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Entre la vida y la muerte en el Xantolo de Tempoal

Dos meses antes comienzan los rezos y rituales, y unos días antes del 1 y 2 de noviembre el pueblo entra en silencio.

31-10-2016, 4:14:48 PM
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

Entre la vida y la muerte hay un instante. Y aunque el Xantolo dura varios días, se siente como un breve momento luego de tantos preparativos. Dos meses antes comienzan los rezos y rituales, y unos días antes del 1 y 2 de noviembre el pueblo entra en silencio. Tempoal espera quieto y ansioso a la gran fiesta que hace vibrar a la Huasteca veracruzana. 

Carlos Portilla, presidente del Comité Central de Comparsas y miembro del Consejo Consultivo para la salvaguarda de la danza de los viejos, fue mi guía y me explicó que al pisar esta tierra yo ya no era yo, sino que encarnaba a uno de sus muertos y así me tratarían (todos los visitantes lo son): “No puedes rechazar lo que te ofrezca la gente y tampoco puedes dar las gracias por eso que te den”. Estaban honrados con mi visita, como si de verdad regresara a casa. Falta un día para que comiencen las fiestas. Xantolo, le llaman, y según los cronistas, no se sabe bien el vocablo que generó esta palabra, aunque su origen es náhuatl y se cree podría venir de una pronunciación local para “Todos los Santos”.

Daniel Cuevas

Pero también se sabe que esta festividad existía antes de la llegada española y que los antiguos salían por las calles enmascarados, danzando, cantando y rezando. Una de las actividades más sagradas y de conexión con el Todo que aún conservamos de la gente originaria que habitó las tierras de América. Ambas tradiciones se entrelazan y los altares lo demuestran: cruces, figuras católicas y ramas de naranjos que también adornan iglesias locales. A diferencia de los invasores, los huastecos (o téenek) lo celebraban sin luto; con un respeto donde la música, comida y danza transmutaban el miedo en culto.

Ahora se respira esa energía. Es como la calma que antecede a la tormenta, pero esta tormenta se acerca bailando del fondo de la Tierra y llega estruendosa y alegre por volver a casa. Noviembre ya es mañana y el pueblo lo prepara todo: pintan y hacen máscaras, montan altares, cocinan y organizan las comparsas (los grupos de danzantes y músicos que a diario bailarán de casa en casa representando a los muertos que los visitan). Todo esto, en pleno silencio. 

De altares y máscaras 


Carlos me llevó a la primera parada: la casa de los profesores Jesús y Luisa. Ahí me dieron dulces, fruta, carne de cerdo y tamales. Recordé la advertencia de Carlos y, sin agradecer, solo los comí. Jesús es famoso por haber compuesto más de 100 sones, o sea la música y letra que las comparsas cantan y bailan en estos días. Luisa fue maestra en la secundaria local y me cuenta lo que simboliza su altar. Arriba, los arcos hechos de ramas de naranjo son los elementos vivos de la Tierra, todos los guisos sobre el altar deben comerse (a diferencia de otros lugares de México) y los tres peldaños al frente: el nacimiento, la vida y la muerte.

Luisa y Jesús tienen una colección de unas 300 máscaras, que bien podrían ser museo. Las han ido juntando luego de años de danzar en el Xantolo y cada una representa un muerto propio o de otra familia, incluso animales. A través de todos esos rostros, las paredes de la casa parecen hablarme de sus historias. De regreso a casa de la mamá de Carlos, que también es mi casa por unos días, me cuentan que una de sus hermanas lleva varios días y noches pintando máscaras. Ella les da el toque final luego de salir de los talleres donde trabajan el cedro. Uno de los más tradicionales es el de los aprendices de Hernán Soumaya, famoso artesano labrador de máscaras. 

Los danzantes deben bailar con la máscara puesta todo el tiempo (a pesar del calor). Según la tradición, mientras recorran el pueblo en comparsas, no deben quitarse máscara, pañoleta ni sombrero. En cada comparsa hay varios elementos indispensables: un diablo, representando algo malo que sucedió (se piensa fue la propia conquista española); un vaquero en alusión a la ganadería; un payaso, que habla de las alegrías de la vida; bueyes o jaguares, que son los propios animales o la naturaleza, y “la bocona” una máscara típica de sonrisa amplia, que se replica desde hace más de cien años y es casi el símbolo del Xantolo. Me fui a dormir. Esta época es un poco más fresca y aún así la temperatura ronda los 30°C. La madrugada fue especialmente húmeda y de pronto descubrí por qué: un relámpago ensordecedor retumbó en el corazón del cielo y cubrió todo con una luz blanca y luego lluvia, todos despertamos en casa. Los espíritus traviesos de los niños habían llegado. 

El silencio se rompe


Es la mañana del primero de noviembre y la música ya se escucha. El zapateado de los danzantes le abre paso a la celebración. La gente feliz de que sus muertos llegaron al fin. Cada comparsa lleva a sus músicos, que van tocando sones. Algunos tienen letra y otros solo música, algunos son sones tradicionales y otros nuevas composiciones, pero todos llevan un ritmo constante que dictan los violines. El primer día es para los niños. Las casas y los altares ya están montados con toda la comida típica: dulces, fruta, pan de dulce o cuiches (tamales de elote tierno, mantequilla y azúcar), alfajores, pemoles (una especie de galleta en forma de rosca) tamales de pollo y pascal (un caldo que lleva pavo, ajonjolí, masa y chile cascabel). 

En casa de doña Leti una comparsa de niños bailó ya. Al terminar, los deja que entren a su patio para quitarse las máscaras. Con ellas hacen una cruz sobre el pasto, les ponen agua bendita y rezan. Luego, rompen el rezo para comer empanadas de piña recién salidas de un gran horno de barro levantado en medio de su jardín. 

Este es el Xantolo. Ese que toma por completo la vida de la gente. Ese que entre música y rezos guía a las comparsas por cada casa del pueblo para alegrar a los que esperan a sus muertos. Ese que me llevó también a seguirlos de casa en casa, entre el humo del copal que nunca dejó de limpiar y envolverlo todo. Ese que me recibió como si fuera una de ellos. El 1 y 2 de noviembre corren como agua entre danzas y sones y entre comida y cantos. De tantas máscaras que bailan de pronto uno ya no sabe si realmente todos los muertos son de aquí o algunos más que se enteraron de la fiesta decidieron colarse: gente, animales, demonios, payasos. Cuando cae el sol y luego de dos días de fiesta sin pausa las comparsas llegan a la plaza central y se despiden bailando en un templete instalado frente a la Presidencia Municipal. Esa noche no hubo sorpresas, ni relámpagos. Quizás los espíritus ya estaban tranquilos (o cansados) después del gran festín. 

Daniel Cuevas

Decir adiós

A la tercera mañana, no solo yo tenía que despedirme: las comparsas también se van danzando hacia el panteón. Cuando llegan, bailan sobre las tumbas representando el regreso de las almas a su descanso. “Hay que soltarlas también”, me dice Carlos. Al invocrlas son como una fuerza que se apodera de uno y hay que dejarla ir. El panteón es una especie de tapiz viviente con flores, cruces, danza, música y, de nuevo, el humo de copal cubriendo todo. Pareciera que es tiempo de que las puertas de otro universo se abran (y cierren) para llevarse a las almas que, por unos días, visitaron este mundo. Más allá de honrar al recuerdo de los muertos, el Xantolo es una esta que tiene vida propia. Vida y muerte se mezclan, bailan juntas unos días, luego, sus caminos se separan de nuevo… pero solo por un breve instante cósmico, pues el Xantolo nos recuerda también la única promesa que tiene nuestra existencia: vida y muerte están tan unidas, que sin una la otra nada sería. 

“Un son debe vivirse” (o morirse)

Este son, llamado el “Son de la amistad”, fue compuesto para dos amigos que iban en secundaria y siempre estaban juntos. Una tarde, al ir manejando un coche en la carretera tuvieron un accidente en el que ambos murieron:

“A Brian y Alvarito rendimos homenaje, 

con el zapateado de este hermoso son

todos en Tempoal los recordaremos 

y estarán por siempre en nuestro corazón.

Vamos, vamos quinta con ese zapateado, 

que lo bailaremos como en la tradición

amigos, familia que aquí están presentes,

los recordaremos bailando este son.

Aquí a los presentes les pido un aplauso 

para dos amigos muy inseparables

que unidos se fueron hasta el más allá 

sin olvidar nunca esta bella amistad.” 

Receta para preparar Zacahuil

Ingredientes:

Maíz (no molido al 100% y dejar una parte solo “quebrada”)

Chile cascabel

Manteca de cerdo

Piezas completas de carne de cerdo

Hojas de plátano

Un costal

Hacer una masa con el agua y el maíz medio molido. Esparcirla sobre las hojas de plátano (en un espacio grande). Ponerle manteca de cerdo a la mezcla y la carne de cerdo guisada con chile cascabel. Sazonar todo y meterlo a un horno de barro. Dejarlo toda la noche solamente sobre las brasas y servirlo a la mañana siguiente (el 2 de noviembre) pues por su tamaño, asemeja el cuerpo de un difunto envuelto para ser enterrado.

Cómo llegar:

Por camión: De la Ciudad a México (terminal Norte) a Tantoyuca, Veracruz hay una corrida nocturna (y otra de regreso) Precio: entre 420 y 460 pesos. De Tantoyuca hay otro autobús hacia Tempoal, es media hora más y hay varias corridas desde las 4:50am hasta las 18:00pm.

En coche: Son 5 horas de corrido. De la Ciudad de México hasta Poza Rica hay una autopista y de ahí hay que seguir por carretera hacia el Norte (con dirección a Tampico, Tamaulipas). Después de cruzar Tantoyuca son 30 minutos más. 

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