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El correo en México

Te presentamos una reseña histórica de esta importante institución que, desde tiempos antiguos, nos ha permitido enviar y recibir información mediante un complejo sistema de entregas.

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La institución de los correos en el México antiguo se conoce por las diversas noticias que nos transmitieron los cronistas. Llamados paynani, los mensajeros, o correos, estaban bajo la protección del dios Painal, o Paynal, a quien Sahagún describe como sota capitán de Huitzilopochtli, es decir, le toma su lugar y sirve como vicario cuando se ofrece, sale personalmente al encuentro de los enemigos a mover a la gente.

Este sistema ya estaba perfectamente organizado a principios del siglo XV, aunque sólo para el servicio imperial. Al parecer, dependía directamente de la organización del ejército, pues los correos formaban parte de la clase militar y sus funciones tenían por objeto esencial comunicar entre sí a las tropas expedicionarias y a éstas con el emperador (o tlatoani), siempre de palabra, y excepcionalmente por escrito. Clavijero hace una extensa referencia a este respecto: Para que la noticia llegara con más prontitud, había en los caminos reales del reino ciertas torrecillas, distantes cerca de seis millas una de la otra, en donde estaban los correos, prontos a toda hora a ponerse a caminar.

Según Clavijero, los correos se educaban en el Telpochcalli y ejercían una profesión honrosa. Contaban, además, con una instrucción especial, puesto que la transmisión verbal de los mensajes, sobre todo los referentes a los asuntos del Estado y a los militares, requería de criterio y conocimientos vastos sobre temas muy variados. 

Había correos rápidos y lentos y de estaciones comunes o extraordinarias. Estas últimas, por ejemplo, se establecían hasta en el campo de batalla y se llamaban techialoyan. En las estaciones vivían o aguardaban corredores muy ligeros y ejercitados, conocedores de las veredas y caminos más cortos. Una vez que era enviado en una misión del ejército, el correo corría sin descansar hasta el primer techialoyan y comunicaba el mensaje a surelevo, que de inmediato partía a otra estación. Así, la noticia volaba sin interrupción hasta llegar a la ciudad de Tenochtitlan. De esta manera los titlantli, respetados como embajadores aun en los pueblos extraños, corrían cien leguas diarias.

Como era una organización estatal, se desconocían las tarifas de portes y de franqueo. Las construcciones que marcaban las etapas del paso de los ejércitos servían después como guía para el paso de los correos.   

La Nueva España y los Correos Mayores

Después de 1521 no había organización formal en el servicio de correos. En 1580, el virrey Martín Enríquez de Almanza organizó el servicio del Correo Mayor de Nueva España, encomendado en 1582 a Martín Olivares, quien permaneció más de veinte años en el cargo. El sistema postal contaba con correos, cabalgaduras, peones y agencias postales en las ciudades de México, Veracruz, Puebla, Oaxaca, Querétaro y Guanajuato. El Correo Mayor servía no sólo al rey y a los órganos de gobierno y administración, sino también a los particulares. Cuando llegaba correspondencia de España, se entregaba en el palacio del virrey. Las cartas dirigidas a la ciudad de México se distribuían en el palacio virreinal, y el destinatario pagaba el porte correspondiente al recibirlas. 

Después de Olivares, su teniente Alonso Díez de la Barrera depositó en 1604 la fianza exigida y asumió el cargo de Correo Mayor. Durante la época colonial hubo once correos mayores y cuatro administradores de correos. 

En 1745 se establecieron en la Nueva España “correos semanarios”, mesones y tambos como los que había en España. Algunos años después se organizaron los correos formales para Querétaro y Guanajuato, para Guadalajara y para el mineral de Bolaños; después surgieron los enlaces Durango-Chihuahua, Nuevo León, Guadalajara-Ures y San Luis Potosí-Monterrey.

En el transcurso del siglo XVIII la administración de correos de la Nueva España cambió dos veces de residencia. En 1765, de la calle de Correo Mayor (en el Centro Histórico del DF) se mudó a la calle de Santa Teresa la Vieja, hoy Guatemala, número 11 o 20, y en octubre de 1788 a las casas de los hermanos Borda, en la calle de San Francisco, número 10, hoy avenida Madero, número 33, donde permaneció hasta febrero de 1852.   

El Correo en el México Independiente

La guerra de Independencia interrumpió los servios del correo en todo el territorio y se utilizaron mensajeros privados. En 1821 el ramo de correos seguía rigiéndose por la ordenanza de 1794 y durante algunos años estuvo adscrito a la Secretaría de Relaciones. En esta época, el sistema postal se dividía en dos administraciones generales, la de México, con 367 oficinas de correos, y la de Veracruz, con 33; además, también contaba con 400 oficinas menores.

La guerra de 1847 con los Estados Unidos trasformó una vez más los servicios postales, los cuales comenzaron a recuperarse dos años después, e incluso se expidió un reglamento para los visitadores de la renta de correos. El 3 de febrero de 1852 las oficinas se trasladaron a un anexo de la antigua Casa de Moneda, en el costado norte del Palacio Nacional. 

En 1856 el presidente Ignacio Comonfort expidió un el decreto que establecía el uso de estampillas o timbres para el franqueo de la correspondencia. Pedro de Garay y Garay, administrador de correos en los últimos años del régimen juarista y durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, simplificó los trámites postales, contribuyó a la moralización del personal y sustituyó el viejo sistema de cargo y data por el nuevo contable de debe y haber. En 1871 se crearon los giros postales, al parecer invento mexicano, hasta por 25 pesos. 

Después de la restauración de la República en 1867, los servicios de correos poco a poco mejoraron. De 1821 a 1867 el número de oficinas de correos aumentó de 400 a 479; el personal de 461 a 592 y los sueldos y gastos se duplicaron. De 1867 a 1900 las oficinas crecieron de 479 a 1972; el personal, de 592 a 9784 y los sueldos y gastos se incrementaron más de ocho veces.

Hacia 1850, en México empezaron a desarrollarse los ferrocarriles, pero su crecimiento acelerado inició en 1877. Durante la década de 1880 se construyeron las vías troncales más importantes. La administración de correos contrató con las compañías ferrocarrileras el funcionamiento de carros-correo en todos los trenes de pasajeros, con lo que el traslado de correspondencia y de bultos postales aumentó considerablemente. 

El 17 de febrero de 1907, al presentar al presidente Porfirio Díaz el Palacio Postal, el ingeniero Gonzalo Garita afirmó: Hacia el año de 1900, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, muy preocupada por el notable incremento que día a día adquiere el ramo de correos, acordó la conveniencia de erigir un nuevo edificio que a la vez tuviera la amplitud necesaria para el buen servicio y marcara en el futuro el grado de progreso y bienestar por el que actualmente cruza la nación.

Al igual que las otras revoluciones y guerras por las que había pasado México, la de 1910 perturbó totalmente la vida de la República y, por supuesto, también la actividad del correo. En la década de 1911 a 1920 había pérdidas, saqueos de valores, asaltos y aun la muerte de algunos empleados postales, por lo que el servicio era muy defectuoso. Ante la carencia de personal se reclutaron aspirantes postales. A pesar de que los servicios por ferrocarril aumentaron, el conjunto de la red postal disminuyó de 91,068 km en 1901 a 90,540 en 1911.   

Después de la Revolución

En 1921 comenzaron a operar las rutas aéreas con servicio postal. La primera concesión se otorgó a la Compañía Mexicana de Transportación Aérea para dar servicio de pasajeros, de correspondencia y de carga, en las rutas México-Tampico-Matamoros y México-San Luis Potosí-Saltillo-Monterrey-Ciudad Juárez. William L. Mallory recibió en 1924 la concesión para la ruta México-Tampico, la más solicitada debido al auge petrolero de la zona. El servicio Tuxpan-Tampico, de 158 kilómetros acarrea sacos repletos de monedas de oro, evitando los asaltos y ahorrando sustos y tiempo. 

A mediados de la década de 1950, la aviación comercial ya recorría cada día casi 150,000 kilómetros y transportaba más de cincuenta toneladas. Las concesiones para este servicio se otorgaron a las compañías aéreas nacionales y extranjeras que operaban en México. Diez años después, en 1964, había 3260 rutas de superficie, con 244,340 kilómetros de cobertura diaria, y 63 rutas aéreas, de ellas 39 interiores, con 38,252 kilómetros, así como 24 internacionales que se extendían por 22,300 kilómetros en territorio mexicano. En ese año el 80 por ciento de la correspondencia se transportaba en vehículos de motor y las piezas manejadas sumaban 1192 millones, de las cuales 376 millones iban al extranjero. 

En 1972 se creó el Centro Postal Mecanizado Benito Juárez, capaz de procesar un millón de piezas diarias, pero deficiencias de mantenimiento redujeron su capacidad. En 1974 se creó otro centro, llamado México, para procesar la correspondencia de primera y tercera clases del Distrito Federal, con una planta de 1308 empleados.

A finales del siglo XIX, el correo transportaba 122.6 millones de piezas anuales. En 1982, año “pico”, alcanzó la cifra de 1444.5 millones de piezas. En 1999 fue de 1158 millones.

En 1999, el Servicio Postal contaba con 1537 administraciones, 280 sucursales y 443 agencias, y un total de 34,815 puestos de servicio y 22,517 buzones. El servicio está organizado en 3358 circuitos y rutas postales, con una extensión de 164,945 kilómetros que dan servicio a 5665 poblaciones. En 1999, el Servicio de MEXPOST manejó 4,544,709 envíos nacionales y 938,827 giros postales. Con la entrada del nuevo milenio, y el consolidamiento de los medios digitales, muchos cambios sufriría esta institución…

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