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Downhill. Ciclismo extremo en Tepotzotlán

Todo comenzó unos meses atrás, cuando la editora me pidió un reportaje de downhill. De inmediato pensé en el Ajusco, y al terminar las fotos, conocí a varios ciclistas con los que pude ampliar la información sobre las mejores pistas para descenso, así como de algunas que podrían resultar visualmente más atractivas. Fue ahí donde escuché del equipo Rhino-DH y de la pista de Tepotzotlán.

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Al llegar a casa les llamé para ver qué día podría verlos, con la idea de hacer fotos con ellos también. En principio pensaba en algo sólo para complementar lo que ya tenía hecho, así es que les dije que sería cosa de una hora.

El siguiente fin de semana nos quedamos de ver en la entrada a Tepotzotlán. Mientras esperaba, dudé si estaba en el lugar correcto, pues aquí uno viene para visitar el convento, o las pastorelas navideñas, pero no veía en donde podría practicar downhill. Incluso pensé que podría ser en Tepoztlán, en Morelos, donde junto a cada árbol crece una montaña, pues ahí si puedo imaginar descensos por doquier. En eso estaba cuando llegó una camioneta cargada de bicicletas. Al verlos bajar pensé: “Sí me equivoqué de lugar”, y es que la imagen que me viene de un ciclista de gravedad o downhillero –como se denominan en el ámbito–, es la de un tipo medio fachoso, con dos docenas de cicatrices. Israel, Gabriel y Javier, en cambio, parecían los “hijos de mi vecina”, ¡hasta bien peinados venían! En su camioneta se escuchaba esa música estridente que es buena para tronar los tímpanos, cosa que me dio un poco de confianza, pues va más con el perfil del que hablaba, pero cuando se bajó Lorena –la única mujer del equipo–, y vi su cara de ángel, pensé en inventar una historia para cancelar todo y regresar a casa. Pero justo antes de que abriera la boca, Israel la presentó: “Es Lorena, actual campeona nacional…“, ¿esta chiquita, con cara de muñeca, es la campeona nacional? Tenía que verlo.

Si quieres, súbete con nosotros

Así salimos del pueblo para entrar en una sierrita que se esconde al noroeste. En poco tiempo estábamos subiendo por un empedrado camino que parecía no tener fin. “Si quieres, súbete con nosotros”, me dijo Israel como insinuando que era lo mejor para mi coche. Una vez en su camioneta me contaron todos los planes que tienen para organizar su propio campeonato, además de ser sede de uno de los campeonatos nacionales de la especialidad. Una cosa era segura, por entusiasmo no quedaban.

Finalmente llegamos hasta la cima, desde donde el paisaje era inigualable. Decenas de colinas que se perdían, una tras otra en relieves de tonalidades pardas que me inspiraban una sensación de quietud total. Cosa que duró sólo unos cuantos segundos, pues literalmente fue eso lo que tardaron los integrantes del Rhino DH en transformarse.

Aparecieron cuatro jinetes del futuro, equipados hasta los dientes: casco, gogles, coderas, rodilleras, espinilleras y una armadura protectora para el pecho y la espalda y guantes. Ya no dudé que en realidad supieran de qué se trataba esto del downhill, aunque no tenía idea de lo que estos chicos eran capaces de hacer, cosa que quedó clara cuando me enteré que se trataba del Subcampeón Nacional de Elite (Israel González), la Campeona Nacional Femenil (Lorena Dromundo), el Campeón Nacional Junior (Javier López) y uno de los seleccionados Master para el Panamericano de México 2005 (Gabriel González).

“Si quieres baja en la camioneta hasta donde están las antenas”, me dijo Israel, “así nos das chance de calentar”. Di la vuelta y comencé a bajar por el empedrado. Al llegar a las antenas escuché que me gritaban: “¡Ahí estás bien!” Detuve la marcha y bajé del auto. Ni siquiera había sacado la cámara cuando el primero pasó volando sobre la camioneta, seguido de los otros dos. Sí, literalmente pasaron volando sobre mi cabeza. Los siguientes minutos los vi saltando rampas de entre 6 y 10 metros, bajando a toda velocidad por un estrecho sendero de rocas, decorado por miles de nopales. No lo podía creer, los tres “hijos de mi vecina”, y “la muñequita” bajando a toda velocidad, desafiando las leyes de gravedad. Era una visión increíble.

Cuando finalmente los alcancé, un par de kilómetros más abajo, estaba realmente emocionado. Pensaba en el tipo de fotos que podía hacer, por eso me sorprendió encontrarlos ya sin equipo. “Nos dijiste que tardarías menos de una hora, ¿no?”, me dijo Gabriel, “es que tenemos carrera en Querétaro y ya nos tenemos que ir”. Era una situación realmente increíble, no había hecho ni una sola foto, pues sólo vi tres ráfagas volando sobre la camioneta, mismas que desaparecieron cuesta abajo en un par de minutos. Afortunadamente, al día siguiente nos volvimos a ver para tomar las fotos.

La pista del Sendero del Coyote

Al día siguiente llegamos desde muy temprano para recorrer la pista desde el inicio hasta el fin, y es que el diseño de estos descensos debe cubrir diferentes aspectos técnicos, los cuales se identifican con un lenguaje muy particular que van desde el single track hasta los drops. En resumen, esta es una pista de descenso cuyas características principales son dos: la velocidad y los saltos espectaculares, sin olvidar todos los obstáculos que ponen a prueba todas las cualidades de un buen ciclista.

Desde la salida hasta la meta, la pista tiene una longitud aproximada de 2.7 kilómetros y va de 2,800 a 2,420 msnm, lo que da un desnivel aproximado de 380 metros. El tiempo récord del recorrido es de 3:29:64 (José Luis Pérez; Nacional 15 de Mayo, 2005). En su trayecto se presentan gran variedad de obstáculos naturales y artificiales, entre ellos nueve rampas, ocho peraltes, cinco drops, una zona de olas y un camino peraltado. Hay un total de 27 curvas, 14 de ellas con ángulos cercanos a los 90°.

La pista comienza en un bosque de encinos, en el que un camino angosto de curvas cerradas, peraltes y rampas es el desafío, al salir de esta zona viene una sección despejada de árboles, donde las bicicletas desarrollan gran velocidad, aquí se toma una rampa en la que los ciclistas literalmente vuelan cerca de 6 metros, de  lo contrario tendrían que pasar sobre una cama de piedras. Desde aquí el trayecto continúa en secciones de curvas cerradas sin peralte, antes de llegar a otra zona boscosa, en donde los dos drops son el reto principal. Es aquí donde llegamos al camino sobre el cual me pasaron volando: “La rampa del camino”. Cuesta abajo, la pista continúa en descenso total entre impresionantes drops, curvas peraltadas y un tope largo. Si esto no fuera suficiente, se enfrentan a dos saltos dobles con vuelos de 8 a 9 metros, en los que  cuentan con sólo milésimas de segundo para hacer todos los ajustes físicos, técnicos y mentales entre un obstáculo y otro para no terminar en alguna zona de rocas.

Desde aquí el sendero se desploma por una serie de escalones naturales con altura promedio de 50 a 80 centímetros conocido como zona de olas, desde donde se enfilan hacia la meta, no sin antes superar dos rampas de tamaño considerable. Todo esto a, digamos, 50, 60 o 70 kilómetros por hora.

Así terminó mi visita, convencido de que éste es el lugar idóneo para retar a los ciclistas más experimentados.

La bicicleta

Las modalidades del descenso se parecen a las del esquí alpino (slalom gigante, slalom y estilo libre), por lo que no queda duda, aquí se trata de bajar, y de hacerlo lo más rápidamente posible mostrando técnica y concentración.

Es por esto que las bicicletas sacrifican ligereza por resistencia y estabilidad, lo que en diseño significa en manubrios muy elevados en comparación con el asiento, en una doble suspensión con amortiguadores con 7 y 10 pulgadas de recorrido, y con frenos de disco hidráulicos. Además de una geometría totalmente distinta a la de una bicicleta convencional, pues el eje de los pedales debe ser más alto para librar obstáculos sin descuidar el centro de gravedad, así como el tubo superior del cuadro más corto para tener una posición más erguida.

En cuanto a las velocidades, estos modelos emplean de 7 a 9 engranajes en el cambio trasero y una sola corona en los pedales para una potencia total a la hora del descenso.

El abc del downhill

El downhill es la modalidad más extrema de ciclismo de montaña que hasta el momento se haya inventado y aunque en teoría sólo se trate de un descenso contra reloj, a lo largo de una pista de 2 a 3 kilómetros, en la práctica es sumamente complicada porque la palabra gravedad no existe.

Por lo general las pistas son diseñadas en combinaciones técnicas para llevar al límite a los ciclistas más intrépidos, lo que significa una buena dotación de rocas, troncos caídos, raíces, lodo, arena, lajas, curvas cerradas y algunas rampas de 4 o 5 metros de altura.

Si vas a Tepotzotlán

* Visita el Museo Nacional del Virreinato.
* Conoce los Arcos del Sitio.
* Come unas ricas quesadillas en el mercado.
* Prueba la famosa barbacoa de la región.
* Pasea en el Parque Ejidal Lanzarote y disfruta de las deliciosas truchas.

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