reunión de las candelas”. Muchos de ellos lo hacen cargando las velas o sahumerios que se bendecirán durante la misa.  En un momento aparecen los matachines, ataviados con un atuendo amarillo vibrante y penacho; se autodenominan la “Danza Guadalupana de Tolosa” (del municipio de Pinos, Zacatecas); don Clemente Pérez Martínez es su líder y organizador. Este grupo participa en numerosas celebraciones similares en toda la región, bajo invitación expresa.

El tiempo transcurre y el número de participantes en las afueras del pueblo aumenta. En la distancia las campanas anuncian la primera llamada a la misa solemne. Es casi mediodía y el calor arrecia; el sol pega a plomo. Las campanas repican para anunciar la segunda llamada. En el interior de la iglesia ya no hay sitio; algunos lugares han sido reservados para los peregrinos, aunque muchos se quedarán de pie. Entretanto, en el diminuto coro los mariachis entonan sus melodías. Se trata del grupo “Charcas”, proveniente de El Charquito (municipio de Charcas, S.L.P.), liderados por el señor Gerardo Aldape y vienen a esta celebración cada año. El comité organizador cubre sus gastos. Cuando estos músicos se toman un respiro, la banda regional que está abajo en el atrio los releva. Afuera, casi al centro del amplio solar, el señor Manuel Castro Luna lanza los cohetes que se escuchan con mayor frecuencia. Éstos son respondidos por otro cohetero, señal inequívoca de que los danzantes y peregrinos están a la vuelta de la esquina, rumbo a la iglesia. El párroco de Moctezuma acaba de llegar y encabeza la procesión.

Cuando el sacerdote y su séquito aparecen en una bocacalle, seguidos por los estandartes y el arco con la imagen de San José peregrino (la que viaja a lo largo del año a diversas comunidades aledañas), los cánticos y las alabanzas de los feligreses empiezan a oírse más fuerte, junto con el estruendo de cohetes y tambores de los matachines. Suena el tercer repique. La gente, dispersa en el solar o apretujada en el pequeño atrio de la iglesia, va abriendo paso a la procesión. Todos desean recibir un saludo del párroco o palpar la imagen peregrina de su santo patrón. Los matachines se quedan en el solar y todo el resto del contingente entra a la iglesia. Minutos después inicia la misa que dura más de una hora; es la más importante del pueblo. Allí se bendice la cera que dará luz a lo largo del año en el templo y en los hogares, señal de firme devoción a San José. Al concluir la ceremonia el sacerdote y sus ayudantes regresan a Moctezuma, la gente regresa a sus casas y las calles se vacían como por arte de magia. Son las horas de más calor y todo mundo se toma un descanso.

En la iglesia desierta, tenemos la oportunidad de platicar con la señora Rosa Elena Herrera, quien hace las veces de sacristán y nos comenta que la fiesta de San José, en años recientes, ha tenido mayor concurrencia. Según nos cuenta, hace una década la celebración era triste debido a que muy poca gente venía a visitar a su santo. Pero gracias a algunos entusiastas y a la colaboración del párroco de Moctezuma, la fiesta ha recobrado vida y colorido. En la actualidad ya no solamente la disfrutan los lugareños y los vecinos de comunidades aledañas, sino que también llegan muchísimos visitantes de pueblos remotos. Ellos traen ofrendas y su alegría como agradecimiento a los milagros concedidos o una petición a San José. No son pocos los que aprovechan para regresar a su tierra en esta fecha tan importante dentro de su calendario ritual. También, hay ocasiones en que han vuelto personas que tenían más de veinte o treinta años de no pisar su terruño, y es grande el gusto de todos el volverse a ver. Al atardecer la gente saldrá de nuevo a las callejuelas y al solar en el centro para seguir disfrutando de la fiesta, los juegos pirotécnicos y el bailongo que cerrará con broche de oro la novena de San José. Mañana será un día como cualquier otro hasta que dentro de un año se inicie la novena y vuelva la algarabía a esta población.

LA HACIENDA DE CRUCES     

Tampoco se tienen datos de la superficie original, pero en 1850 tuvo un valor fiscal de 225 mil pesos. De la hacienda quedan la ruinosa casa grande, la iglesia de San José, varias trojes, huertas, algunos tanques y norias. Su ubicación cartográfica es en 101º 22’ de longitud Oeste, 22º 48’ de latitud Norte, y tiene una altitud de 2 200 metros. Su suelo es de mantos de caliza con lava de antiguos volcanes, tiene llanuras de pastos y lechuguilla; pertenece al sistema neártico en flora y fauna. En la actualidad, entre el casco y sus distintos ranchos, Cruces cuenta con unos 2 500 habitantes, cuya actividad económica se basa en el cultivo de maíz de temporal y la recolección de tunas silvestres, así como la cría de ganado caprino, equino y vacuno. En menor escala también fabrican mezcal y colonche (fermento de la tuna). Actualmente pocos se dedican a la talla de lechuguilla. Afirman los lugareños que en ciertas cuevas de algunos cerros existen vestigios prehispánicos, consistentes en pinturas rupestres.

Si usted va a cruces: Saliendo de San Luis Potosí a la ciudad Zacatecas a 28 km tome la desviación rumbo a Ahualulco, siga hacia Moctezuma. Antes de llegar, en San José del Grito tome la desviación a la izquierda con dirección a la antigua hacienda de Cruces. Del entronque otros 20 km sobre un camino en muy malas condiciones y luego 5 km adicionales de terracería. En Cruces existen algunos estanquillos donde se puede conseguir un tentempié o bebidas. En Moctezuma, Venado o Ahualulco se puede encontrar alojamiento, así como gasolina. Todos los servicios los encontrará sin problemas en la ciudad de San Luis Potosí.

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