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Fin de semana en la ciudad de Tlaxcala

Recorre con nosotros las calles de la capital tlaxcalteca y disfruta de un excelente fin de semana lleno de arquitectura colonial, historia, cultura, tradición y la más deliciosa oferta gastronómica. ¡Atrévete a vivir Tlaxcala!

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Fin de semana en la ciudad de Tlaxcala

SÁBADO

Después de un duchazo despertador, decidimos darnos un chapuzón en la alberca del hotel para después desayunar ahí mismo. Ya ligeritos, tomamos rumbo al centro, a la ya conocida Plaza Revolución, pues éste es el mejor punto para iniciar nuestro paseo. Con los rayos matinales del sol la ciudad adquiere una fisonomía muy pintoresca.

Lo primero que visitamos es el Palacio de Gobierno, edificio cuya construcción se inició en 1545 y que se ubica al norte de la plaza. En el extremo derecho del palacio se encuentra la antigua Alhóndiga; en su parte central se ubican el Cabildo de Indios o Casas Consistoriales, levantados con mano de obra indígena. Del Palacio de Gobierno resaltan sus arcos estilo árabe con motivos vegetales tallados en piedra. Pero, sin duda, su principal atractivo son los murales en su interior que narran la historia del estado, y que fueron realizados por el apreciado artista originario de San Bernardino Contla, don Desiderio Hernández Xochitiotzin. Los brillantes colores que el maestro utilizó, así como la fuerza expresiva de los personajes, hacen de esta obra un bello espectáculo pleno de belleza, color e historia.
De ahí nos dirigimos a la avenida Lardizábal para visitar la opulenta Parroquia de San José, cuya construcción se inició a principios del siglo XVII y culminó en el XVIII. Su fachada está recubierta con ladrillo y azulejos de talavera en un estilo que se conoció como palafoxiano. En los corredores de la nave principal se ven retablos laminados en oro del siglo XVIII y pinturas al óleo; el presbiterio es neoclásico y el altar, de plata con aplicaciones de latón, data de principios del siglo XIX. Es de destacar la pintura del siglo XVIII que se encuentra a un lado del altar, donde se representa el bautizo de uno de los señores de Tlaxcala acompañado de Cortés y la Malintzin.

Al oeste de la plaza se encuentra la antigua Capilla Real de Indios, que hoy ocupa el Palacio de Justicia, y que fue iniciada en 1528. Teniendo siempre como referencia a la plaza, al sur se erige la Antigua Casa de Piedra, cuya fachada es de cantera gris, y hoy aloja a uno de los mejores hoteles del estado: el Hotel Posada San Francisco.

Por la calle Porfirio Díaz nos dirigimos a la avenida Guerrero, donde damos vuelta a la izquierda para llegar a la Calle de la Capilla Abierta, la cual nos conduce al Ex Convento Franciscano de Nuestra Señora de la Asunción, monumental conjunto de 1537 que consta de dos atrios, en uno de los cuales se representaron las primeras obras de teatro en náhuatl. El conjunto se complementa con una capilla posa y el portal de peregrinos. En el atrio bajo se encuentra la capilla abierta de planta hexagonal con tres arcos cornupiales. Se dice que la bóveda, ornamentada con nervaduras semicirculares, es la aportación más original de México a la arquitectura mundial. La fachada del ex convento es austera, en contraste con su interior, que alberga verdaderas obras de arte, y donde destaca su techo artesonado estilo mudéjar, uno de los más grandes y mejor conservados de América. Ahí mismo, en el claustro del ex convento, se aloja el Museo Regional de Tlaxcala, edificio de dos plantas que dan cabida a nueve salas en las que se ofrece un panorama cronológico de la entidad. El museo abre de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas.

Vale la pena tomarse un tiempo para visitar la cercana Capilla del Cristo del Buen Vecino, que aunque sencilla y austera es muy interesante. De regreso al centro visitamos la Plaza de Toros Jorge "El Ranchero" Aguilar, localizada frente al ex convento y que data del siglo XVIII; su belleza, además, hace honor a la tradición taurina del estado, en cuyo territorio se encuentran algunas de las ganaderías de toros de lidia de más prestigio en México.

Después de que en tan breve lapso recorrimos buena parte de la ciudad alimentando el espíritu, la otra parte de nosotros (la que come) empieza a reclamarnos también su ración, por lo que nos dirigimos a los Portales de Hidalgo y Chico, antiguamente Portal Real y Portal del Parián, respectivamente. Y es que ahí se han instalado, además de comercios varios, excelentes restaurantes en los que se disfruta de la comida típica de la región, que es una de las más exóticas del país, pues ofrece desde los poco atractivos a la vista pero deliciosos al paladar chinicuiles (gusanos rojos de maguey), los no menos guapos escamoles (larvas de hormiga) y los sugerentes ahuatli (huevecillos de mosco), pero también otras delicias como mixiotes de diferentes carnes, huevos de codorniz y platos elaborados a base de flores de la yuca, el tzompantle y el colorín. Tú tiense la palabra; tú eliges.

Después del atracón, yo recomendaría un pequeño reposo. Pero si eres de los que para “hacer digestión” prefieren caminar, dirígete a visitar el Palacio Legislativo, edificio del siglo XIX del que destaca su fachada en cantera gris. En el interior resalta el domo con rasgos art nouveau y las columnas que ensamblan sus capiteles de hierro fundido. El edificio se ubica en la esquina de avenida Juárez y Lardizábal, y desde 1987 es sede de la Secretaría de Turismo.

Otra de las joyas arquitectónicas que no debes dejar de visitar es el bellísimo Teatro Xicohténcatl, inmueble ubicado sobre la avenida Juárez, y que funciona desde 1873. Se trata de uno de los foros artísticos más importantes del estado y en él se presentan espectáculos de primer nivel. Su fachada está cubierta con cantera labrada y muestra rasgos neoclásicos. Sin embargo, su elemento más llamativo es el plafón decorado con una pintura, obra de John Fulton, en la que se representan a las musas de las bellas artes.

Aunque no está muy cerca del Teatro Xicohténcatl, vale la pena acercarse al Museo Vivo de Artes y Tradiciones Populares de Tlaxcala, que se encarga de rescatar, difundir y comerciar la interminable y rica variedad de productos elaborados por los artesanos de la entidad. Cuenta con nueve salas y ocasionalmente podrás ser testigo del trabajo de alfareros, talladores, bordadores y tejedores, entre otros; también dispone de una tienda de artesanías, sala de usos múltiples y de una ¡pulquería!, en la que podrás adquirir diferentes destilados de esa bebida.

Lo que resta de la tarde, y aún con suficiente luz, la dedicamos a visitar el Jardín Botánico Tizatlán y el Acueducto de Atempan. De regreso al centro podrás apreciar la Escalinata de los Héroes, construida en la década de 1960 y que en sus descansos muestra bustos de héroes ligados a la historia del estado.

La vida nocturna, tal y como la conocemos los “chilangos”, no existe en Tlaxcala. Sin embargo, hay restaurantes y bares como el de la Casa de Piedra y algunos otros de comida de diferentes países en los que podrás pasar una tranquila velada que, a final de cuentas, es una de las razones por las cuales visitamos esta ciudad.

Después de una ligera cena acompañada de bebidas espirituosas nos dirigimos al hotel para descansar, ya que mañana deseamos hacer un recorrido por las inmediaciones de la ciudad. Sobre todo acercarnos a los sitios prehispánicos de Cacaxtla y Xochitécatl. Pero, bueno, por lo pronto vamos a dormir.

Fin de semana en la ciudad de Tlaxcala

DOMINGO

Para aprovechar lo que nos resta de visita, desayunamos rápido en el restaurante del hotel e iniciamos nuestro paseo, que consistirá en visitar algunos sitios de interés imprescindibles de conocer. Así que nos dirigimos rumbo al imponente Santuario de la Virgen de Ocotlán, que se encuentra a tan sólo un kilómetro de la ciudad. Este monumental conjunto data de 1541, año en que tuvo lugar la aparición de la Virgen María al indígena Juan Diego Bernardino. Dos edificaciones complementan el conjunto: la Capilla de Guadalupe (hoy el bautisterio) y el Portal de Peregrinos. El interior es bellísimo y sería inútil destacar alguno de sus elementos. Sin embargo, podemos mencionar el barroco retablo mayor, las pinturas que narran la historia del estado, el enorme órgano del siglo XVIII pero, sobre todo, la imagen de la Virgen de Ocotlán tallada en madera.

De regreso a la ciudad,por una empinada calle sale a nuestro encuentro la Capilla del Pocito de Agua Santa, cuya interesante historia rebasa los límites de esta reseña. Sólo mencionaremos que del lugar donde fue edificada la capilla manaba agua a la que los lugareños atribuyeron propiedades curativas, por lo que es muy común ver a personas locales y foráneas llenar garrafones y recipientes, que se venden afuera de la capilla, con la milagrosa agua.

La ventaja de que Tlaxcala sea un territorio de poca extensión es que sus atractivos se encuentran cerca unos de otros. Así que aún tenemos suficiente tiempo para escaparnos a los sitios arqueológicos de Cacaxtla y Xochitécatl. El primero alcanzó su auge cultural entre los años de 650-900 d.C., y desde 1975 es objeto de trabajos arqueológicos. Su fama se debe a las magníficas pinturas que decoran algunos de los muros del llamado Gran Basamento. A dos kilómetros de éste se localiza Xochitécatl, el otro sitio arqueológico relevante del estado. Aquí se encuentra la Pirámide de las Flores, que está considerada como la cuarta estructura más grande de lo que fuera Mesoamérica.

De regreso a Cacaxtla, aún tenemos tiempo para visitar el museo que se encuentra a la entrada del sitio y que ofrece un panorama general de la zona, pues exhibe objetos rescatados no sólo de ahí sino de otros sitios vinculados con la cultura olmeca-xicalanca. El sol castiga fuerte, por lo que recomendamos llevar sombrero o visera y suficiente agua.

El recorrido ha sido arduo y el cuerpo desde hace buen rato nos reclama alimentos, por lo que las quesadillas que se venden en las afueras del sitio serán recibidas como una bendición. Se recomiendan las de flor de calabaza con queso oaxaca en tortilla azul, que en verdad, y haciendo a un lado la feroz hambre que nos agobiaba, son una delicia.

Regresamos al hotel para recoger nuestro equipaje y emprender el retorno a la bendita ciudad de México, con el ánimo de regresar a este enorme estado en cuanto a atractivos se refiere. Prometemos volver para visitar las bellas e imponentes haciendas ganaderas y pulqueras que se distribuyen por todo este minúsculo pero maravilloso jirón de nuestro ya de por sí rico país.

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