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El margay, felino acróbata del bosque de niebla

Siete días habían pasado y no podíamos capturar lo que tanto deseábamos: una especie silvestre de felino de la que muy poco se sabe. Nos encontrábamos en la Reserva de la Biosfera El Cielo, ubicada en el suroeste del estado de Tamaulipas.

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Este felino es la especie más pequeña de las seis que viven en nuestro país (las otras cinco son: jaguar, puma, gato montés, ocelote y jaguarundi), y se encuentra distribuido a lo largo de ambas costas y en el sureste. Cada día, el lugar nos regalaba maravillosas vistas de los paisajes característicos de este tipo de bosque. Podía ser desde una mañana en donde la vegetación se perdía entre la niebla, hasta un atardecer soleado y despejado. A esto se agregaba la emoción de partir, deseando tener éxito en nuestro trabajo de campo.

ENCONTRARLO: EL MEJOR REGALO

El día era soleado y conforme íbamos subiendo la montaña muchos pensamientos pasaban por nuestra mente. El olor a hierba mojada y el viento refrescante nos acompañaron durante el viaje. Al ir revisando las trampas, las posibilidades de encontrar lo que buscábamos se iban diluyendo. Sin embargo, cuando me dirigía hacia una de las últimas trampas, de pronto escuché un movimiento: algo había caído en ella. Ahí estaba, nervioso, agazapado, mirándome con sus enormes ojos. Su pelaje moteado brillaba. Era un margay.Me quedé callada para no alterarlo y evitar que se lastimara; observándolo con atención, me di cuenta de que ya tenía puesto un collar, lo que quería decir que era uno de los animales que formaban parte de nuestro estudio, aunque no sabíamos cuál de todos era, ya que al parecer la señal de su radio había dejado de funcionar. Yo sabía de entrada que era uno especial, pues al encender el receptor y poner las frecuencias de otros animales en el área, no se escuchó nada. Era el mejor regalo que podía recibir.Éramos dos equipos: uno revisaba las trampas que estaban en la parte baja de la reserva y el otro las de la parte alta. Nos comunicábamos por radio, por lo cual me dispuse a dar la gran noticia a Arturo, el líder del proyecto. Emocionados, continuamos revisando las trampas restantes, y para nuestro regocijo el otro equipo nos avisó que había capturado un margay más.Cuando terminamos nos reunimos en el lugar de la primera captura y nos pusimos a trabajar con el ejemplar que yo había encontrado. Una vez tranquilizado el margay lo sacamos de la trampa, y así nos dimos cuenta de que se trataba del primero que se había capturado durante el estudio.

UN MARGAY MUY ESPECIAL

Este margay, al cual se le asignó el número uno como identificación, sin restarle importancia a los otros, era muy especial, pues él me había permitido cumplir uno de mis más grandes sueños, tanto profesionales como personales. Por él me encontraba de nuevo en este maravilloso mundo de la investigación.Debido a una falla en su radio, a este margay sólo lo pudimos seguir cinco días después de su captura y no sabíamos dónde se encontraba hasta este momento, y ya había pasado año y medio desde su primera captura. En ese entonces era un animal joven, por lo que suponíamos que se había alejado del área de estudio al tratar de establecer su propio territorio. Lo habíamos buscado mucho tiempo, y ahora, por fin, lo habíamos encontrado. No sólo estaba bien, sino que se había convertido en adulto, con sus colores tan característicos, su suave pelaje y tierna apariencia.  Luego de tomar todos los datos y de colocarle un nuevo collar, nos dispusimos a esperar su recuperación, la cual fue normal, y después lo liberamos. Al verlo salir corriendo, mil dudas nos asaltaron: a dónde irá, qué sentirá, qué lugares recorrerá sumergido en el bosque de niebla.Ahora cada vez que subo a la montaña desde donde hago la radiotelemetría, y cuando me siento cansada, sólo pienso en la posibilidad de seguir escuchando la señal de todos los felinos con radio, pero en especial de este margay, el número uno. Y cuando al fin llego, casi sin aliento, y enciendo el receptor y sintonizo la frecuencia, toda preocupación y cansancio desaparecen al escuchar la señal de este margay tan especial para mí.

UN GRANITO DE ARENA

Me siento afortunada de realizarme profesionalmente en tareas que involucran la naturaleza. Las personas que trabajamos en campo con fauna silvestre debemos tener una gran vocación y entrega, ya que los obstáculos que debemos enfrentar son muchos. Las limitaciones y el esfuerzo físico, además de los muchos peligros y las inclemencias del tiempo, explican por qué somos tan pocos los que nos dedicamos a esta profesión. Sin embrago, todos los inconvenientes se olvidan en un instante cuando obtenemos buenos resultados, pues así contribuimos con nuestro granito de arena a la conservación de la naturaleza de México.

¿QUÉ SABEMOS DEL MARGAY?

El margay (Leopardus wiedii), también conocido como tigrillo o peluda, es una especie de la cual se tiene muy poca información en estado silvestre; de hecho, muy poca gente se imagina que habita en México. Este carnívoro, hoy en peligro de extinción, pertenece a la familia de los felinos y es muy importante en todo su rango de distribución. Los trabajos de campo que se han realizado hasta el momento son muy escasos. En 1989, en Belice, se logró capturar dos ejemplares en dos años de trabajo de campo continuo, aunque sólo se pudo obtener información de un ejemplar.La mayoría de las investigaciones se han llevado a cabo con animales en cautiverio, por lo que es de gran importancia conocer más sobre esta especie, pero en estado silvestre.Este felino es la especie más pequeña de las seis que viven en nuestro país (las otras cinco son: jaguar, puma, gato montés, ocelote y jaguarundi). En México se distribuye a lo largo de ambas costas y en el sureste, pero en el continente su distribución llega hasta Argentina. El margay es un animal estrictamente nocturno, por lo cual sus ojos son relativamente grandes; se le identifica por su cola, que es muy larga en proporción al tamaño de su cuerpo, y posee una gran agilidad, ya que tiene la capacidad de girar los tobillos de las patas traseras hasta 180°, lo cual le permite descender de los árboles con la cabeza hacia abajo, como lo hacen las ardillas.En general, su pelaje es de color crema grisáceo con manchas negras. Los animales adultos pesan entre 2 y 5 kilos. El apareamiento puede ocurrir en cualquier época del año y tienen de una a dos crías que nacen después de un periodo de gestación de unos 60 días.El margay vive principalmente en áreas de selva y bosques tropicales y se alimenta de pequeñas presas, tales como mamíferos, aves, anfibios y en ocasiones insectos. Al parecer, estos felinos obtienen sus presas de los árboles, aunque también cazan en el suelo.

EL CIELO: LÍMITE DE SU TERRITORIO

La Reserva de la Biosfera El Cielo es un área muy importante, pues alberga gran número de especies de flora y fauna silvestres, además de que en su interior se localiza el último reducto de bosque mesófilo de montaña o bosque de niebla para el noreste de México. La reserva cuenta con 144 530 Ha y en ella encuentran refugio gran número de especies silvestres, de las cuales varias están en peligro de extinción. En el caso del margay, esta área es fundamental, ya que podría ser el límite norte de su distribución.El objetivo principal del proyecto que iniciamos en 1999 es monitorear los movimientos del margay en estado silvestre. Hasta el momento se han capturado ocho individuos, los cuales son rastreados continuamente. Esto reviste gran relevancia, ya que es el primer estudio de esta especie en nuestro país y es el de mayor número de individuos estudiados a nivel mundial.El margay, al igual que muchas otras especies tropicales, está en grave peligro de extinción por la destrucción de su hábitat, por la comercialización de su piel y también por ser ilegalmente vendido como mascota. Por todo ello es necesario impulsar los trabajos sobre aspectos ecológicos para esta especie. Nuestra investigación representa un gran esfuerzo, tanto físico como económico, y los datos que se están obteniendo son invaluables, ya que con ellos se podrán crear los programas de conservación más adecuados para esta especie en México.

Fuente: México desconocido No. 341 / julio 2005

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