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Historia

El escuadrón japonés que el FBI infiltró para envenenar a Pancho Villa

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Vertieron el veneno en el jarro de café negro que Pancho Villa acostumbraba a beber todos los días, luego huyeron para comunicar al FBI que el trabajo estaba hecho.

El veneno con el que los infiltrados japoneses del FBI buscarían matar a Pancho Villa, se llamaba “de tres días”, pues ese era el tiempo en el que un ser vivo tardaba en morir tras ingerirlo. Así lo habían comprobado ellos mismos días atrás luego de suministrárselo a un perro, que agonizó infernalmente hasta que los globos oculares se le desprendieron de las cuencas.

Lee: Luz Corral, la esposa legítima de Pancho Villa

cortesía Mediateca INAH: https://www.mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/fotografia%3A445476

Con la certeza de que acabaría con la vida del general, vertieron el letal veneno en el jarro de café negro que el Centauro acostumbraba a beber todos los días. Seguros de que todo lo habían hecho bien, salieron huyendo del campamento villista ubicado en Parral, Chihuahua. En su huida, el 23 de septiembre de 1916, se detuvieron para comunicar al gobierno estadounidense que la misión había sido un éxito.

Pero antes de que les contemos cómo acabó todo, habrá que decir qué ocurrió antes. El escuadrón nipón del FBI, de no se sabe cuántos integrantes, estaba encabezado por dos hombres: Tsuto Mudyo, de nombre clave Dyo, y un hombre de apellido Hawakawa, reconocido por su criptónimo Jah.  

foto ilustrativa

Ambos se habían reunido en junio de 1916 en un café de El Paso, Texas, con el jefe de la oficina del FBI en esa localidad, el agente E.B. Stone. Acordaron que el escuadrón japonés se infiltraría en la tropas de Villa para, primero, informar lo relacionado con las fortalezas y debilidades del ejército, para luego, capturar al general y entregarlo a la agencia estadounidense.  

Tal vez en algún momento de la conversación los japoneses sintieron el peso real de aquella misión, así que le propusieron matar al Centauro, para luego entregarle el cadáver al FBI. El agente E.B. Stone meditó la pregunta, pidió a los nipones que le dieran tiempo de consultarlo con el Departamento de Estado, y luego de unos días, les habría confirmado que también podían entregarlo muerto.  

Manos a la obra. Stone llevó a Dyo y Jah con el capitán Reed, quien estaba a cargo de las labores de inteligencia de la llamada Expedición Punitiva (nombre de la campaña militar del gobierno de Estados Unidos para capturar al jefe revolucionario Francisco Villa). Reed a su vez reunió a los mercenarios japoneses con el médico militar que les daría el frasco con el veneno “de tres días”. 

Una vez con la botella de la poción en la bolsa, los japoneses se infiltraron al ejército de Francisco Villa, lo lograron bajo el argumento de que los había enviado su hermano Hipólito Villa, quien ya en el pasado había recomendado otros sirvientes japoneses leales como Kingo Nonaka, enfermero estrella de la División de Norte, o Gamichi Tatematsu.  

Como fuera el general no dio tanta importancia a la entrada de los nipones, pues éstos de facto le caían mucho mejor que los chinos. Sin embargo era 1916, Pancho Villa ya estaba muy desconfiado sobre las repetidas traiciones dentro de sus filas, surgidas tras la derrota de 1915 en Celaya. 

Esa desconfianza a todos, no sólo a los japoneses, lo hizo dar a probar primero aquel jarro de café que sirvieron Dyo y Jah a uno de sus soldados, quien se puso grave muy rápido y terminó muriendo. 

Fue un escándalo. Villa podía ser aniquilado en una de las batallas de la Expedición Punitiva, pero envenenarlo como a un perro era algo bajo. El asunto fue negado por las autoridades, hasta la fecha.

Referencias:

Espías mexicanos en tierras norteamericanas (1914 y 1915)

El intento de envenenamiento contra Pancho Villa

Pancho Villa: biografía (Friedrich Katz)

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autor Viajero que además de experiencias por la vida anda tras el click.
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