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El cine y la Revolución Mexicana

Desde documentales in situ pasando por grandes filmes de la “Época de oro” del cine nacional, te ofrecemos un recorrido por el movimiento revolucionario a través de la pantalla grande.

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Periodista de formación ¡y viajera por pasión!


En el cine, como en la literatura y la pintura, la Revolución Mexicana ha sido uno de los temas más abordados por los artistas en el último siglo. Las atrevidas Adelitas, los indígenas con huaraches portando un fusil y los bigotudos jefes militares con cananas y amplios sombreros son personajes que adornan cualquier estampa del imaginario nacional.

Sin embargo, en el séptimo arte, al igual que en otras disciplinas, el conflicto armado que inició en 1910 se ha desentendido de su significado político e histórico para convertirse en un creador de mitos que más bien ha servido para proyecciones folcloristas y despliegues machistas que glorificaron a leyendas como Francisco Villa y Emiliano Zapata.

Presentada como documental o en forma de narración ficticia que rememora a los “westerns” estadounidenses, la Revolución se ha erigido como el escenario trágico e ideal para amores imposibles y heroísmos frugales. Los paisajes solitarios y terrosos son la impecable fotografía, mientras que los “corridos” la banda sonora perfecta para presentar diferentes visiones de este ambiguo periodo de la Historia de México.

Siguiendo a los actores

Debido a su gusto por la cultura francesa, don Porfirio Díaz trajo a nuestro país el mayor invento de los hermanos Lumiére: el cinematógrafo. Aunque originalmente su objetivo era filmar al general Díaz, en realidad se utilizó para documentar y ensalzar a los enemigos del dictador. Grandes personalidades como Francisco I. Madero y Álvaro Obregón contaban con sus propios directores que seguían sus pasos y relataban sus aventuras.

No obstante, la figura más destacada del cine revolucionario es, sin duda, Pancho Villa. Además de ser el más popular e interpretado en estas cintas, “El Centauro del Norte” financió a productores estadounidenses para que grabaran sus recorridos. De hecho, hay quienes aseguran que la famosa Batalla de Celaya no fue real, sino que el mismo Villa la coreografió para lucir victorioso.

Mitificando a la Revolución

A partir de que Venustiano Carranza toma el poder en 1914, este género sufre una gran transformación: pasa de ofrecer un contenido meramente informativo a ser un arte de ficción.

Este fenómeno se extiende durante el gobierno de Lázaro Cárdenas quien apoyó esta corriente, dando lugar a la trilogía más famosa sobre el tema: “El prisionero 13”, “El Compadre Mendoza” y “¡Vámonos con Pancho Villa!”. Estos filmes, dirigidos por Fernando de Fuentes, no muestran el lado heroico del conflicto, sino que una visión desencantada y cruda de la guerra.

Hacia la década de los 50, la Revolución pierde su enfoque realista para ser un escaparate que muestra la riqueza y colorido las tradiciones mexicanas. María Félix, Pedro Armendáriz, Dolores del Río y Emilio “el Indio” Fernández son las grandes estrellas de la “Época de Oro” que dieron vida a los arquetipos revolucionarios. Entre risas, balaceras y robos, Armendáriz personifica a un Pancho Villa de carne y hueso. “La Doña”, con puro en la boca y dispuesta a pelear a la par de un hombre, se convirtió en el símbolo feminista, mientras que Del Río conservó el papel de la mujer obediente que espera el retorno del marido.

Censura y fracaso

Durante los 60 y 70’s, la magia y el misticismo que rodeaban a la Revolución anteriormente se desvaneció para exhibir su verdadera cara: decepcionante, brutal y confusa. En este tiempo se estrena una de las películas más memorables del género: “La Sombra del Caudillo”, dirigida por Julio Bracho y basada en la polémica novela de Martín Luis Guzmán. Debido al gran parecido que tenían los personajes ficticios creados por Guzmán con los reales, el entonces presidente Adolfo López Mateos prohibió la cinta, la cual se mantuvo censurada por más de tres décadas. 

A un centenario de su comienzo, el esplendor de la Revolución y su uso en las artes se ha mitigado y en los últimos años han habido sólo unos cuantos intentos que la abordan. Entre éstos destaca “Zapata, el sueño del héroe”, de Alfonso Arau, el cual contó con las actuaciones de Alejandro Fernández y Lucero. Este filme que busca combinar una especie de fantasía sobrenatural con los costumbrismos indigenistas resultó un fracaso en taquilla.

Quizá ya sea un tema gastado, quizá las últimas propuestas no logren resucitar la gloria de sus antecesoras, pero lo cierto es que la Revolución Mexicana se conservará como una bella imagen que contiene dentro de sí un universo de prototipos, alegorías y mitos que se albergan en lo más profundo de la cultura mexicana y de su cinematografía.

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