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Enrique Canales. Pintor mexicano

Entrevista con Enrique Canales Santos, pintor mexicano nacido en Monterrey, Nuevo León el 27 de octubre de 1936 y fallecido el 19 de junio de 2007.

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¿Desde cuando te acuerdas de tu relación con el demonio y la pintura?

Nací en una de las casa de sillar ocre paja en el centro de Monterrey, ahora nueva Macroplaza. Al demonio lo reconocí como caluroso, fue el que me incitaba a comerme las esquinas de las paredes de sillar que cundo húmedo sabía a fresca tierra dulce. Yo siempre me imaginé que cerca de nosotros traíamos a un ángel de la guarda discutiendo con un demonio tentador. El demonio hacía que sin ton ni son rayara con crayola las paredes, hasta que el gran jefe “Cejas”, mi padre, hombre oso moreno, tapió los sillares con mosaicos de colores arabescos.

Tus cuadros son muy cargados de materiales ¿a qué se debe?

Siempre viví pegado al suelo y me intrigaba la gran variedad de colores y texturas: recogiendo nueces en Bustamante sobre olorosa tierra negra amoratada, y anacuhuitas en Agualeguas sobre ocres almendrillas; atravesando el río Santa Catarina con sus infinitas piedras bolas azules; buscando cuadritos de cuarzo como queso en el Obispado. Consideraba joyas los colorines caídos en las Mitras, pepenaba monedas de a cinco sobre las mil texturas de las banquetas. Todo lo palpaba con manos y ojos.

¿Pero de dónde viene lo orgánico de tus temas?

Cada animalito traía sus texturas y sus colores: catarinas en los geranios, lagartijas en La Huasteca, caramuelas en el tras patio, el impactante ciempiés azuloso de cuerpo con sus patas amarillas, el gusano quemador con sus negros y oros refulgentes. De cada animalito me imaginaba la forma de sus ángeles y la forma de sus demonios. Las alas de las moscas me parecían alas de ángeles o demonios chiquitos. Desde luego el color de la sangre fresca corriendo sobre la obscura sangre seca, es un espectáculo de colores orgánicos.

¿Alguien de tu familia fue pintor o artista?

No que yo sepa. No tuve que seguir los pasos de nadie. Creo que sentí la primera tentación de la libertad individual como a los doce años, cuan- do papá me dijo que los Canales no habíamos venido de ningún lado. No somos ni indios completos ni españoles, de hecho en mi familia unos somos blanquitos y otros morenitos. Papá me dijo que los Canales habíamos brotado del desierto de Agualeguas y que no teníamos ningún compromiso con nada ni con nadie. Nosotros deberíamos buscar nuestro propio quehacer. Papá me enseñó, o aprendes a usarte o te van a usar. No había de otra, o le hacemos caso a nuestro propio ángel o le hacemos caso a nuestro propio demonio.

¿Cuándo empezaste a dibujar o a pintar?

A los trece años tomé mis primeras clases de dibujo en una casa particular e hice una cabeza de caballo preciosa semicopiada de algún pintor europeo. A todo mundo le gustó. Me asusté cuando a varias tías mías les encantó el caballo mentado; yo no quería llegar a ser un agradador de tías. Tuve que rodear por veinte años a toda la pintura “bella” y buscarme mi libertad.

¿Y tus estudios de ingeniería y de doctorado?

La ingeniería mecánica la gocé por constructiva, ingeniosa, exacta, útil. Verdaderas esculturas en movimiento. La gerencia de empresas pronto me fastidió, se te pide mucha astucia; casi no se te pide inteligencia, y cuando quieres sugerir sabidurías se te enojan y te dejan en Babia. Tanta astucia te convierte en animalezco: coyote, rata, gallo, águila, gato, sobre todo gato. Mi doctorado en innovación en la Universidad de Houston me quitó las ganas de buscar la inspiración; también me quitó el miedo a los falsos demonios y dejé de rezarle a los falsos ángeles. Me interesaba entenderle a la ciencia y a la tecnología, pues contienen venenos y tesoros. Ahora, bien ilustrado, sin miedos, sólo cultivo demonios y ángeles verdaderamente míos, de mi establo, de mi catedral, de mi paisaje.

¿Has vivido fuera del país?

Casi dos años en Brasil; mi ángel y mi demonio despertamos de un largo sueño mexicano en Brasil. Los viajes a Europa y a los Estados Unidos te hacen más mexicano por lo fuerte del contraste, te obligan a replegarte en ti mismo, pero Brasil te modifica lo mexicano, pues te afirma en tus valores humanos y además te quita lo dogmático y matachín que tenemos los mexicanos. En Brasil hasta a Alfonso Reyes se le quitó lo azteca que pescó en el D.F. En Río te armas caballero a base de sabores y olores. Los ángeles y los demonios brasileños que a ratos se revolvían entre sí, traían los colores de las escuelas de samba, y te sugerían otras ventanas a la vida.

¿Te sientes avanzar en pintura?

Más que avanzar, yo creo que te resumes a más y más profundidad. Cuando me atreví a llevar un diario de mi excursión pictórica, sentí que las palabras ayudan a concretar sobre el contenido elusivo de mi pintura. Toda buena pintura exterior es el resultado de una buena lucha interior. Toda superficie tiene color, textura y forma. Toda superficie externa delata las fuerzas del bien y del mal moviéndose en su interior. El demonio es resbaloso, se te escapa cuando ataca; a veces el demonio es el caos, a veces el orden aburrido, a veces la prudencia maligna. En la pintura el ángel re- presenta el atrevimiento, la innovación, el valor de plasmar nuestro espíritu en la materia. En la pintura no avanzas, abarcas.

¿Cuál es la guía de tu pintura?

La guía es la emoción interna de verte reflejado en una parte del material externo. Yo no puedo ver cuadros enteros, así como tampoco veo personas enteras. Son los elementos que agitan más energía los que me llaman la atención. Así, de repente encuentro pedazos de cuadros míos o ajenos que contienen vetas de mi verdad.

¿La pintura es racional?

Pintas con todo; con tu razón, con tu emoción y con tu cuerpo. Ponerse a pintar no es ponerse a argumentar, ni a racionalizar; al contrario, ponerse a pintar es todo un ritual. Para ello necesitas cierta paz interior, cierta armonía fundamental; necesitas espacio, silencio o ruidos controlados, materiales, tiempo y disposición de ánimo.

¿Tu pintura es más bien optimista? ¿tú eres optimista?

Yo nunca pinto con mala vibra; cultivo con esmero mi delicado optimismo y si no traigo, si no puedo contentarme conmigo y con la vida, mejor esa tarde no pinto, camino por la montaña o simplemente limpio pinceles, arreglo papeles, hasta que se me pase la mala onda. Quiero plasmar tan sólo mi entusiasmo, al dios interior que todos traemos adentro, al dueño de mis ángeles y de mis demonios. Cantar es más difícil que llorar, al menos para mí, lo considero más importante pues tenemos que animamos los unos a los otros.

¿Pintas para vivir o vives para pintar?

La vida aunque dure poco es inmensa, está llena de misterios; lógicamente es más grande que el arte y el arte es más grande que cualquier país.

Dicen que tu pintura es muy mexicana ¿es cierto?

Soy mexicano por ombligo y me da mucho gusto y no necesito esforzarme por serlo -se es más mexicano cuando haces lo que te provoca, cuando haces lo que eres y te arrojas con plena confianza a plasmarte en tus quehaceres.

¿Cuál ha sido tu relación con galerías y museos?

A partir de 1981 Arte Actual Mexicano de Monterrey me apoyó, luego el Museo de Monterrey, Galería de Arte Mexicano, Museo Tamayo, Bellas Artes, Museo Chapultepec, Museo de José Luis Cuevas; Galería Quetzalli en Oaxaca, Marco de Monterrey y finalmente el Museo Amparo de Puebla, que ha adquirido una buena colección de mis obras. He expuesto en París, Bogotá y en varias ciudades.. Tengo buena y mala crítica; estoy en plena lucha. Pero mi única preocupación es mi siguiente cuadro.

¿Qién eres, qué eres?

Yo no sé qué soy, ni quién soy, pero sé que soy lo que hago, por lo tanto soy pintor de cuadros, labrador de piedras, amaso arcilla, pulo vidrio, pienso sonseras a todo color. Además, cuando me canso de estar parado, me gusta sentarme a escribir sobre pintura, tecnología y temas políticos. Pero lo que más me gusta son las hembras con el cabello un poco enmarañado.

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