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¿De quién es el bosque?. Los incendios forestales

Como no había ocurrido en muchísimos años, la ausencia prolongada de las lluvias y las altas temperaturas registradas en varios puntos de nuestro país contribuyeron a que se desatara uno de los mayores desastres que se recuerden.

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Miles de hectáreas de bosques fueron devoradas por el fuego, y aun cuando diversas corporaciones hicieron grandes esfuerzos por combatirlo, quedó demostrado que nuestra preparación y organización frente a este tipo de fenómenos, en ocasiones imprevisibles, resultaron limitadas, y se hizo evidente la falta de vinculación entre los organismos encargados de combatir los incendios y la sociedad en su conjunto, que tanto en el campo como en la ciudad presenció impotente la proliferación de los siniestros.   

¿QUÉ ES EL BOSQUE?  

Lejos de ser simplemente un área con gran cantidad de árboles, se trata de un complejo ecosistema que permite la existencia de miles de seres vivos, como árboles, arbustos, hierbas, musgos, aves, reptiles mamíferos y casi todos el resto de la escala zoológica, ¡inclusive las bacterias desempeñan un papel importante en el bosque!  Existen diversos tipos de superficies arboladas, muy diferentes entre sí, como son la selva con su impresionante variedad de árboles y flores, el bosque de coníferas con sus ancestrales pinos y oyameles, o los bosques de encinos y robles tan característicos de nuestro país. Además, no sólo los bosques de clasifican como superficies forestales, y a que los pastizales, los matorrales y hasta los manglares costeros también lo son. 

El bosque no es un ecosistema uniforme, sino que posee estratos bien definidos que se pueden distinguir fácilmente; el más bajo de ellos es el subterráneo, donde se encuentran las raíces y una parte fundamental del ecosistema: los incansables microorganismos encargados de descomponer los restos animales y vegetales para que sus nutrientes regresen al bosque; más arriba se encuentra el estrato herbáceo y arbustivo y, finalmente, en la parte superior tenemos el nivel arbóreo o dosel, maraña de hojas, ramas, flores y frutos donde se fabrica el alimento de todos los seres vivos que lo habitan.  Los bosques nos proveen directamente de una gran cantidad de materias primas, como la leña y la madera; de ellos también se obtienen resinas, alimentos silvestres, plantas de ornato y medicinales, y muchos productos más; sin embargo, hay otros beneficios que si bien son menos tangibles resultan de gran valor, como el agua pura de ríos y manantiales que nacen o se alimentan del bosque, y el aire limpio y oxigenado. 

Por todo lo anterior, y mucho más, las áreas forestales constituyen uno de los bienes más importantes y preciados con que cuenta México. Debemos conocerlas, conservarlas y realizar esfuerzos significativos para tratar de frenar su deterioro.   

¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DE LOS INCENDIOS?  

Los fuegos son uno de los principales factores de destrucción del bosque, ya que si no matan a los árboles adultos, sí eliminan a los árboles jóvenes, de tal modo que cuando los viejos mueren no hay quienes los sustituyan, y es entonces cuando el bosque se encuentra en verdadero peligro.  Los incendios son parte de la naturaleza, y en parajes inalterados se presentan cada cinco o seis años, y limpian la zona; el problema comienza cuando se incrementan en número y en frecuencia. Para que un incendio se inicie sólo son necesarios algunos elementos: material inflamable (como hojarasca seca), calor, oxígenos (que es, como sabemos, un componente natural del aire) y un poco de viento, que si bien no es esencial sí es un agente que aviva el fuego y lo extiende de manera incontenible. 

Existen numerosas causas que dan origen a los incendios: las naturales, que provocan cerca del 7% de los mismos, como un rayo, una chispa al caer sobre una roca en el pasto seco, o una gota de rocío de la mañana que actúa como lupa; las humanas accidentales, como la acción de un excursionista imprudente que no apaga bien una fogata (el 8.5% de los fuegos tienen este origen), o que lanza una colilla de cigarro aún encendida (que es la chispa que produce el 10% de los incendios), y las humanas intencionales, como cuando los ganaderos queman los pastizales con el fin de que la hierba rebrote tierna para su ganado, los agricultores que prenden fuego a los restos de las cosechas anteriores con la creencia de que las cenizas son un buen fertilizante, o para abrir nuevas tierras al cultivo, generalmente con la ancestral técnica de roza, tumba y quema que ha destruido miles de hectáreas forestales de nuestro país (cerca del 54% de los incendios tienen este origen).

Quizás el caso más terrible sean los incendios provocados por las disputas de tierras entre comunidades, y la destrucción intencional del bosque cerca de las ciudades por fraccionadores sin escrúpulos (16% de los casos).  Sea cual sea el origen, la consecuencia es la misma en menor o mayor medida: la destrucción del bosque y con ella la pérdida de recursos tan valioso como el agua.  No todos los incendios son iguales, hay una gran variedad de ellos según la parte de bosque que afecte en particular.   

Incendios subterráneos: son los que menos se ven pero resultan los más perjudiciales para el bosque, ya que atacan directamente las raíces de los árboles y todos los microorganismos del suelo; generalmente no emiten grandes cantidades de humo y suelen ser muy duraderos, pues no son fáciles de detectar y de combatir.  Incendios de superficie: son los que arrasan el estrato herbáceo, así como a todos los árboles jóvenes. Es el tipo que más se produce en nuestro país (73% de los casos), y a pesar de ser muy visible por la cantidad de humo que genera, es bastante difícil su control, especialmente cuando hay mucho viento.  Incendios de copa: suelen ser los más devastadores, ya que se quema inmisericordemente todo el árbol; un incendio de copa es impresionante: los árboles arden por entero, lanzando llamas más altas que ellos mismos y la temperatura se eleva a niveles insoportables.   

¿CÓMO COMBATIR EL FUEGO?  

Sin duda un incendio es un problema muy grave que nos afecta a todos, y no sólo a los habitantes cercanos al área; por ello, un incendio debe ser combatido con la mayor celeridad posible, para que los daños sean menores. El combate de incendios forestales requiere de una meticulosa capacitación y de grandes conocimientos en la materia. Al respecto, en nuestro país contamos con un buen número de especialistas, que suman cerca de 6 mil, más los aportados por la SEDENA (alrededor de 30 mil), y con una gran infraestructura que abarca más de 200 campamentos, 122 torres de observación, más de 500 vehículos, 8 helicópteros y varios aviones de observación y de reconocimiento. Sin embargo, la infraestructura por sí sola nos demuestra que no es suficiente. 

Existen diferentes técnicas de combate que se aplican según el tipo de incendio:  Brechas cortafuego: son caminos que seccionan el bosque, limpios de hierbas, hojas y ramas que se puedan quemar, para que cuando llegue el fuego se apague, ante la ausencia de material combustible. Las brechas son especialmente útiles para los incendios de superficie.  Contrafuegos: en esta técnica lo similar combate a lo similar; en efecto, por increíble que parezca, para muchos incendios la manera más fácil de combatirlos es encender un fuego controlado que, dirigido hacia el primero, al encontrarlo provoque la extinción de ambos. 

Combate directo: para algunos incendios pequeños, especialmente para los de superficie, la mejor manera es el combate directo, apagando el fuego con tierra o golpeándolo con ramas verdes, sobre todo de pino.  Agua: para muchos es la manera más lógica de combatir un incendio, pero en múltiples ocasiones no es posible el acceso de pipas de agua hasta el lugar del siniestro; para incendios de gran magnitud hay helicópteros especiales equipados con cisternas que lanzan su carga desde el aire.  Retardantes: reciben este nombre algunas sustancias de aspecto polvoso, que arrojadas desde helicópteros inhiben la propagación del fuego por un tiempo, dando margen para apagarlo con otro medio.   

Y… ¿QUIÉN COMBATE EL FUEGO?  

Hasta ahora ha sido el gobierno el encargado de combatir los incendios, por medio de numerosas instituciones como SEDENA, CORENA, INIFAP, SEMARNAP, SAGAR, CONAGUA,Cuerpo de Bomberos, SEDESOL, Protección Civil, SCT, entre otras; también participan diversas asociaciones de productores en todo el país, organismos no gubernamentales, universidades, etcétera, y en momentos de gran emergencia hemos visto a comunidades enteras movilizándose para salvar el bosque.  A pesar de los esfuerzos realizados, sabemos que los incendios continuarán presentándose año tras años durante los meses más secos, y que para combatirlos no basta la indignación ni la desesperación que provocan el alud de noticias y la espesa capa de humo que cubre una parte del territorio nacional.   

Después de la tranquilidad que traen las primeras lluvias debería reflexionarse sobre la necesidad de elaborar un programa efectivo contra incendios, que además de los recursos imprescindibles en estos casos introduzca elementos de planeación y organización que permitan en el futuro la correcta aplicación de los recursos y la movilización de personal convenientemente adiestrado, con capacidad para orientar y encabeza de manera eficaz el combate al fuego. 

No cabe duda de que cada hectárea de un bosque víctima de las llamas es un serio atentado contra los recursos naturales de nuestro país, de los cuales dependemos todos los mexicanos; por ello, cabe hacernos una pregunta: ¿de quién es el bosque y el problema de los incendios? Para contestarla sólo hay que tomar en cuenta que el bosque es un bien invaluable, pues ya sea directa o indirectamente nos beneficia a todos. Entonces el problema de los incendios es de todos y, si esto es así, tenemos el derecho a ser informados objetivamente y la obligación de prepararnos en la medida de nuestras posibilidades para influir y participar; para que, al fin de cuentas, no nos quedemos con los brazos cruzados.   

Fuente  México desconocido No. 257 / julio 1998

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