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El Día de Muertos en México ¿De origen prehispánico?

El Día de Muertos en México se presenta como una tradición prehispánica pero en realidad podría tener su origen en una celebración católica y europea. Estos son los orígenes de esta celebración en nuestro país.

Anna Lagos

A pesar de que es más probable que el Día de Muertos tenga su origen en la religión católica, en México se ha extendido la idea de que esta celebración tiene raíz prehispánica, una relación fácil de creer, por el culto de los grupos indígenas a la muerte. Este debate quizá no debería existir, pues como todos sabemos esta tradición es un sincretismo entre la cultura europea y la indígena.  De hecho, la UNESCO, en la declaratoria de Patrimonio Intangible de la Humanidad dice que las fiestas indígenas dedicadas a los muertos son “una festividad sincrética entre la cultura prehispánica y la religión católica que, dado el carácter pluricultural y pluriétnico del país, ha dado lugar a expresiones populares diversas, transmitidas de generación en generación y a las que, con el paso del tiempo, se han añadido diferentes significados y evocaciones de acuerdo con el pueblo indígena, comunidad o grupo que las llevan a cabo, en el campo o en la ciudad”.
 
Es así que entonces nos preguntamos, ¿de dónde surgió la idea del origen prehispánico? La respuesta fue sencilla de encontrar… en los años 30, un grupo de intelectuales mexicanos promovió la idea de que el Día de Muertos era más prehispánico que colonial, más azteca que católico, que la raíz de la tradición era indígena y no europea. Fueron los años del presidente Lázaro Cárdenas del Río. Los años de la reforma agraria y la nacionalización de la industria petrolera. Una temporada de bonanza económica. Bajo el mandato de Cárdenas, a lo mexicano se le empezó a identificar con el grupo prehispánico predominante a la llegada de los conquistadores, los mexicas o los aztecas. Fue por ello que los intelectuales de entonces rescataron costumbres de la colonia, costumbres católicas y romanas paganas, y les asignaron un nuevo sentido a las Fiestas de Día de Muerto al transformar las fiestas de Todos Santos y Fieles Difuntos en un evento con supuesto origen prehispánico.

 
El origen católico
 
Elsa Malvido, quien fuera investigadora de Estudios Históricos del INAH dice que la idea de que todo nació en la época prehispánica se trata de un “gran mito”. Malvido dice que hay varios factores que sostienen que las celebraciones son más un sincretismo europeo que una celebración prehispánica.  Pero con la decisión de la UNESCO de declarar el Día de Muertos Patrimonio intangible de la Humanidad, los medios de comunicación y la intención de los intelectuales de visibilizar y exaltar las entonces ignoradas tradiciones de los pueblos originarios fueron los que le dieron este sentido prehispánico a la celebración. De acuerdo con la investigación de Malvido, la mayoría de los estudiantes en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) apoya incondicionalmente la ideología cardenista. “Han intentado meter el 1 y 2 de noviembre dentro del calendario ritual mexica”, dice. Sin embargo, la fecha es de origen católico.
 
Valgan como prueba los escritos de los costumbristas Altamirano y García Cubas. En el siglo XIX, escribían: “Ese día ponían la mesa del comedor esperando que a las doce de la noche, las almas de los muertos vinieran a comer. Esta costumbre romana y pagana, llegó a México con los castellanos y en particular con los gallegos, pues muchas de las costumbres paganas las conservaron los católicos, como las piras funerarias que fueron tan destacadas en la Nueva España.  […] Por la noche los del pueblo bajo, que solo concurrían al paseo de la Plaza hasta las diez de la noche, hora en que irremisiblemente se cerraban las casas de vecindad, ya en sus hogares encendían las velas en el altar de sus ofrendas, consistiendo en biscochos, fruta y dulces, tamales y calabaza cocida; todo preparado con el expreso fin de que a la medianoche tuviesen qué cenar sus deudos difuntos.
 

 
El origen prehispánico
 
Por otro lado el Instituto Nacional de Antropología e Historia sostiene que la celebración es de origen prehispánico, basados en el calendario Azteca, ya que investigadores afirman que las fechas del Día de Muertos coinciden con que, durante este periodo, se marca el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo predominante del México antiguo. “Hay un calendario agrícola de origen prehispánico que se apareja con el calendario ritual católico; el maíz se cultiva en dos temporadas del año; la época de secas y la época de lluvias, que son las únicas estaciones que existen en México, para el caso de los pueblos indígenas. Y, esto origina precisamente el calendario ritual: dos fiestas son importantes desde el periodo antiguo, uno es las fiestas de la primavera que están relacionados con la actividad agraria, que, con la conquista hispana dio origen a los carnavales. Y, lógicamente los carnavales indígenas que están relacionados con los ritos de fertilidad. Y otro es el culto a los muertos. Qué siguen siendo hasta hoy, los eventos más importantes del país, más allá de las fiestas patronales que se equiparan a las fiestas cívicas de México”, afirma el director de Etnografía del Museo Nacional de Antropología e Historia (INAH). Aunque el director del INAH dice que el afirmar que el origen del Día de Muertos sea prehispánico o europeo “es cuestión de enfoques”, por lo que realmente “tal cual como se celebra en México podemos decir que es básicamente indígena”. 
 
Aunque es clara la adoración por la muerte que se tenía en la época prehispánica, la celebración del día de muertos como la conocemos actualmente, poco tiene que ver con esas costumbres.
 
La costumbre europea
 
La fiesta más importante de la Iglesia católica es el Misterio Pascual, la crucifixión, el supremo sacrificio que Jesús ofreció a favor de la salvación de todos los hombres. El catolicismo está dedicado a la adoración de la muerte ya que su mundo no está en la tierra, sino en el más allá. La abundancia de mártires católicos ocurre porque la Iglesia y sus creyentes fueron perseguidos. Cientos murieron anónimos por amor a Cristo al difundir sus enseñanzas, pero a muchos nadie los recordaba, por lo que los papas comenzaron a rescatarlos en el siglo XI, para lo cual propusieron una celebración en su honra, aunque sin fecha. En el siglo XI, el abad de Cluny promovió la celebración de Todos los Santos el día 1 de noviembre; a partir del siglo XIII la Iglesia romana lo aceptó y así se ha mantenido a través de los siglos. Durante la celebración se exhibieron sus tesoros, restos y reliquias para que los creyentes les ofrendaran oraciones.
 

 
La costumbre en los reinos católicos de León, Aragón y Castilla consistió en preparar ciertos alimentos dedicados a los santos que se llevaban a la iglesia en donde eran bendecidos y más tarde, en las casas, se les colocaba en “la mesa del santo”, que consistía en una imagen del santo predilecto adornado con dulces y panes con la figura de huesos. La celebración de Todos Santos, el 1 de noviembre, llegó a Nueva España con la Conquista. Después de las pestes del siglo XIV, el 2 de noviembre del calendario cristiano se dedicó a orar por todos los Fieles Difuntos, es decir, los católicos del mundo conocido, ya que al inventar la Iglesia el Purgatorio, dio oportunidad a que los fieles creyeran que gracias a sus plegarias les otorgarían la licencia para salir del purgatorio en poco tiempo o para evitar la vida eterna en el infierno.
 

 
El primer Día de Muertos en México
 
La primera celebración del Día de Muertos en la Ciudad de México fue el 1 de noviembre de 1821, cuando la gente, después de visitar las iglesias, fue a la Catedral, frente al Zócalo, donde se desarrolló la Verbena de Todos Santos. El Ayuntamiento ofrecía al mejor postor cada mes de octubre la organización de esta verbena. Dicho postor debía contratar espectáculos decentes y permitidos para toda la familia, y ofrecerlos a precios accesibles.
 
El 1 y 2 de noviembre servían para recordar a los ancestros. Al parecer estas dos fechas se unieron desde el siglo XVIII en México y se tornaron en una celebración de dos días enteros y continuó trastocada en una fiesta popular en la Ciudad de México durante todo el mes de noviembre, conociéndose como el “Paseo o Verbena de Todos Santos”, o el “Paseo de los Muertos”.

 
Mientras tanto en Europa, tras la primera pandemia de cólera morbus de 1833, que sembró el terror en la zona mediterránea, las autoridades exigieron que los muertos se exhumaran definitivamente fuera de las iglesias y sus pisos fueron encementados. Los panteones se situaron siguiendo las consejas borbónicas; fuera de poblado, en alto, donde crucen los vientos para no contagiar a los vivos. Así, acudir el 2 de noviembre a los panteones a visitar a los muertos y adornar los sepulcros se convirtió en la nueva costumbre.
 
Para hacer la visita a estos espacios ubicados a las afueras de la ciudad, se tuvieron que hacer grandes caminatas entre lodazales. Al borde de esos caminos se pusieron puestos de toda clase de comida y bebidas, como el pulque. Por supuesto, cuando la gente llegaba hasta los nuevos panteones se encontraba agotada, hambrienta y sedienta. Entonces, junto con las  flores y los adornos de las tumbas, sacaban la comida y la bebida. Adornar las tumbas con flores y velas, que antes se llevaban a la iglesia, era una situación inédita. Una costumbre que hasta ahora se mantiene durante la celebración de Día de Muertos en México.
 
“Ya se sabe que en México hay ahora nuevos cementerios, y de diversas formas usadas en otro tiempo […] allí están enterrados los huesos de los muertos a quienes tienen que llorar los mexicanos. El día de Todos Santos en la tarde unos pobladores de la capital concurrían, como hoy a los templos, para visitar las reliquias de los bienaventurados que en ellos se veneran y otros débanse prisa para disponer todo lo concerniente a la compostura en los panteones de los sepulcros y monumentos que habían de aparecer el día siguiente vestidos de gala”, dice una crónica de 1880.

 
Fue así como nació nuestra celebración de Día de Muertos una celebración que muestra el sincretismo de lo europeo con las tradiciones mexicanas y que cada día sigue evolucionando y mezclándo otras costumbres. Porque la cultura se reinventa cada día y, sin duda, cada vez se le añaden nuevos elementos a la tradición mexicana, que sigue conservando la ambigüedad en su origen.. Lo cierto es que El Día de Muertos se ha convertido en fiesta nacional, quizá́ mucho más grande y poderosa que el Día de la Independencia,  el Día de las Madres o el mismo Día de la Virgen de Guadalupe, es un símbolo nacional un simbolo que nos da identidad a los mexicanos, algo que nos hace sentir orgullosos de ser mexicanos. En esta fecha se manifiesta la identidad y la colectividad mexicanas unidas a una concepción cíclica de la vida y la muerte. La muerte para México es tan cercana que la celebramos con flores, papel picado, mole, tortillas, pulque y hasta con calaveritas de azúcar porque “En México, ¡hasta la muerte es dulce!”.

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