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El arte cerámico de Chupícuaro

En México, el oficio de elaborar objetos de barro es muy antiguo. Hace 2 500 años los pueblos prehispánicos descubrieron la flexibilidad de este material, al moldearlo y agregarle ciertos elementos como conchas molidas, arena o estiércol lo hicieron más maleable.

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Primero trabajaron con técnicas de cocción y decoración sencillas que dieron origen a formas simples, copiando las vegetales como la calabaza; una vez conocidas estas técnicas, el desarrollo de la alfarería fue ilimitado, entonces produjeron objetos utilitarios, ceremoniales o funerarios, que llegan a ser verdaderas obras de arte.

Así, al referirme al arte cerámico tendría que enumerar ciertas características que le son comunes a estos pueblos, como el de una estupenda habilidad manual que les permitió plasmar en infinidad de objetos su conocimiento de la naturaleza y su cercanía con ella, su observación que enseña al hombre la transformación de la misma, concepto fundamental del hombre prehispánico, su sensibilidad plástica al crear un arte, tanto religioso, como profano y cotidiano.

Un ejemplo de la diversidad artística de las culturas mesoamericanas es la plástica de Chupícuaro que produjo gran cantidad de vasijas y figurillas de fino acabado y decoración, gracias a lo cual se le considera una de las más bellas de México, y es bien conocida por los especialistas y el público en general. En los museos nacionales como el de Antropología, de la Ciudad de México, en los de Morelia, Guanajuato, Monterrey, Guadalajara y en algunos museos extranjeros, se exhiben abundantes piezas de este arte cerámico.

La cultura Chupícuaro toma su nombre del sitio localizado cerca del río Lerma, hoy cubierto por la Presa Solís, cerca de Acámbaro en el estado de Guanajuato. Corresponde al período Preclásico o Formativo, por lo que cronológicamente se sitúa entre los 400 a.C. y 200 d.C., época del florecimiento de Teotihuacan en el llamado Altiplano Central.

La cultura Chupícuaro es de gran importancia en la subregión mesoamericana llamada Occidente de México, con una amplia distribución en varios estados y evidentes influencias en el Altiplano Central, el norte de México y el suroeste de los Estados Unidos de Norteamérica, en especial en la tradición Hohokam.

Algunos autores opinan que la cultura Chupícuaro en el occidente y el norte de México, tiene la misma importancia que la olmeca en el resto de Mesoamérica.

Los grupos pertenecientes a la cultura Chupícuaro buscaron las márgenes de los ríos y lagunas para establecerse formando aldeas dispersas con una estructura social igualitaria; los sitios típicos varían con unidades domésticas compuestas de una casa de un solo aposento y su entorno circundante de actividad que por lo general contenía basureros, lugares de almacenamiento, áreas específicas de trabajo de hombres, de mujeres y hasta entierros de miembros de la familia, sin arquitectura monumental ni esculturas en piedra, sólo se han hallado restos de alineaciones de rocas en la superficie.

De esta época únicamente se conocen tumbas e inhumaciones excavadas directamente en el suelo, ya que sabemos muy poco de las unidades habitacionales, sólo los entierros y sus ofrendas nos han permitido, en parte, reconstruir el modo de vida de los habitantes de las aldeas. El hombre de Chupícuaro vivía de la recolección de frutos y semillas, de la caza y la-pesca además del cultivo del maíz, el cual molía en metates de piedra; utilizó la concha y el hueso para hacer adornos como collares y orejeras e implementos como agujas, leznas y punzones, con la obsidana se fabricaron navajas y puntas de proyectil.

Los antiguos habitantes de Chupícuaro formaron un gran centro alfarero donde modelaron a mano, ya que desconocían el torno, recipientes y figurillas de gran calidad estética con conocimiento de la forma y las proporciones.

Chupícuaro tuvo un importante desarrollo cultural y expansión de su estilo en áreas alejadas al centro difusor e influyó en tradiciones alfareras que llegaron a perdurar hasta fines del período Clásico, inclusive hasta el Posclásico, como se aprecia en la cerámica tarasca de Michoacán.

Una de las características mas interesantes de la cerámica Chupícuaro es la división entre las vajillas monocromas o de un solo color que puede ser rojo, negro o café brillante. Al carecer de decoración, su belleza radica sólo en sus elegantes formas y las pintadas con motivos geométricos en colores negro, rojo y blanco que pueden cubrir total o parcialmente la vasija. Los temas fueron cuidadosamente ejecutados y debieron requerir considerable tiempo y precisión para su ejecución.

Los pigmentos más comunes son el rojo, el negro y el blanco que se obtenían de elementos naturales: el color rojo se logra con óxido de hierro puro o con un barro que contiene un alto porcentaje de hematita, el color blanco con caolín o tierra blanca, o carbonato de calcio y el negro con carbón o magnetita.

Las vasijas tienen una calidad constante y adoptan formas variadas que siempre presentan contornos globulares o hemisféricos, o bien elementos compuestos con líneas curvas. Son muy raros los fondos planos y las paredes rectas, ejemplo de esto serían las ollas, tecomates, vasos, copas, cajetes arriñonados, cucharas, patojos (recipientes en forma de pie), cuencos, vasijas trípodes con soportes huecos, del tipo llamado pata de araña, mamiformes, cónicos o bien piramidales.

Ejemplos extraordinarios de la cultura Chupícuaro son las vasijas antropomorfas que representan partes del cuerpo humano, cabezas, caras, piernas y pies, combinando técnicas como el modelado y la pintura para dar un efecto realista. En el arte funerario de esta época temprana se observa la predilección por las imágenes de aves y peces, ya que idealizaron los animales de los cuales se servían para su supervivencia y por la importancia de estos en la dieta, además en el caso de las aves por el papel que ocupan en la cosmología como mensajeros divinos, portando las semillas en los ritos agrícolas.

Los diseños decorativos se pintan sobre la pieza, como son combinaciones geométricas, se repiten y varían ligeramente en torno a 12 temas básicos que son: líneas en zigzag, espirales, cadenas de rombos, cadenas de cuadrados a manera de tablero de ajedrez, triángulos entrelazados, líneas diagonales bordeadas por escalones, líneas cruzadas sombreadas, rombos punteados, rombos sencillos, triángulos escalonados, elementos cruciformes y bandas de líneas paralelas. Los dibujos presentan una perfecta armonía, son proporcionados y parecen ser una abstracción de los motivos textiles.

Se cuenta con vasijas miniatura de tres a cinco centímetros de altura que siguen las formas y decoraciones de las de mayor tamaño, como tecomates, cajetes trípodes, vasos y ollas con cuello divergente; se presentan en dos modalidades, monocromas y policromas, probablemente fueron usadas como juguetes. Los instrumentos musicales de arcilla forman un grupo interesante, ya que en estas sociedades tempranas jugaron un papel destacado en la realización de ceremonias o ritos; en su mayoría se hallaron en asociación a entierros infantiles, lo que nos lleva a pensar que tuvieron un interés especial para los infantes. Se representan, aunque con escasez, figurillas de músicos, casi siempre masculinos, pues al parecer esta actividad no la realizaban las mujeres. Los instrumentos ;musicales más comunes fueron los silbatos antropomorfos, ocarinas con cuerpos globulares o rectangulares, flautas curvas o rectas, sonajas esféricas con o sin mango, así como en forma de aves, con decoración al pastillaje.

En cuanto a las representaciones humanas modeladas en barro, las hay huecas que siguen la misma decoración de las vasijas, así como sólidas que son las más notables por la calidad y complejidad. Las figuritas de Chupícuaro son pequeñas obras de arte hechas con delicadeza y simplicidad. Este tipo está realizado a base de pastillaje que consiste en añadir tiras de barro a la superficie, la decoración se centra en la cabeza, se caracterizan por tener los ojos alargados y la nariz extendida hacia la barbilla, dejando el resto del cuerpo sin ornamentación; los cuerpos son pequeños en proporción a la cabeza, la cual puede medir la mitad de la altura total de la figurilla que va de 7 a 13 centímetros, un reducido número de ellas tiene sólo indicadas las manos y los pies. La mayoría de las figurillas están de pie, cuando aparecen sentadas, las piernas son cortas y los brazos descansan en el pecho o abdomen.

Algunas piezas muestran ornamentación pintada en el cuerpo, como líneas en las piernas y pintura en el cabello; en general, las figurillas masculinas tienen el pelo de color blanco y las femeninas de rojo y se encuentran siempre desnudas, la vestimenta, cuando la tenemos representada, consiste de bragueros, en las masculinas y cintas en las femeninas, como parte de la vestimenta se observa lo que podrían ser sandalias esquematizadas y se señalan como pelotitas de barro sobre los pies.

Las figurillas presentan multitud de ornamentos como collares, orejeras, brazaletes y ajorcas. Los tocados son complicados, destacan las bandas entrelazadas en las que se fijaban una serie de adornos alargados como broches y lo que podríamos llamar diademas que tal vez representen a las realizadas de textiles; se le daba mucha atención a los ornamentos y al peinado, el peinado el más común fue el del pelo acomodado en mechones por la mitad de la cabeza y con una especie de fleco sobre la frente.

Las figuras huecas miden aproximadamente de 30 a 35 centímetros, todas son representaciones femeninas, están de pie y tienen las piernas gruesas, con vientres abultados que sugieren embarazo, con muy poco o casi nulo énfasis en el pecho. Por lo general, las manos descansan sobre el vientre y en contraposición a las anteriores, no tienen ornamentos corporales, algunas muestran perforaciones en los lóbulos de las orejas.

Es a través de las figurillas de barro que se puede observar las costumbres de este pueblo, como la falta de vestimenta, la pintura corporal y facial, el uso de turbantes o vendas frontales en la cabeza, y para complementar el adorno el uso de ornamentos y peinados complicados que fueron reproducidos por el artista con gran esmero.

Durante esta época temprana, la mayoría de las figurillas representan mujeres, lo que denotaría un culto a la maternidad y por ende a la fertilidad de la tierra; los rasgos sexuales son bien definidos y muchas veces cargan infantes o bien están embarazadas. Tal vez se trate de una cultura en la que las mujeres representaban la esencia de la vida social, ya que juegan un papel importante en las tareas agrícolas en la producción de alimentos, en la crianza de los niños y en otras actividades comunales.

Ejemplo de este culto a la maternidad en Chupícuaro son las figurillas recostadas en cunas o camas, tal vez sean reproducciones de las reales hechas de tule o mimbre; tienen dos agarraderas a veces con una ave posada sobre el asa o formando una unidad que consta de una figurilla junto a una cuna con otro individuo dentro. La actividad alfarera, además de sus características variadas es un medio de comunicación, un medio de contacto entre el artífice y el mundo exterior y puesto que estas obras fueron depositadas en los entierros como ofrendas, nos preguntamos si esa comunicación podría ser con los espíritus, con los animales, con las almas de los muertos, con la naturaleza. Sea como fuere, este arte es el mensaje que un individuo o un grupo dirige a otros dentro de esta cultura temprana anterior a la era cristiana.

Fuente: México en el Tiempo No. 20 septiembre / octubre 1997

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