Síguenos

Suscríbete al Newsletter

Vive Experiencias Ecoturismo y aventura

Ecoturismo en Celestún, Yucatán

Uno de nuestros #ViajerosExpertosMD se lanzó a la región del sureste para explorar esta maravillosa reserva habitada por cientos de flamencos que aún “pintan de rosado” las costas de la Península.

Pensé que para el trayecto al aeropuerto y tiempo de espera no había nada mejor que Led Zeppelin, quizá algo de Cream y los Beatles. Durante el recorrido de una hora y 15 minutos en avión, la combinación de nubes y Pink Floyd sería la opción clásica, pero comprobada. Una vez que llegase a Yucatán, dejaría que el shuffle hiciera lo suyo, por lo que me esmeré en recopilar canciones de todo un poco, para que no hubiera ecosistema sin soundtrack de viaje.

3, 4… Que empiece la música

Recorrí 95 kilómetros desde Mérida al poblado de Celestún, pasé por varios pueblecitos, carreteras asfaltadas y de terracería, pero todas con hermosos árboles bajos muy caraterísticos de la zona. Al llegar a la región de manglares, algunos espejos de agua color caoba nos acompañaban por largos trechos en la carretera. Justo cuando el disco de Back to black de Amy Winehouse terminó, la camioneta estaba frente a un carrito de marquesitas frente a la iglesia de Príncipe de Paz, justo en la plaza central de Celestún.

Había reservado un par de noches en Xixim, un hotel ecoturístico a media hora de la plaza principal. Tomé un taxi, pedí que me llevara al hotel y sin dudar, puse pausa a la selección musical para disfrutar del ambiente, puesto que el camino resultó ser por un trayecto de terracería que pasaba por en medio del manglar, entre el mar de tonos turquesa, verdes claros y azules; y por el lado contrario, la ría, entre espejos de agua y aves que, de la nada, levantaban el vuelo.

Casi al llegar al manglar, vi los techos de los bungalows de Xixim, lo único que sobresale de la maleza. Está en medio del silencio y una abundante vegetación. «¡Es la combinación perfecta entre el lujo y la naturaleza!», me dije inmediatamente. En seguida me di cuenta que había tantos mosquitos como detalles arquitectónicos, pero no me importó mucho, debido a mi exaltación.

Me instalé en una cómoda suite con vista al mar y a algunos manglares. Sin dudarlo, cambié mis tenis por sandalias y salí a caminar por la playa que tenía a unos cuantos metros; el sonido del mar y el viento hasta el momento era lo mejor que había escuchado y no estaba en mi tracklist. El hotel está dentro de la Reserva Especial de la Biosfera de Celestún, por lo que la arena blanca y suave, las aves por centenas y las plantas nunca tocadas, aparecían palmo a palmo entre tumbonas y caminitos trazados por troncos de madera.

Al caminar por la playa, vi con detenimiento la distribución de Xixim, casi al centro se eleva una enorme palapa, caminé y me metí en ella para ver qué era. Había llegado al restaurante y en el momento que crucé el portal, me dio hambre, así que pedí una botana maya llamada sikil pak, una ensalada de papaya con aguacate y queso de cabra, aderezada con lima y comino, una cosa deliciosa. A partir de ahí, una serie de platillos pasaron por mi mesa para ser devorados; fue una verdadera sinfonía de sabores, un filete de mero envuelto en hoja de chaya, ceviche de arroz, mango y camarón.

 Manuel Cerón

Era apenas el comienzo del fin de semana y no quería que se armara un slam en mi estómago, entonces me fui a la piscina al terminar. Pronto se hizo de noche, el día siguiente tenía dispuesto hacer todo lo que se pudiera para disfrutar este paraíso y había que descansar.   

Día inolvidable

Comencé muy temprano con un desayuno ligero, ya que conocería el resto de la Reserva de la Biósfera, la cual está conformada por 81,482.33 hectáreas de humedales y manglares, lo que lo convierte en el hábitat de miles de aves migratorias a lo largo de todo el año.

Inicié el paseo entre un confuso laberinto de terracería que se adentraba en la reserva. Recorrí unos 6 kilómetros a partir del hotel hasta llegar a una salinera llamada Pilares, en una región -dentro de la reserva- llamada La Perdida. En este lugar se puede ver fácilmente cómo los humedales reciben la captación de agua directamente y debido a la salinidad de la región y procesos naturales, se forman enormes costras de sal. Justo al estar ahí pude observar cómo un grupo de hombres molían enormes rocas de sal hasta convertirlas en fragmentos menores para ponerlas en costales y llevarlas a la ciudad.

Un par de kilómetros adelante hay un mirador que, durante los meses de noviembre a marzo, es muy visitado por los amantes de las aves, en especial de los flamencos, ya que en esa enorme extensión de agua baja se concentran miles de estas aves migratorias, pintando de rosa la región. Estuve ahí por un par de horas caminando y tomando fotos de las nubes aborregadas y de los reflejos en los espejos de agua color naranja. El día era muy claro y el viento corría con lentitud (constantemente tenía que evitar que los mosquitos me atacaran) pero el mirador es un lugar increíble.

 Manuel Cerón

Por la ría…

Al salir de la zona de humedales fui a pasear en bote por la ría, en la misma zona, a unos cuantos minutos del mirador. En términos turísticos se conforma por varios puntos específicos que son parte de los paseos que ofrecen los lugareños en sus lanchas. No visité todos, pero sí pude conocer la Isla de los Pájaros, el Ojo de Agua (baldiosera), el Parador de la Ría y el túnel de manglares. De todos me llamaron mucho la atención dos: el túnel de manglares, donde la lancha se mete tal cual al manglar y muy lentamente avanza entre enormes raíces, y es posible ver cómo algunos peces y serpientes se esconden. Ahí el agua cambia de tono radicalmente conforme se hace profunda entre troncos y hojarasca.

Por otra parte, el Ojo de Agua o la baldiosera es un espacio muy bien delimitado por un camino a base de puentes de madera, que está por encima de un área de manglar. Parece un lugar de película porque enormes árboles lo flanquean; de él brota agua cristalina, que se hace cobriza una vez que uno se acerca a los árboles. Es un lugar que si bien no es silencioso por los animales, sí es muy tranquilo y digno de visitarse con tiempo de sobra.

Aquel día, ya hacia el final, fui a comer a Celestún frente al mar, en uno de tantos restaurantitos, desde donde pude ver cómo llegan y parten los pescadores.

La tarde avanzó hasta hacerse de noche. La plaza de Celestún se llenó de juegos y me di cuenta que es punto de reunión de sus pobladores y turistas. También es el único lugar donde se pueden comer las famosas marquesitas (especie de crepas, dulces y saladas), una razón más para caminar y conocer la vida de aquel lugar.

 Manuel Cerón

Fin de soundtrack

Regresé a Xixim y dormí como un tronco petrificado… Al otro día, antes de partir había agendado salir a alta mar con los pescadores del hotel y pescar mi desayuno, el último en Celestún. Creí que tendría que comprar un sándwich en el aeropuerto, pero por fortuna no fue así; bastó un poco de calma para que picara el primero y tras éste, dos más. Al llegar al hotel de regreso, la parrilla ya estaba lista y las maletas preparadas (el servicio era de primera, estaban en todo).

Apenas subí al camión que me llevaría al aeropuerto, puse un poco de música y por extraño que parezca, ya sea por los flamencos o la sal que en esta región es de color rosa, comenzó a escucharse La vie en rose de Edith Piaf, la mejor forma de terminar el viaje. 

La reserva en números

-81,482.33 hectáreas tiene la Reserva de la Biosfera de Celestún.
-La ría tiene aproximadamente 22 kilómetros.
-Es una de las más antiguas y tiene como finalidad principal proteger al flamenco y su entorno.

Sobre Xixim:

-Tiene senderos interpretativos por más de 1.7 kilómetros que muestra fauna y flora endémica.
-60 por ciento de la construcción es biodegradable.
-Es bird-friendly, así que si eres amante de las aves, no hay mejor lugar para convivir con ellas.

 Manuel Cerón

Contacto

Hotel Xixim
Municipio de Celestún, Yucatán, México.
Tel. 01 (988) 916 2100.
hotelxixim.com

Oficinas en la Ciudad de México
Tels. 01 (55) 5135 1299 y  5135 1339.

Recomendaciones

También te podría interesar

Comentarios

Lo último

Veracruz
Naolinco, un hallazgo delicioso en Veracruz

El sabrosísimo mole de sus cocinas, los zapatos de piel de excelente calidad y sus calles primorosas hacen de Naolinco el complemento perfecto de Xalapa.

Hoteles con nieve
México
5 hoteles para pasar la Navidad en la nieve

Hospédate en uno de estos hoteles ubicados en lugares cuyas temperaturas te harán sentir ¡como si estuvieras en el polo norte!

Puebla
El impresionante vitromural de Zacatlán de las Manzanas

El vitromural de Zacatlán de las Manzanas es una de las nuevas atracciones de este pueblo mágico en el que podrás encontrar historia y arte.

México
Lugares donde puedes ver las obras de Diego Rivera

En estos museos y recintos puedes encontrar las obras de Diego Rivera, te sorprenderás con todos los sitios en donde podrás encontrar el trabajo del artista mexicano.