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Historia

Jacinto, el fantasma de Lecumberri que se aparece en viernes a la espera de su esposa infiel

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Uno de los conserjes del Archivo General de la Nación tuvo un encuentro macabro con Jacinto, un preso al que su esposa y su mejor amigo le pagaron de la peor forma.

En sus varios años como conserje del Archivo General de la Nación, al señor Juan nunca le había pasado nada extraño, hasta aquella noche de viernes, cuando se encontró en el área de la recepción con un hombre llamado Jacinto quien le preguntó si acaso alguien había venido a verlo. 

A Juan casi se le sale el corazón de la impresión pues se supone que a esas horas ninguna persona puede estar en este sitio, que alguna vez fuera una de las cárceles más infaustas de la historia de México: el Palacio Negro de Lecumberri. 

— “¿Quién es usted y cómo entró aquí?”

Jacinto respiró nostálgicamente, agachó la cabeza y luego comento: 

— “Otra vez no vino, ¿verdad?”

— “¿No vino quién?”, preguntó Juan

— “Amelia. No vino. ¿Usted no la vio?”

— “¿Quién es Amelia?, ¿trabaja aquí?”

— “Amelia es mi esposa”. 

— “¿Por qué está usted aquí a estar horas?”

El conserje fue perdiendo un poco el miedo, pensó que quizá se trataba de un indigente que por alguna razón se coló al edificio buscando refugio, sin que ninguno de los guardias pudiera detectarlo. Así que sin darse cuenta se dispuso a escucharlo para calmarlo un poco pero de un momento a otro el extraño desapareció aprovechando una breve distracción de Juan. Nuevamente un terrible escalofrío invadió todo el cuerpo del trabajador. 

Al día siguiente, y aún con el miedo encima, Juan empezó a hacer memoria sobre el atuendo que vestía el fantasma que vio: uniforme gris, desgastado y sucio, recordó que así vestían los reos de Lecumberri en el 40 según las fotografías que había mirado. 

Probablemente con ayuda de algún amigo del Archivo General de la Nación empezó a investigar en los expedientes que había de la antigua prisión de Lecumberri, y lo encontró, descubrió que el hombre se llamaba Jacinto y lo apodaban “Venado” porque su mujer le había sido infiel con su mejor amigo. 

Ambos adúlteros, entraron a robar a una casa en donde Jacinto trabajaba, pero no conformes con ello mataron a la dueña de la propiedad. El engañado marido no sabía nada de lo hecho por su esposa y su amante hasta que su propia mujer, acorralada por la policía, lo acusó a él del hurto. 

Jacinto aceptó todos los cargos, no dijo nada en contra de su mujer ni su desleal amigo, aceptó echarse la culpa de todo con la promesa de que ella lo iría a visitar cada viernes de visita lo cual nunca ocurrió. Así que el reo decidió quitarse la vida en una celda colgándose del segundo piso del pabellón cuatro.

Fuentes:

Jacinto “El Venado”

Jacinto, el fantasma de Lecumberri que espera a que su esposa deje de serle infiel

autor Viajero que además de experiencias por la vida anda tras el click.
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