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Islas Marías II (Nayarit)

Los escritores de México Desconocido recorren las Islas Marías para admirar la diversidad de su flora y fauna. Lee este artículo y te sorprenderás...

Foto: Nicolás Triedo
México Desconocido

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En otro texto de este sitio, José Antonio Mendizábal les narró nuestra estancia en el penal federal de las Islas Marías; sin embargo, en su relato no aparece una parte importante de nuestro objetivo al visitar ese lugar: conocer alguna de las otras dos islas del archipiélago, aún vírgenes, y bucear en los alrededores para constatar en qué estado se encontraban la flora y la fauna del lugar.

Nuestros deseos se vieron realizados gracias a la amabilidad de las autoridades de la prisión que nos proporcionaron dos grandes lanchas, llamadas pangas por los isleños, con sus motores de 75 HP y un grupo de personas que nos ayudarían tanto en el buceo como en la visita a la isla María Magdalena, la más cercana a la María Madre.

Salimos temprano en la mañana con un mar azul y tranquilo rumbo a la Magdalena; en el trayecto entre las dos islas existe un canal muy profundo y con mucha corriente que forma una gran falla que se cree está relacionada con la de San Andrés. A medio camino, encontramos dos lanchas con colonos comisionados para la pesca; estaban sacando una red donde venían atrapados varios huachinangos de buen tamaño. Después de unos minutos de observarlos, nos dirigimos hacia la isla. Es maravilloso acercarse a un lugar en medio del océano que está totalmente virgen; en ese momento uno puede sentir lo que sintieron los exploradores de siglos pasados que se lanzaban a escudriñar nuestro planeta.

La Magdalena está cubierta de vegetación en toda su extensión; sus costas son rocosas y las playas que hay, por lo menos del lado que da a la María Madre, no son muy anchas. La vegetación de sus orillas consiste principalmente en matorrales espinosos y henequén, aunque también hay algunos órganos y nopales, pero más arriba se hace un poco menos agresiva y se pueden encontrar especies como cedro rojo, amapa, palo prieto, amate y otros árboles típicos de la selva caducifolia.

Por fin tocamos tierra y comenzamos la visita. Nuestra intención era fotografiar a los chivos cimarrones que habitan la isla que, según nos dijeron, pueden verse en grandes manadas paseándose tranquilamente por las playas.

Lo primero que conocimos fueron los restos de un antiguo campamento que hace ya tiempo fue totalmente abandonado. Apenas comenzamos a internarnos en la vegetación, empezó a hacerse presente la abundante fauna del lugar; las lagartijas le salían a uno al paso por todos lados y las iguanas, de gran tamaño, se paseaban frente a nosotros sin gran preocupación. Después de un rato de penosa marcha entre calor y espinas empezamos a acostumbrar la vista y varios de nosotros vimos conejos, que curiosamente permiten que uno se acerque a ellos hasta casi tocarlos: síntoma inequívoco de que no conocen al hombre y de que no han sido perseguidos. Sin embargo, los chivos y los venados no se hacían presentes, aunque sus huellas estaban por todo el lugar. Uno de los colonos no dijo que esto se debía a la hora que era, ya que los animales se acercan a las orillas en la mañana temprano, pero cuando arrecia el calor se internan en la vegetación y es difícil verlos. El tiempo que teníamos para estar en la isla (siempre el maldito tiempo) desgraciadamente no era mucho, pero decidimos no desanimarnos y nos dirigimos hacia una pequeña laguneta que está cerca de la playa para ver si los localizábamos allí tomando agua.

Nuestro esfuerzo fue infructuoso en cuanto a los chivos y venados, pero tuvo su recompensa ya que uno de los muchachos alcanzó a ver la cabeza de un caimán cuando se sumergía y nos lo hizo saber. Rodeamos entonces el lugar y permanecimos en silencio un buen rato hasta que por fin el animal volvió a emerger; era un pequeño caimán muy cuidadoso ya que apenas escuchaba algo extraño volvía a sumergirse o permanecía inmóvil como una piedra. Tomamos algunas fotos y descubrimos también unas enormes huellas en la arena que muy probablemente pertenecían a la madre de este pequeño animal, pero no pudimos saberlo con certeza.

Acalorados y un poco decepcionados, emprendimos el camino de regreso hacia donde estaban las lanchas. De pronto, uno de los muchachos nos alertó y nos dijo que a unos 30 m frente estaba un chivo. La excitación nos invadió y comenzamos a desplegarnos en abanico para poderlo localizar y tomarle fotos, pero desgraciadamente el animal se dio cuenta de nuestra presencia y huyó dejándonos sólo vislumbrar su enorme silueta negra coronada con grandes cuernos; eso fue todo lo que pudimos ver.

Salimos del matorral hacia la playa y emprendimos el regreso, mientras Alfredo se daba vuelo tomando fotos de un quebranta huesos que estaba parado en un árbol cercano. Llegamos a las lanchas con la sensación de haber tenido solamente una pequeña probadita de este paraíso que requeriría de semanas para explorarlo a fondo; quién sabe, tal vez en el futuro se dé la oportunidad de organizar una expedición en toda forma para poder conocer a fondo los secretos que estoy seguro guarda en su seno.

EL MUNDO SUBMARINO

Después de esperar un rato a Alfredo, embarcamos por fin para empezar nuestra expedición al mundo submarino que rodea las islas. El primer sitio donde bajamos fue el lado norte de la Magdalena, pero aquí el fondo es arenoso y no hay mucho que ver, por lo cual decidimos cruzar el canal, ahora con fuerte viento y olas de buen tamaño, para probar suerte en Borbollones al sur de la María Madre. Aquí la cosa fue diferente ya que el suelo es rocoso y se forma gran cantidad de oquedades donde las sorpresas están a la orden del día. La fuerte corriente hasta de dos nudos mantiene los corales saludables, principalmente abanicos, gorgonias y coral negro, con gran colorido y tamaño, y entre ellos nada una enorme cantidad de pequeñas especies tropicales como mariposas, bandadas amarillas y de nariz larga, ángeles reales, ídolos moros, damiselas, loros, cardenales y muchos más que forman, junto con varios tipos de estrellas, nudibranquios y pepinos de mar un paisaje de variadísimo colorido, un mundo totalmente diferente al que hay unos metros arriba. Y en medio de todo este paisaje nadan esmedregales, pargos, meros, petos y mojarras de gran tamaño, ya que la pesca en este lugar no ha sido intensiva y no ha afectado el ecosistema de manera grave.

Después de un rato de placer infinito buceando entre corales, tortugas carey, golfinas, morenas y langostas en cantidades impresionantes fuimos a un punto donde los pescadores que nos acompañaban nos dijeron que había una “cruz” en el fondo, e inmediatamente le hicimos saber nuestro interés en conocerla. Llegamos hasta un punto mercado con una pequeña boya y nos sumergimos con curiosidad. La sorpresa fue mayúscula ya que la famosa cruz resultó ser una enorme ancla.

Emocionados comenzamos a estudiar el fondo y después de un rato de exploración encontramos pedazos de la cadena, un mástil semidestruido y piedras de río que en un principio confundimos con balas de cañón; estas piedras eran usadas como lastre en los barcos antiguos y estamos seguros de que con el equipo adecuado se podrían descubrir otras cosas. Nuestro buceo terminó ese día con broche de oro, ya que debido a la temperatura del agua (27 grados) no habíamos visto a los tiburones y eso en las Marías es prácticamente como ir a la feria y no comer algodones de azúcar. Pues bien, estábamos a punto de terminar cuando nos topamos con un tiburón gata dormido. Prácticamente tuvimos que jalarla la cola para que se moviera y tomar una foto. No era mucho pero ya teníamos a nuestro primer tiburón, y es que la temporada de calor no es buena porque a estos animales les gusta el agua fría. Sin embargo, cuando llegamos al muelle, los pescadores que habían estado trabajando en el canal nos dijeron que habían visto varias tintoreras.

Al día siguiente decidimos dirigirnos a otro punto y seleccionamos para hacer nuestros descensos una enorme roca conocida como “El morro” que está situada en la parte sur del islote de San Juanico. Aquí la visibilidad del agua no era tan buena y la profundidad era mayor (30 metros más o menos contra 15 ó 20 que hay en Borbollones), pero también los corales y la fauna eran abundantes y de gran tamaño. Lo único que encontramos que no nos gustó fue un tipo de estrella de mar llamado corona de espinas que es un depredador del coral en gran escala; en algunos ejemplares ensartados en el cuchillo y le dijimos a los muchachos que nos acompañaban que durante sus buceos hicieran lo mismo y no las partieran dentro del agua, ya que cada pedazo se convierte en una nueva estrella con las consecuencias que ya se podrán imaginar.

Durante los dos siguientes días buceamos, en Borbollones, ya que allí fue donde mejor visibilidad y más fauna encontramos. Vimos atunes, más tiburones gatas y una gran cantidad de especies que nos dejaron la satisfacción de constatar que este archipiélago es todavía un hermoso paraíso submarino y natural donde se puede tener un panorama de lo que fueron tantos otros lugares de nuestro país que hoy en día están depredados y moribundos. Ojalá que las Islas Marías se conserven como están, ya que son una reserva que algún día puede ser (al paso que vamos en no mucho tiempo) el único lugar de este tipo que quede en nuestro saqueado país.

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