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Equisetum

Hablar de la cola de caballo, nombre con el que se conoce normalmente a equisteum.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Es hablar de historia, prehistoria y de una planta con cualidades especiales, con un glorioso pasado y un frágil futuro, que ha sido capaz de sobrevivir 200 millones de años en los lugares más recónditos del mundo, entre los que figuran las maravillas cañadas y ríos mexicanos. 

La historia de los carricellos, otro nombre que recibe el equisetum, se pierde en la inmensidad del tiempo geológico, gracias a algunos fósiles cuya aparición es posible fechar en 350 millones de años, durante la era Paleozoica, entre los periodos Devónico (la gran era de los tiburones) y Carbonífero, en el cual los bosques predominaron, dando lugar a los grandes yacimientos de carbón explotados hoy en día. Durante esa etapa, los equisetos alcanzaron su máxima diversidad de especies y formas, desde pequeñas hierbas acuáticas, semejantes a los existentes hoy, hasta asombrosos ejemplares de 15 a 20 m de altura, lo cual sugiere que, por primera vez en la evolución de estas plantas, se desarrolló “madera” primitiva en sus tallos. 

Los magníficos bosques de equisetum y sus parientes cercanos, los calamites (plantas de apariencia similar al equiseto actual pero de tamaño mucho mayor) empezaron a desaparecer hace 280 millones de años durante el período Pérmico, y para fines de la era terciaria, hace dos millones de años, sólo quedaban unas cuantas especies herbáceas.  En la actualidad solamente sobreviven 15, de las cuales 11 se encuentran en Norteamérica, tres en la América tropical y una más en Asia; en nuestro país no se conoce a ciencia cierta el número de especies, pero se tiene la certeza de que varias de ellas habitan en los estados de Veracruz, México, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, y hasta hace poco fueron observadas en las cañadas húmedas y remotas del Valle de México, por lo que es probable que aquí se albergue la mayor cantidad de las existentes en todo el planeta.   

Crecen en lugares húmedos, e inclusive dentro de las corrientes de agua que escurren al fondo de cañadas inaccesibles, debido a que equisetum es una planta bastante delicada y exigente y, probablemente por ello, no es cultivada de manera común, salvo por algunas casas de decoración como un detalle exótico o exquisito. Habitualmente crece entre los 1 000 y 2 000 msnm, pero se ha observado hasta los 2 800, siempre y cuando exista la suficiente humedad.  Los bejuquillos, otro nombre común de equisetum, poseen gran variedad de formas: desde un simple carrizo cilíndrico sin ramas hasta una planta con tallos ramificados de primitiva apariencia proveniente de tiempos ancestrales.

Están constituidos por un tallo erguido, generalmente hueco, que a determinados intervalos regulares desarrolla pequeñas ramillas perpendiculares al tallo principal, y una pequeña corona alrededor, que en realidad son las hijas, las cuales no realizan la fotosíntesis (proceso con el cual las plantas elaboran su propio alimento de azúcares y desechan oxígeno), ya que esta vital función la llevan a cabo los tallos. Se fijan al suelo, habitualmente arenoso, por medio de pequeñas y delicadas raicillas que a su vez se unen a un tipo de tallo subterráneo, llamado rizoma, a partir del cual surgen vigorosos los tallos aéreos. 

Al igual que otras plantas primitivas, como los musgos y los helechos, su reproducción se realiza por medio de esporas, que se forman en unas pequeñas estructuras llamadas estróbilos o conitos, las cuales crecen en las puntas de los tallos más altos. Estas diminutas esporas portadoras de vida germinarán, si logran caer en un lugar húmedo y sombreado, para dar lugar a una pequeña estructura de entre 0.1 a 5 mm de largo, llamada gametofito; esta cortísima fase de la vida de equisetum tiene como función crear células sexuales, parecidas al espermatozoide y al óvulo, que eventualmente se reunirán y fecundarán un pequeño embrión; con el paso del tiempo, éste dará lugar a un nuevo ejemplar adulto.  Bien podría llamarse a estas plantas fósiles vivientes.

Habitualmente no sobrepasan un metro de altura; sin embargo, existe una forma tropical que puede alcanzar hasta 8 m de alto con la ayuda de sus vecinos arbóreos, pues crece de manera parecida a una liana.  Equisetum es conocido desde tiempos ancestrales. En el México prehispánico ya eran sabidas algunas de sus cualidades medicinales; pero no fue catalogado hasta el siglo XVIII, cuando el brillante botánico sueco Carl Von Lineé lo incluyó en su sistema de clasificación, el cual, a pesar de tener más de 240 años, sigue siendo la base de la taxonomía actual.   

El uso más común de los equisetos era como estropajo para la limpieza de utensilios de cocina, debido a que sus tallos contienen sílice, un excelente pulidor de metales, en especial de artículos de estaño, e inclusive fue utilizado para pulir muebles de madera. Por otro lado, posee propiedades diuréticas y era frecuentemente aplicado en el combate de enfermedades renales; a pesar de ser una planta que ha escapado al estudio de la química y medicina moderna, se asegura que puede ser preparada en infusiones como eficaz remedio contra los cálculos renales y vesiculares, enfermedades de la vejiga y próstata, para facilitar la evacuación de orina. Por todas estas aplicaciones, todavía es posible encontrar a los equisetos como mercancía de herbolaria en algunos mercados en pueblos remotos, y aun en las grandes ciudades, donde la modernidad se mezcla con las tradiciones ancestrales; por contraste, en las regiones donde habitualmente crece, en ocasiones la tradición y conocimiento de su uso es ya cosa del pasado.

En muchas zonas ganaderas el equisetum es considerado como una mala hierba, ya que al ser ingerida por los animales de pastoreo, debido a que se confunde fácilmente entre los pastos, les produce graves trastornos digestivos y excretores.  Estos pequeños arbustos, joyas naturales que no han tenido cambios significativos en los últimos 200 millones de años, son considerados como especies raras; están desapareciendo rápidamente debido a la contaminación o destrucción de su hábitat, con lo que se pierden milenios de evolución y plantas con un gran potencial, que pudieran ser efectivas para combatir enfermedades cuya curación todavía se desconoce en los albores del siglo XXI.   

Fuente  México desconocido No. 252 / febrero 1998

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