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Escalada de estalactitas en Guerrero

Esta aventura en el Hoyanco de Acuitlapán me hizo descubrir un lado desconocido de la tradicional escalada en roca: la escalada de estalactitas.

Existe en el estado de Guerrero, a 30 kilómetros de Taxco, un río subterráneo que nace en una gran boca del manto terrestre, atraviesa montañas y desemboca en las conocidas grutas de Cacahuamilpa. Son cientos las personas que han ido a descifrar su laberinto de paisajes surrealistas.

Con una vegetación compuesta en su mayoría de arbustos espinosos, algunos árboles de amates y una fauna que va desde tejones, víboras, gatos montés, venados, insectos y aves de varias clases, lo que parecería un entorno campestre, sin mayor espectáculo natural que atraiga al turista común, para los escaladores resultó un paraíso, ya que en esta zona, la naturaleza y procesos milenarios se han empecinado en dejar un legado de roca calcárea idónea para este deporte. Tomando como referencia la roca del “Chonta” con la idea de que en la zona deberían de haber lugares buenos para trepar, un grupo de escaladores investigaron los alrededores y hallaron un sector al que se le llamó “amate amarillo”. ¡La zona en verdad tenía potencial!

Comienza la aventura

Aunque existen muchas alternativas para llegar a Cacahuamilpa, optamos por ir vía Toluca, pasando también por Ixtapan de la Sal. Al llegar a la bifurcación que va hacia las famosas grutas, hicimos nuestra primera parada, pues me la habían advertido como obligada. Justo ahí, un pequeño restaurante se erige entre algunas otras casas dispersas a merced de la geografía irregular. Seguimos nuestro camino por la 95 (la libre que va hacia Taxco). A sólo tres kilómetros, un letrero pintado con letras negras señalaba “Río Chonta” e indirectamente, nuestro destino.

Por esa brecha se ingresa al terreno del señor Bartolo Rosas, y paso obligado hacia nuestro Hoyanco, pero en este caso, el “jardín” de Bartolo fungió de guarida para nuestro carro y campamento base, pues la cueva está a 40 minutos de caminata cuesta arriba y preferimos cargar con lo mínimo dejando el pesado equipo de acampar.

Eran apenas las 8:00 horas y el sol amenazaba con achicharrarnos. Escapando del calor, caminamos por un sendero que viborea entre árboles y miles de rocas dispersas al azar por todo el lugar, como si un campesino loco se hubiera empecinado con sembrar piedras y esa fuera su cosecha. Algunos árboles de hasta 40 metros, cuales centinelas del Hoyanco, se aferraban a la pendiente rocosa que corre paralela al techo. Más allá, las fuertes raíces de un amate amarillo crecían entre las fisuras de la pared y bajo mis pies se abría el majestuoso hueco. Desde la base de la cueva hasta su parte más externa, la bóveda prometía más de 200 metros de escalada desafiando la gravedad.

¡A trepar!

Comenzaron así los preparativos, se ordenó  y colocó el equipo y se armaron las parejas. Cada quien eligió su ruta y cuales arañas que van dejando atrás su hilo, los escaladores comenzaron a trepar. A pocos metros del suelo, la pared que comenzó vertical, se iba tumbando. En esta danza con la piedra, que desde abajo pareciese tan simple, cada centímetro cuadrado del cuerpo está consciente del movimiento que precederá y la mente en un estado de meditación alimentado por la adrenalina.

En el Hoyanco actualmente existen 30 vías equipadas para escalada deportiva, entre la que destaca Mala Fama, una ruta de 190 metros de recorrido repartidos en siete largos extra plomados, relieve con estalactitas y tan particular como insuperable. Después de pasar el día trepando, ya con los antebrazos agotados, pero con una sensación gratificante, estábamos listos para emprender la retirada y, de paso, explorar algunos otros sectores de la cueva.

El constante goteo de ciertas estalactitas, mediante la filtración de agua y el arrastre de ciertos minerales, van solidificando y dejan como resultado en algunas áreas de la cueva, estalagmitas (estalactitas que surgen del piso), chorreras y algunos “puentes de roca” por los que se puede caminar en un ambiente irreal, sobre todo cuando la luz se filtra y juega con el relieve de la roca.

Al llegar la tarde, unas gotas, que seguramente antes de tocar el piso ya se habían evaporado, alcanzaron a refrescarnos un poco. Por suerte, el camino iba de bajada y las piernas, ya cansadas, sólo tenían que ocuparse de sortear piedras y alguno que otro obstáculo. Cerca de la entrada del Chonta, saludamos a un grupo de gente que iban hacia el río y continuamos hasta nuestro campamento.

Cómo llegar:

Por la carretera 95 México – Cuernavaca – Grutas de Cacahuamilpa, aproximadamente a 150 km del D.F. Otra opción puede ser por la carretera 55 a Toluca– Ixtapan de la Sal – Cacahuamilpa. La zona está cerca de las grutas de Cacahuamilpa. A 3 Km en dirección a Taxco, por el lado derecho de la carretera, hay un pequeño letrero (hecho a mano) que dice Chonta. En autobús desde la ciudad de México, de la terminal Taxqueña y también desde Toluca, Estado de México.

Servicios:

• Es posible comprar alimentos en el pueblo de Cacahuamilpa.
• Se puede acampar a un lado del estacionamiento para ingresar a la zona de escalada pidiendo permiso al señor Bartolo Rosas y pagar 20.00 pesos por persona por día y 20.00 pesos por auto.
• Taxco está a 30 km de la zona y cuenta con todos los servicios.

Temporada:

De noviembre a marzo es lo más recomendable.

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