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Descubre el Cementerio Submarino

Tras los rastros del USS-H1 SEAWOLF

Expediciones Descubre el Cementerio Submarinos
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Social Media Editor de México Desconocido. Amante de los viajes y la gastronomía mexicana.


Texto y fotografías: Alfredo Martínez

Sigue de cerca esta expedición organizada por México desconocido y el Instituto de Antropología e Historia, y explora el naufragio del submariono USS-H1 Seawolf hundido en la madrugada del 13 de marzo de 1920.

PRIMERAS INDAGACIONES

Fernando Jordán en El otro México cita al historiador Ramón Alcorta Guerrero, quien narra las continuas intervenciones militares que hicieron los Estados Unidos en Baja California Sur; en específico en Bahía Magdalena: “A partir de la anexión de la Alta California a los Estados Unidos por el tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, buques mercantes de aquella nación comenzaron a frecuentar las aguas mexicanas de la Baja California, realizando en ellas y en las tierras inmediatas constantes actos de piratería”.

De 1848 a 1909 los Estados Unidos intentaron apropiarse de esta bahía en la que realizaron prácticas militares y pruebas de armamento. Aunque ya no insistían en apropiarse de la bahía, la visitaron el 11 de enero de 1919, cuando entraron tres submarinos y el destructor estadounidense Beaver. Un año y dos meses después, el 13 de marzo de 1920 encalló el submarino USS-H1, por lo que murieron ocho de sus tripulantes, entre ellos el comandante.

“Cuando leí esto pensé: el submarino debe seguir ahí”. 

OBJETIVO

Descubrir, documentar y registrar los restos del pecio USS-H1 _(SS-28) SeaWolf durante 15 días de expedición, en donde el Equipo MD concretará el descubrimiento de los restos de este submarino estadounidense que naufragó dramáticamente el 13 de marzo de 1920 en Bahía Magdalena en la costa de Isla Margarita, que bien podría nombrarse la Isla de los Naufragios por la cantidad de pecios antiguos y modernos que encontraron su fin en este territorio salvaje.

EL VIAJE

Comencé a investigar e indagar sobre el naufragio. Mi primer punto de investigación fue Puerto San Carlos, donde empecé a preguntar sobre su localización; pronto se corrió la voz y surgieron las primeras historias. Había rumores de que algunos pescadores sabían dónde estaba, pero no me lo querían decir; otros jamás habían escuchado nada. Al paso de los días, mis amigos Ángel y Maty, buzos de la zona, me dijeron que ya tenían idea de donde estaba.

Fuimos a buscarlo, pero fracasamos al explorar los restos de una “chalana”, como se conoce localmente a las embarcaciones que sirven para cargar y transportar mineral de la mina fosfórica. Esta “chalana” perteneció a un barco remolcador y el mar se encargó de llevarla hasta la orilla. Al observar la estructura oxidada desde fuera, pensamos por falta de información, que pudieran ser restos del submarino.

[Te recomendamos: Buceo en los arrecifes de Cabo Plomo, Baja California Sur]

Equivocadamente, decidimos nadar atravesando la rompiente hasta la orilla. El esfuerzo fue grande y más aún el regreso, nadando en contra de las olas. Solo yo logré alcanzar la panga y, exhausto, estuve a punto de soltar la cámara submarina; es probable que los sobrevivientes del naufragio del USS-H1 tuvieran experiencias como esta.

Ángel y Maty no se animaron a nadar así que les lanzamos un chaleco salvavidas con seis botellas de agua amarradas y los recogimos del otro lado de la isla; tuvieron que caminar descalzos 14 kilómetros por terracería: llegaron con las plantas de los pies ampolladas pero a salvo.

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DESAFÍOS

Mi amigo Rafo ya estaba con la panga lista; subimos pronto el equipo de buceo y fotográfico y navegamos entre una fuerte marejada. La tormenta era inminente y el silbido del viento aumentaba junto con la lluvia. En medio del aguacero alcanzamos a llegar a Puerto Alcatraz para refugiarnos del huracán. Aunque era solo un clase 1, en Isla Margarita los huracanes pegan con fuerza por estar tan expuesta al Océano Pacífico.

Durante 14 horas estuvimos resguardados, esperando a que pasara la tormenta; por fortuna, no golpeó tan fuerte la isla, pero sí dejó muy revuelto el mar: había que esperar a que el oleaje se tornara calmo en la costa del Pacífico, donde se encontraba nuestro objetivo de investigación.

Seguí indagando sobre el submarino, así fue como encontramos a don Jesús que, mientras salaba pescado, nos contó: “Hasta hace tres años nadie sabía bien a bien del submarino; nosotros pensábamos que eran unas rocas a las que íbamos con frecuencia a pescar langosta. Un día llegó de La Paz un buzo de los que pescan con arpón y nos dijo que eso era un naufragio y que parecía ser un submarino”.

Seguí: “Oiga, ¿y será que gente de aquí tiene piezas del submarino?”. Entró a su casa y nos enseñó una placa de metal y nos comentó: “Vayan con el Churri, él tiene otra placa”. Y así fuimos de casa en casa preguntando y registrando piezas, entre las que figuran un reloj y la placa del periscopio.

SIGUIENDO LA PISTA

Seguí investigando pero ahora con mis amigas Perla y Nery, originarias del poblado de Alcatraz, localizado en Isla Margarita. Nery comentó: “Mi esposo Rafo sabe donde está. Él tiene las coordenadas; si quieres, él te lleva”. Regresé a la isla y, después de varios intentos, logramos anclarnos en los restos del pecio. Descendimos y la visibilidad era muy mala, escasamente a un metro; poco antes de llegar al fondo (a 15 metros de profundidad), nos encontramos con los oscuros restos fantasmales del submarino. La corriente era muy fuerte y teníamos que ir  garrándonos de los fierros oxidados para poder recorrerlo. Apenas logré tomar algunas fotografías por las condiciones tan adversas, pero las suficientes para comprobar que sí eran los restos del USS-H1, los cuales descansan en el fondo arenoso cubierto de corales.

Ya con la seguridad de que era el submarino avisé del hallazgo a la arqueóloga María de la Luz Gutiérrez, directora del centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) estatal, y a la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH en donde me contacté con el arqueólogo Roberto Junco, quien inmediatamente me dijo: “Vamos a verlo y registrarlo para evitar que sigan saqueándolo”.

LA INMERSIÓN

Roberto llevaba consigo una tabla con el croquis del diseño original del submarino para realizar anotaciones debajo del agua y una cinta métrica de 50 metros de largo para tomar medidas. Yo preparé mi cámara submarina y nos zambullimos en el agua, comenzamos a descender siguiendo el cabo del ancla.

La visibilidad era mucho mejor: pronto observamos la silueta fantasmal del USS-H1. La emoción era inmensa pues por primera vez desde su naufragio estábamos observando sus restos con los ojos de un científico social que solo el arqueólogo puede desarrollar. Recordé lo que una vez comentó mi amigo y maestro Alejandro Villalobos: “Soy el primero que te ve después del último que te dejó”.

Observando los restos de metal oxidado, corroídos por el agua salada durante casi 100 años, podíamos imaginar el drama que se vivió en el sitio. El pecio se localiza a 15 metros de profundidad y este no es el lugar donde encalló originalmente.

EL DESCUBRIMIENTO

Abordamos la lancha y navegamos alrededor de las isla en dirección a la Playa Occidental. El paisaje de la isla es espectacular; pasamos por la zona de manglares, hábitat de la colonia más norteña de tijeretas (Fregata magnificens) con 20,000 parejas. Dimos la vuelta por Punta Tosca. En medio de la neblina observamos un faro en lo alto de un agreste acantilado. ¿Quién pudo haber trabajado como farero en medio de aquella soledad, en un lugar tan remoto y aislado, viendo cómo se estrellaban las furiosas tormentas el Océano Pacífico? Según Nery ahora ya nadie trabaja ahí pero antes vivió por años “el Bitín”, de quien cuentan que se volvió medio loco.

Lo orografía montañosa de la isla dio paso a una extensa playa con dunas gigantes. Ya en esta área comenzamos a localizar el pecio con ayuda de las coordenadas geográficas y el sonar. De pronto, Rafo y Miguel exclamaron: “¡Aquí está, estamos sobre él!” Entonces Ángel lanzó el ancla. Con una  buena dosis de nerviosismo y ansiedad, nos equipamos. Roberto comentó a todo el equipo: “Les pido mucho respeto, ya que estamos a punto de bucear en una tumba. En este lugar falleció gente intentando salvar su vida”.

LO QUE SIGUE

En definitiva, este hallazgo ha sido fascinante. Las investigaciones continuarán; se tienen  planeadas más inmersiones para poder acabar de reconstruir la historia a través de sus restos materiales y sus historias de vida.

Actualmente, se pueden realizar inmersiones recreativas, pero es importante señalar que en el área se cuenta con escasos servicios de buceo. Hay que monitorear el estado del tiempo, ya que es una zona un tanto remota con fuerte oleaje. El submarino ya ha sufrido saqueos importantes; a partir de su registro, al extraer piezas se está incurriendo en un delito y un daño al Patrimonio Cultural.\"\"

 

AGRADECIMIENTOS

Agradecemos el apoyo proporcionado por el Hotel & Eco Tours Villas Mar y Arena; tours de buceo Shark, diving, pilot (T. 01613 136 0370). A Nery, Perla y Rafo de Puerto Alcatraz en la Isla Margarita. Al H. Ayuntamiento de Comondú, Baja California Sur, por el apoyo para la realización de este reportaje; y al Archivo Histórico Pablo L. Martínez.

El equipo

Alfredo Martínez

Alfredo Martínez Jefe de la Expedición, Fotógrafo y Colaborador Colaborador de México Desconocido desde 1992.

Roberto Junco

Roberto Junco Arqueólogo Submarino Subdirector de Arqueología Subacuática del INAH

Rafael Sánchez Agúndez

Rafael Sánchez Agúndez Instructor de buceo Pescador y buzo de Puerto Alcatraz

Localización

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