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En busca del cocodrilo en la Laguna de las Ilusiones

¿Cocodrilos en plena ciudad de Villahermosa? Cuando lo supimos nos pareció tan increíble que decidimos vivir la experiencia en uno de los atractivos naturales más extraordinarios ubicado al noreste de la ciudad.

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Desde el boulevard Adolfo Ruiz Cortines o la Avenida Universidad, se tiene una magnífica vista de la laguna, es un escenario donde se combina la copiosa vegetación con residencias y mansiones señoriales. Es aquí precisamente, en el Hotel Graham, donde llegamos una tarde para emprender una aventura extraordinaria; navegar en kayak la laguna para observar las especies animales que aquí habitan y encontrarnos con el rey de todas ellas: el cocodrilo. Y para realizar el proyecto acudimos con nuestros amigos de Expedición Cocodrilo, un grupo de jóvenes que ofrecen recorridos guiados a bordo de kayaks.

Alfredo, Miguel, Fabián y Arturo son expertos que conocen toda la laguna como la palma de su mano. Antes de iniciar la travesía, nos instruyeron sobre las reglas de seguridad y cómo maniobrar el kayak.

¡Comienza la aventura!
Primero ejercitamos unos diez minutos y después enfilamos hacia aguas abiertas. En el trayecto Fabián nos explicó que el mejor momento para navegar es al atardecer y durante la noche, este horario permite observar a los animales de hábitos diurnos y la vegetación de las orillas e isletas que es tan rica; está formada por 82 familias, 200 géneros y 239 especies.

En un principio los 11 navegantes íbamos riendo y hablando, impresionados por los bellos paisajes que nos rodeaban, pero al cabo de unos minutos el jolgorio se transformó en silenciosa contemplación. Miguel nos recomendó deslizarnos suavemente, procurando hacer el menor ruido con los remos para no ahuyentar a los animales. La discreción tuvo su recompensa y pronto vimos en una orilla iguanas de piel verde y rugosa, que inmóviles pretendían pasar inadvertidas entre el follaje de los árboles, al igual que estilizadas garzas paradas sobre islas de lirio.

Al caer la tarde
Fabián nos condujo a otra zona. La sensación de calma y belleza, el agua que salpicaba, el viento en el rostro y el contacto pleno con la naturaleza fueron simplemente indescriptibles. Llegó un momento, al estar  en medio del inmenso espejo de agua, que perdimos la noción del tiempo y el espacio, fue como si nos hubiésemos trasladado a una región inexplorada y salvaje, lo que no es de sorprender, ya que las orillas se encuentran a casi un kilómetro de distancia y los únicos sonidos son los que provienen del viento, las aves y las olas que golpean la embarcación. Contemplar desde este punto el crepúsculo, es un espectáculo grandioso, un momento de transición mágico, en el que bandadas de aves, unas con el plumaje blanco como la nieve y otras de color negro azabache, retornan a sus arboledas en medio de bulliciosa algarabía para descansar. Para un sinnúmero de gaviotas, pelícanos, patos, garzas y ruidosos pijijes el día concluye; mientras que para otros seres, la diversión apenas empieza.

Vida nocturna
Cuando cae la noche, el escenario se transforma y salen los protagonistas. Es entonces cuando hacemos uso de las linternas frontales y nos preparamos para descubrir en las orillas, o quizá flotando apaciblemente, los brillantes ojos ambarinos del cocodrilo Moreletti.

Confieso que en momentos dudaba que pudiéramos verlos, porque yo sólo los había visto en los zoológicos, acuarios y museos de historia natural. Con todo y mi incredulidad, di casi un salto en el kayak cuando Alfredo nos avisó de un cocodrilo a 10 metros de distancia. Vimos dos puntos brillantes inmóviles. Era uno de poco más de 1 metro de largo y se zambulló con lentitud al acercarnos. “Allá hay dos más —dijo Alfredo señalando a una pequeña ensenada—, ya estamos cerca de uno de los nidos”. ¿Nidos? ¡Esta sí que es una aventura! Alfredo nos pidió abrirnos en abanico y observar cuidadosamente la vegetación de las orillas. Primero aparecieron un par de ojos resplandecientes en la oscuridad, luego cuatro, luego seis y, ¡después una docena!
“Son neonatos —explicó Alfredo—, si se acercan a la orilla seguramente verán más”. Nos aproximamos casi hasta tocar tierra y vimos una escena maravillosa; eran por lo menos 15 pequeños cocodrilos, encaramados en troncos, sobre el pasto  y flotando en el agua.

Debido a que se trataba de un nido y no es conveniente alarmar a la madre, los guías nos llevaron al centro de la ensenada, en donde también nadan varios de ellos. Con singular habilidad, Alfredo y Miguel sacaron del agua un par de especímenes y permitieron que los observáramos de cerca, no sin antes explicarnos cómo sujetarlos sin hacerles daño.

Una experiencia fascinante
Ahí, en medio de la ensenada, uno de los animalitos permanecía quieto en mi mano mientras se dejaba acariciar el lomo. Aunque ya poseía las características placas dorsales que le dan un aspecto fiero y temible cuando es adulto, su piel era suave y delicada. ¡Estaba acariciando una de las especies más antiguas sobre la tierra!, y es que aparecieron hace unos 230 millones de años, cuando eran gigantescos y dominaban los ríos del mundo.

“Estas crías tienen menos de un mes de vida pero ya pueden valerse por sí mismas —nos explicó el ecólogo José Manuel Gómez Kim, un especialista que nos acompañaba en la travesía—, de pequeños se alimentan de larvas, ranas, cangrejos e insectos y miden unos 20 centímetros. De adultos su dieta se compone de peces, moluscos, tortugas, aves y mamíferos, y pueden alcanzar una talla máxima de 3 metros y medio. Aquí se tienen registrados dos ejemplares machos con esa medida en una población que alcanza entre 150 y 180 cocodrilos”.

En eso, el pequeño empezó a bramar y mejor lo devolví al agua. Según la creencia popular, este sonido gutural, parecido al llanto de un bebé es una estrategia para atraer a sus presas, pero en realidad se trata de una forma de comunicarse con su madre.

La quietud del regreso
Después del fantástico encuentro, reanudamos la navegación, pero los guías nos tenían reservada otra sorpresa, así que nos pidieron apagar las lámparas. Por unos instantes permanecimos sumidos en la más profunda oscuridad, pero conforme nuestra visión se adaptaba, se reveló ante nosotros el deslumbrante paisaje de un cielo tachonado con miles de estrellas que iluminaban tenuemente el camino de regreso. Así terminó esta sorpresiva experiencia en plena ciudad de Villahermosa. Así es mi tierra…

Los cocodrilos de México
En nuestro país hay tres especies de las 23 existentes en el mundo. El Caimán Crocodylus Chiapasius, el Crocodylus acutus y el Crocodylus Moreletti, los dos últimos se encuentran en Tabasco y se conocen comúnmente como caimán, cocodrilo de río o lagarto y cocodrilo de pantano.

El hábitat del Crocodylus acutus se ubica en las costas del Océano Pacífico, desde el norte de Sinaloa hasta Chiapas, así como en la vertiente del Atlántico, a lo largo del litoral del Golfo de México y del Caribe; mientras que el Crocodylus Moreletti se distribuye desde Tamaulipas, en la costa atlántica, hasta el litoral de Guatemala.

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