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El Cartel en la gráfica mexicana

La época actual se ha caracterizado por la utilización sin precedentes de la imagen; con los avances tecnológicos se han desarrollado como nunca los medios masivos.

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Un aspecto importante de la comunicación, en general, y de lo visual, en particular, es la gran responsabilidad social, lo cual implica que los emisores de mensajes deben crear imágenes certeras y objetivas. El cartel tal y como lo conocemos ahora es producto de un proceso insertado en la evolución de la cultura.

En el México de principios de siglo, los conflictos sociales, políticos y militares que marcaron la vida del país, no fueron obstáculo para que algunas industrias, como las del entretenimiento, desarrollaran, dentro de una crítica situación económica, diversos medios de promoción para una población ávida de distracciones.

Recordemos que en México existía una tradición gráfica desde el siglo XIX forjada bajo la mirada y el oficio de Manuel Manilla, Gabriel Vicente Gaona “Picheta” y José Guadalupe Posada, entre otros autores, quienes tocaron la sensibilidad del pueblo conformado por una minoría ilustrada y una inmensa mayoría analfabeta, pero no por ello carente de interés por los sucesos del acontecer de la nación. En las ciudades y poblaciones más desarrolladas fue a través del grabado –y más tarde de la litografía enriquecida con texto, para quien pudiera leer– como la población podía enterarse de los hechos históricos y cotidianos. En cierta forma, la gente estaba acostumbrada a vivir con las imágenes, prueba de ello era el consumo de la estampería religiosa y la afición por la caricatura política o el gusto por ser fotografiado; existen testimonios de que las pulquerías tenían murales en los interiores y exteriores para atraer mayor clientela.

Desde sus inicios, el cine silente propició la necesidad de atraer al público con las divas y estrellas del nuevo espectáculo. Valiéndose de anuncios con imágenes fijas o móviles el escritor, el dibujante o el pintor, el rotulista y el impresor desarrollaron la incipiente publicidad como nueva profesión para dar forma a productos visuales, hasta entonces desconocidos cuya influencia inmediata provenía principalmente de Estados Unidos; desde ese momento aparece el cartel comercial ligado a la moda.

Por otra parte, en medio de un clima de efervescencia posrevolucionaria, se reorganizaba el país sobre nuevas bases; los artistas plásticosbuscaban en las raíces del pasado indígena otro rostro nacional, dando lugar a un lenguaje visual denominado Escuela Mexicana. Estos artistas recrearon temas históricos, sociales o cotidianos y algunos trabajaron temas políticos, como los integrantes del Taller de Gráfica Popular de los años treinta que produjeron carteles y todo tipo de propaganda para las organizaciones obreras y campesinas. Desde sus orígenes, la Secretaría de Educación Pública fomentó la creatividad de la nueva generación de pintores (Diego Rivera, José Clemente Orozco, David A. Siqueiros, Rufino Tamayo…) para realizar una cruzada educativa y promocional en los muros de los edificios públicos; Gabriel Fernández Ledezma y Francisco Díaz de León participaron en estas cruzadas educativas desde las publicaciones y las artes gráficas desarrollando el incipiente diseño gráfico.

El cartel en las artes gráficas y la publicidad

A su llegada, los artistas españoles exiliados hicieron sentir su impronta en la elaboración de carteles y el diseño tipográfico; José Renau y Miguel Prieto aportaron otras soluciones y técnicas a las artes gráficas mexicanas.

Ya desde mediados de los años cuarenta, los carteles fueron uno de los recursos de promoción de los variados eventos para las masas de aficionados a los festejos taurinos, la lucha libre, el box o los bailes, sin dejar de reconocer que la naciente industria radiofónica resultó más eficaz en la difusión de dichas actividades. No obstante, se desarrolló una especie de iconografía a través de calendarios o cromos de fácil adquisición que alimentó la fantasía de las clases media y popular, generalmente con una visión del progreso muy idealista y candorosa hasta el estereotipo. Sin embargo, aunque dibujantes y pintores publicitarios procuraban lograr una aceptable representación realista de pronta asimilación, en este tipo de producción muy pocos autores, entre ellos Jesús Helguera, lograron trascender.

Los anuncios de gran formato de las luchas y peleas de box llegaron a ser característicos por el uso de tipografía con caracteres pesados y de buen tamaño, impresos en papel económico a todo pliego, a dos tintas fundidas por degradación. Posteriormente, se pegaban con engrudo en los muros de las calles para una difución amplia que favoreciera la asistencia a estos espectáculos.

Las fiestas tradicionales o religiosas también se valían de este cartel para anunciar los eventos a la comunidad, y aunque ya se tenía por costumbre participar anualmente, se creaban como recordatorio y testimonio. Este tipo de carteles también se realizabanpara anunciar bailes, tocadas o audiciones musicales.

Lo anterior ejemplifica el grado de penetración de los mensajes visuales en los diversos sectores de la sociedad, ya sea con finalidades mercantiles, educativas o de concientización.

Precisamente, el cartel debe cumplir una función comunicadora y en la actualidad ha encontrado su perfil propio; desde hace unas décadas se ha venido realizando con mayor calidad e innovación, incorporando el uso de la fotografía, mayor riqueza en la tipografía y el color, así como el aprovechamiento de otras técnicas de impresión como el offset y la fotoserigrafía.

En el periodo de los años sesenta, en el mundo destacaban el cartel polaco, el arte pop norteamericano, y el joven cartel cubano de la revolución, entre otras experiencias; estos acontecimientos culturales influyeron en las nuevas generaciones de especialistas y públicos más educados, primordialmente entre los sectores juveniles. Aquí en nuestro país también se dio ese fenómeno y han surgido diseñadores gráficos (Vicente Rojo y el grupo de la Imprenta Madero) de muy alto nivel. El cartel “cultural” abrió una brecha y ha tenido mucha aceptación, e inclusive la propaganda política logró mejores niveles de calidad. También, en la medida que las organizaciones civiles independientes protagonizaban otras luchas por sus reivindicaciones, concibieron sus propios carteles, ya sea con el auxilio de profesionales solidarios o plasmando sus ideas con los recursos a su alcance.

Puede afirmarse que el cartel es en sí un medio popular por su proyección y que al contar con una amplia comunicación se hace más accesible al público, pero debemos saber diferenciar una idea nueva con un mensaje claro, directo y positivo, de una imagen tendenciosa y complaciente, aunque esté bien hecha, la cual, lejos de hacer una contribución al diseño gráfico, forma parte de la abundante basura visual de las sociedades modernas.

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