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Imala, rincón sinaloense

Al acercarnos al pueblo se aprecia la hermosa iglesia que se construyó con ladrillos de color rojizo y ocre, sus torres destacan entre la vegetación por sus cúpulas rojas.

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Al acercarnos al pueblo se aprecia la hermosa iglesia que se construyó con ladrillos de color rojizo y ocre, sus torres destacan entre la vegetación por sus cúpulas rojas. Recientemente, a mediados del año pasado, se pavimentó la carretera que une la ciudad de Culiacán al pequeño y pintoresco poblado de Imala. Durante siglos, este rincón del país, sólo era conocido por los sinaloenses, pero ahora la nueva vía de comunicación facilita el acceso a cualquier visitante, ya que los escasos 15 km se recorren en 20 minutos. Imala es un topónimo de origen náhuatl que proviene del vocabloIsmala, a su vez compuesto de los radicalesisdeixco, que quiere decir delante o enfrente;malderivado demalina, torcer; yadeatl, agua o río; por consiguiente, el topónimo puede interpretarse como “lugar enfrente de donde tuerce su curso el río”.

El río Tamazula, antes de llegar al poblado, voltea su curso para formar un meandro, lo que permite suponer que el origen del nombre está relacionado con ese accidentado fisiográfico. Por otro lado, no debe confundirse este pueblo de la municipalidad de Culiacán con las rancherías Rincón de Imala, Milpas de Imala o Cofradía de Imala, esta última desaparecida bajo el agua de la presa Sanalona. El pueblo de Imalafue descubierto en 1531, cuando Nuño de Guzmán envió a varios de sus capitanes a explorar los ríos sinaloenses en brigadas de reconocimiento. Fue el capitán José de Angulo quien se encargaría de buscar un lugar adecuado en la Sierra Madre Occidental que les permitiera comunicar el puerto de Veracruz con las recientemente descubiertas costas de Sinaloa.

Por otro lado, este capitán llegó por primera vez a esa aldea indígena asentada junto a las aguas termales que aún existen en ese lugar. Sin duda, una de las grandes decepciones de Nuño de Guzmán fue no haber podido conquistar la Sierra Madre Occidental en su afán de abrir un camino que lo llevara directamente hacia el Golfo de México. A finales del sigloXVI, Imala ya era un poblado donde se concentraba el mineral que bajaban de las montañas a lomo de bestia, para cargarlo en carretas y enviarlo a la capital de Nueva España. Además, sus aguas termales con propiedades curativas fueron un atractivo más para que se consolidara un pequeño asentamiento de españoles. 

Otras referencias históricas de este pueblo del reino de Nueva Galicia son las visitas el obispo Alonso de la Mota y Escobar, realizada en 1602, durante la cual registró 22 vecinos en el pueblo, y la de don Lázaro de Arregui en 1621, quien señala que le llamaban en esa época Isamala. No hay que olvidar que en Imala se desarrolló un hecho importante para la historia de Sinaloa: fray Francisco Rouset de Jesús y Rosas, cuarto obispo de Sonora (el obispado abarcaba los actuales estados de Sinaloa, Sonora y las Californias, con sede en Culiacán), es recluido en esa población por cuestiones políticas relacionadas con el movimiento independentista en 1810, acusado de facilitarle dinero a la insurgencia. A partir de ese momento realiza únicamente labores pastorales que beneficiaron a los habitantes de ese lugar. Muere en 1814, y sus restos se encuentran en la catedral de Culiacán. El encanto del lugar empieza a disfrutarse desde el momento en que se entra al pequeño valle pletórico de colores verdes en toda su gama que contrastan con las torres del templo y los techos de las casas.

Conforme uno se aproxima al pueblo, se aprecia la hermosa iglesia de color entre rojizo y ocre, y sus torres gemelas rematadas por cúpulas rojas, mientras que otra de mayor diámetro se ubica sobre el altar. Llaman la atención la forma gótica u ojival que ostentan los vanos del campanario, así como las balaustradas que rodean la parte alta de la nave. En fin, sorprende que todo esté construido con ladrillo: la fachada principal con sus dos cuerpos y ocho columnas, las fachadas laterales, los contrafuertes, las cornisas y demás elementos arquitectónicos. Esta extraña construcción no colonial sino decimonónica, es una aguja de bellas proporciones enmedio del pajar tropical de la feracidad de esa región. Fue erigida por el padre Miguel Lacarra, sonorense que llegó al Seminario Conciliar de Sonora, fundado en 1837 en Culiacán, donde se ordenó sacerdote y fue enviado a Imala para ejercer su ministerio. Allí, gracias a sus conocimientos de ingeniería, construyó la actual iglesia del pueblo.

Después de 20 años de estancia en ese lugar, lo envían a Culiacán, y posteriormente a Quilá, donde colabora en la edificación de la iglesia. Más tarde se traslada a Mazatlán para construir la parroquia. Imala es realmente un pueblo pintoresco donde, además de su iglesia, se pueden admirar diversas casas de siglos pasados, algunas con vistosos herrajes de hierro forjado. Destaca, entre ellas, una pequeña casa blanca en la plaza principal, con techo de madera a dos aguas cubierto por teja. Y lo notable es que en el interior todavía se aprecia en el techo los restos de la decoración policroma a base de pinturas geométricas. 

Asimismo, es interesante observar que algunas casas aún conservan los curiosos hornos de pan de forma semicircular con un chipote enmedio; en cambio en otras, sorprenden sus cercas de “palo de Brasil” de rugosa apariencia, esa madera de gran renombre durante la Colonia, porque durante siglos su savia de intenso color rojo ladrillo se usó como tintura para textiles. Por otro lado, sus hipertermas fueron fuentes de placer para mineros, frailes y demás población indígena y mestiza. Apenas a mediados del sigloXXfueron abiertas al público en general y para allí un balneario con tres albercas con diferente intensidad calórica. La principal, que recibe el agua directa de los manantiales, debe tener una temperatura cercana a los 50 grados, pues apenas la resiste el cuerpo al introducirse en el agua muy poco a poco. Están cubiertas por un tipo de lonas para aislarlas de los rayos del sol, y el conjunto de las piscinas, de agua cristalina, está rodeado de esbeltas palmeras y cuidada jardinería. En Imala se puede adquirir el famoso chilorio, chorizo, chicharrones y tamales sinaloenses. Por último, cuando se sale de la ciudad de Culiacán por el camino de La Lima-Imala, se pasa por el poblado de Jotagua, donde es posible admirar, piedras con petroglifos, muy interesantes junto al río Tamazula. 

Fuente: México desconocido No. 244 / junio 1997  activo no   \N \N \N \N no

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