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Hugo Brehme y la estética mexicana

¿Quién podría negar que las fotografías de Hugo Brehme tratan temas muy mexicanos? En ellas se muestra el paisaje nacional en sus volcanes y llanuras; la arquitectura en los vestigios arqueológicos y ciudades coloniales; y la gente, en los charros, chinas poblanas e indios de ropas blancas.

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En el 2004 se conmemora el 50 aniversario luctuoso de Hugo Brehme, el autor de estas imágenes. Aunque de origen alemán, realizó su producción fotográfica en México, donde residió desde 1906 hasta su muerte en 1954. Hoy ocupa un lugar importante dentro de la historia de nuestra fotografía por sus aportaciones al movimiento llamado Pictorialismo, tan desprestigiado y casi olvidado por largo tiempo, pero que se está revalorizando en nuestros días.

Por las fotografías, que van desde San Luis Potosí hasta Quintana Roo, sabemos que Brehme recorrió casi todo el territorio nacional. Comenzó a publicar sus fotos en la primera década del siglo XX, en El Mundo Ilustrado y otros semanarios de renombre en el México de aquellos días. También se inició en la venta de las populares postales fotográficas alrededor de la segunda década y para 1917 National Geographic le solicitó material para ilustrar su revista. En los años 20 editó el libro México Pintoresco en tres idiomas, algo entonces único para un libro fotográfico que encerraba un gran proyecto de difusión de su país adoptivo, pero que en primera instancia le aseguró la estabilidad económica de su negocio de fotografía. Recibió uno de los premios en la Exposición de Fotógrafos Mexicanos en 1928. La década siguiente coincidió con su consolidación como fotógrafo y la aparición de sus imágenes en Mapa. Revista de Turismo, una guía que invitaba al conductor a convertirse en viajero y aventurarse por los caminos de la provincia mexicana. Igualmente, es conocida la influencia que tuvo en fotógrafos posteriores, entre ellos Manuel Álvarez Bravo.

PAISAJE Y ROMANTICISMO

Más de la mitad de la producción fotográfica que hoy conocemos de Brehme está dedicada al paisaje, del tipo romántico que captura grandes extensiones de tierra y cielo, heredero del repertorio pictórico del siglo XIX, y que muestra la naturaleza majestuosa, especialmente del altiplano, que se yergue imponente y soberbia.

Cuando aparece algún ser humano en estas escenas, lo vemos disminuido ante la proporción descomunal de una cascada o al contemplar la magnitud de las cumbres montañosas.

El paisaje también sirve de marco para dejar constancia de los vestigios arqueológicos y monumentos coloniales, como testigos de un pasado que se antoja glorioso y siempre enaltecido por la lente del fotógrafo.

REPRESENTACIONES O ESTEREOTIPOS

El retrato fue una parte menor de su producción y tomó la mayoría en la provincia mexicana; más que verdaderos retratos, constituyen representaciones o estereotipos. Por su parte, los niños que aparecen son siempre del medio rural y están presentes como residuos de la antigua civilización nacional, que sobrevivía hasta ese momento. Escenas de vida apacible, donde realizaban actividades consideradas aún hoy como propias de su hábitat, como el acarrear agua, arrear ganado o lavar ropa; nada distinto a lo que habían visto C.B. Waite y W. Scott, fotógrafos que lo antecedieron, cuyas imágenes de indígenas retratados in situ tuvieron acertada expresión.

En Brehme, los hombres y mujeres, solos o en grupos, aparecen en más de las veces retratados en espacios exteriores y con algún elemento considerado típicamente mexicano como lo son el cactus, el nopal, una fuente colonial o un caballo. Los indígenas y mestizos se nos presentan como vendedores en los mercados, pastores o peatones que deambulan por las calles de los pueblos y ciudades de la provincia, pero los más interesantes, son los mestizos que orgullosamente portan el traje de charro.

ALGO TÍPICO DEL SIGLO XX

Las mujeres casi siempre aparecen vestidas de chinas poblanas. Hoy en día casi nadie sabe que el traje “de poblana”, como lo llamó Madame Calderón de la Barca en 1840, tuvo una connotación negativa en el siglo XIX, cuando se consideraba propio de mujeres de “reputación dudosa”. Para el XX, las chinas poblanas se fueron convirtiendo en símbolos de identidad nacional, tanto que en las fotografías de Brehme representan a la nación mexicana, a la vez pintoresca y seductora.

Los trajes de china poblana y charro forman parte de “lo típico” del siglo XX, de lo que tendemos a calificar como “lo mexicano” e incluso en las escuelas primarias su uso se ha convertido en referencia obligada para los bailes de los festivales infantiles. Los antecedentes se remontan al siglo XIX, pero se retoma durante los años 20 y 30 cuando se buscó la identidad en las raíces prehispánicas, coloniales, y sobre todo, en la fusión de ambas culturas, para exaltar la mestiza, de la que sería representativa la china poblana.

SÍMBOLOS NACIONALES

Si observamos la fotografía titulada Coloquio amoroso, veremos una pareja de mestizos rodeados de los elementos que desde la segunda década del siglo pasado se valoran como mexicanos. Él es un charro, al que no le falta el bigote, con actitud dominante pero halagadora hacia la mujer, que viste el famoso traje, ella posada en un nopal. Pero, por más halagos que reciba, ¿quién de manera espontánea elige subirse o recargarse en un nopal?, ¿cuántas veces hemos visto esta escena o una similar? Tal vez en películas, publicidad y fotografías que fueron construyendo esta visión de “lo mexicano”, la cual hoy día forma parte de nuestro imaginario.

Si volvemos a la fotografía, encontraremos otros elementos que refuerzan la construcción de la imagen a pesar de no concordar con la vida cotidiana tanto rural como urbana: la banda de la cabeza de la mujer, a la moda de los años 20 y que pareciera sostener las trenzas postizas que no acabaron de tejerse; unos zapatos de ¿ante?; la confección del pantalón y las botas del supuesto charro… y así podríamos seguir.

UNA ÉPOCA DE ORO

Sin duda, entre nuestros recuerdos tenemos alguna imagen blanco y negro de un charro de la época del cine de oro mexicano, así como las escenas en locaciones exteriores donde reconocemos los paisajes de Brehme en movimiento, captados por la lente de Gabriel Figueroa para un buen número de cintas que se encargaron de reforzar la identidad nacional hacia dentro y fuera del territorio mexicano, y que tuvieron antecedentes en fotografías como éstas.

Podemos concluir que Hugo Brehme fotografió en las tres primeras décadas del siglo XX más de un centenar de hoy arquetípicas imágenes, que continúan siendo reconocidas en el nivel popular como representativas de “lo mexicano”. Todas ellas guardan correspondencia con la Suave Patria, de Ramón López Velarde, que en 1921 inició exclamando Diré con una épica sordina, la patria es impecable y diamantina…

Fuente: México desconocido No. 329 / julio 2004

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