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Entre tortugas y trotamundos…

El cielo está por mudar su color, del azul al naranja al rojo; y el sol está por desaparecer en el horizonte.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Mazunte luce sereno, aún más que a cualquier otra hora… y no puede ser de otra manera, pues es un sinónimo de paz, de tranquilidad, un significado único para quien lo visita. Escondida entre los brazos de la selva de Oaxaca y el Océano Pacífico, esta playa provee días de descanso profundo, de esos que urgen cuando se vive en la ciudad.

Se pensaría que en un lugar, cuya extensión es apenas de un kilómetro, no hay mucho qué hacer, y no es así.

Sí, la infraestructura turística es básica, pero hecha en comunión con su entorno. No hay spas, pero eso no quiere decir que no haya masajes. No hay restaurantes reconocidos con estrellas, pero eso no quiere decir que no haya pescado fresco para comer. No hay hoteles de cadenas internacionales, pero eso no quiere decir que no haya lugares limpios y cómodos donde dormir.

Este lugar de arena dorada y mar verde azul sorprende con su personalidad sencilla y natural, sin conservadores.

Una lección aprendida

¿Cómo surge Mazunte? Este nombre, que proviene de un vocablo náhuatl, comenzó a circular a finales de la década de los ochenta, cuando se celebró el Consejo de Visiones, una especie de asamblea libre para proponer, discutir y practicar nuevas formas de vivir en armonía con el planeta.

El evento atrajo a personas no sólo de México, sino de diversos países de América y Europa.

Pero este sitio saltó a la fama en 1991, cuando el gobierno mexicano –debido a las presiones internacionales– aprueba una ley que prohibía indefinidamente la matanza de tortugas por tratarse de una especie en peligro de extinción. Esta victoria ecológica, sin embargo, repercutió negativamente en los entonces 544 habitantes de Mazunte, cuya economía dependía de la única industria local (si así puede llamarse): las tortugas, codiciadas por su concha, carne, aceite y piel. A sus huevos además se les atribuía características afrodisíacas.

Una solución había que encontrar. Así se empezaron a abrir posadas y pequeños hoteles en Mazunte y en el resto de las comunidades a lo largo de la riviera oaxaqueña. Incluso, en esta área hay más hoteles que en Huatulco (más hoteles, no más habitaciones). El turismo era la esperanza… Y los visitantes empezaron a llegar.

En 1994, el Centro Mexicano de la Tortuga inició operaciones cambiando para siempre la vida de Mazunte. Otra opción donde trabajar. Se crearon empleos con la recolección y etiquetado de huevos, y la protección de crías recién salidas del cascarón hasta que se liberaran en el mar.

Y es que de once variedades de tortugas (ocho especies y tres subespecies), México tiene el privilegio de que diez habiten en aguas nacionales y nueve desoven en diversas playas del país. Por eso a México se le conoce como el país de las tortugas marinas, un honor que no debe perder. Así, mientras los locales evolucionaban de su vida de matanza a una de protección de estos quelonios, los visitantes pulían una joya turística en las costas de Oaxaca.

Puliendo el paraíso

Es un edén definido como hippie por los mochileros que llegan a esta playa, por los europeos que se rehusaron a dejar la belleza virgen de Mazunte, y por el simple hecho de cómo se vive ahí la vida.

Luego, Ana Roddick, creadora de The Body Shop International, conoce los proyectos en desarrollo de ecoturismo, reforestación y agroecología y así surge Cosméticos Naturales de Mazunte, luego de investigar qué productos de la región servían para hacer cosméticos como cremas de miel y aguacate, zacates exfoliantes, champús de cocos, labiales de hierbas y cera de abeja, así como un aceite que dicen hace maravillas en la piel envejecida.

Después de la nueva actitud asumida, los habitantes autodeclaran a Mazunte como Reserva Económica Ecológica Campesina. Y es que de este lugar se debe aprender. Es ejemplo de que se puede viajar conservando el medioambiente y, además, mantener el bienestar de los locales. Estar sencillamente en equilibrio con el entorno.

Si bien Mazunte ya no es ese paraíso virgen, solitario y salvaje de antaño, ha logrado conservar esa personalidad simple que invita a regresar una y otra vez, corriendo el riesgo de quedarse ahí para siempre. Historias de ese estilo encontrará por doquier. Igual se disfruta del arrullo del mar en una hamaca que salir a pasear en lancha con los pescadores, o dar un paseo en bicicleta o a pie guiados por los mismos locales, que ayudar a liberar tortugas de febrero a octubre. De esta manera, los viajeros con espíritu de aventura comienzan a gozar de la hospitalidad de los pobladores, quienes además ofrecen alojamiento y comida en sus casas.

Y no olvide llevar dos o tres libros, esos que nunca ha leído por falta de tiempo, y con litros de repelente porque –a decir de una francesa–, el hospedaje puede estar libre de cualquier alimaña, pero jamás de mosquitos. Parte del encanto.

Para aquellos que les resulta imposible permanecer en un mismo sitio, pueden visitar las playas vecinas, también con características únicas: Zicatela y sus olas bravías que enamoran surfeadores; Zipolite, con su total desnudez (no obligatoria); Chacahua, con su sistema lagunar lleno de aves y manglares, así como su criadero de cocodrilos.

Está también Punta Cometa, la punta más al sur de la República Mexicana, donde se pueden contemplar el amanecer y el atardecer; Playa Mermejita, para disfrutar de su cielo cuajado de estrellas; o las Bahías de Huatulco, cuando se empiecen a extrañar las comodidades de la modernidad.

En una frase, lo mejor de Mazunte es lo bien que te hace sentir estando allí con su vida sencilla y natural, prácticamente orgánica.

El cielo se oscureció, y el canto de las olas y los grillos despiden este día. Mañana habrá más historias que contar.

Para llegar…

Se localiza a 264 kilómetros al sur de la ciudad de Oaxaca, por la carretera federal 175, hasta entroncar con la carretera federal 200, pasando por San Pedro Pochutla.

Con dirección a Puerto Escondido, se recorren 25 kilómetros hasta San Antonio y toma la desviación a la izquierda por la carretera pavimentada hasta Mazunte.

Si viajas en transporte público, se recomienda llegar primero a Puerto Escondido o San Pedro Pochutla y desde ahí abordar un autobús o un taxi.

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