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Jardines del Arte (Distrito Federal)

Cada domingo un grupo de creadores se presenta en el Jardín y rompe mediante esta práctica tianguística la concepción del arte como algo exclusivo y ajeno a “la gente” de a pie.

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En la Ciudad de México “el jardín” es un tema que abarca desde los jardines de niños hasta los panteones, pasando por jardines zoológico, botánico y algunos más. De diversos nombres y fortunas, pero todos de carácter público y con el denominador común de ser espacios de paseo y convivencia, de encuentro y recreación, las cuales –a excepción de los de infantes– se llenan los domingos. Son lugares en los que el descanso se celebra como un ritual, donde el tiempo transcurre al aire libre, sin reloj, y es posible oír niños que retozan y columpios que rechinan, y –en el colmo de la premodernidad– pájaros que cantan, o hasta alguna banda tocando la obertura “Poeta y campesino”, patrocinada por la autoridad.

Me extiendo en esto porque quiero subrayar que, no obstante hoy las masas prefieran dedicarle sus mañanas domingueras a “ir de plaza”; en esta ciudad quedan todavía restos de una cultura en la que tiene sentido mirar algo que no sean aparadores o películas “de acción”, en la que se considera legítimo pasear sin ir empujando una canasta con ruedas, en la que los demás son algo más que estorbos en el tráfico. Una cultura en fin, en la cual todavía comprar y ser se consideran cosas separadas.

¿Añoranza de una Suave Patria que en realidad quién sabe si existió algún día? Puede ser. De lo que estoy seguro es de que nuestra herencia es vasta y múltiple, y de que sería tan limitado negar las ventajas de la computadora como pretender darle la espalda a esta otra parte de nuestra realidad.

Porque, aunque el moderno urbanismo y la ecología no sólo justifican sino demandan jardines y espacios públicos, la verdad es que los pocos que tenemos, más que haber sido planeados, han sobrevivido como recuerdo de otras épocas; de tiempos en los que lo público tenía sentido y era posible ver nacer, incluso, un Jardín del Arte como el que hace casi cincuenta años empezó a florecer a espaldas del Monumento a la Madre, en respuesta a la falta de espacios y a las difíciles condiciones que imponían las galerías privadas.

Desde entonces, un grupo de creadores se hace presente en el Jardín del Arte. Son tan pintores como el que esta semana recibe un homenaje o inaugura exposición en tal museo y, tan legítimamente como aquellos, viven de su trabajo. No son pocos los que dan clases o han obtenido premios y alcanzado el momento de fama que les mereció adquisiciones, exposición individual, viaje y catálogo.

Que algunos crecen y se van, es cierto: allí están los casos de –ni más ni menos– Rodolfo Morales, Nierman y Luis Pérez Flores, quien fue director de la Academia de San Carlos; también es cierto que hay otros que no pretenden la invención del hilo negro, sino simplemente una manera honesta de vivir, haciendo lo que les gusta y saben.

Seguramente no faltará quien diga que las obras allí expuestas no pasan de ser artes menores, ni quien las descalifique por su carácter público, y aún, habrá quien las condene por su vocación turística. Por mi parte, advierto que entre la gran cantidad de técnicas, estilos y propuestas reunidas en el Jardín del Arte hay exponentes que han decidido ejercer un oficio, el cual manejan con maestría, pero también los que buscan y experimentan, los que han ingresado al Sistema Nacional de Creadores y los que han sido reclutados por galeristas, nacionales y extranjeros. Además, agradezco hondamentela posibilidad de conocer a los autores y conversar con ellos, e incluso, regatearles, en vez de tratar con representantes o agentes. Y por último, aun aceptando que no todos los pintores sean artistas, me pregunto si aquellos que lo son dejan de serlo porque les compre una viuda para llevarse el cuadro a South Dakota.

Digo, en fin, que en estos sitios uno se encuentra prácticamente todas las opciones de la plástica, desde tiernas niñitas entre flores y globos hasta desnudos, volcanes o experimentos de arte abstracto, y que será cada quién y su gusto que aporte las definiciones de arte: no el boato de la galería, no el prestigio del autor o sus padrinos, y a veces, ni siquiera el precio de las obras.

ASOCIACIÓN JARDÍN DEL ARTE
Muníves Pastrana, de la Comisión de Honor y Justicia, y Víctor Uhtoff, el tesorero, nos informan que el Jardín del Arte es una asociación civil que cuenta con unos estatutos en los que se establece cómo la organización se dirige y administra. Reglas de oro de estos estatutos son las que prohíben terminantemente la exposición de copias, así como de obras que exploten temas políticos y religiosos, lo cual busca propiciar tanto la creatividad como el respeto a las convicciones de cada uno.

DÓNDE Y CUÁNDO
De ellos aprendemos, para empezar, que el Jardín del Arte arranca en Sullivan, y desde 1955 ha continuado una tradición dominical que hizo necesario gestionar nuevos espacios, por lo cual, ante la apertura del Bazar del Sábado en San Ángel, a principios de los sesenta, se consiguió la Plaza de San Jacinto, en donde los pintores se presentan desde entonces. Más tarde, debido al crecimiento de la asociación, se concertó con las autoridades el uso de la Plaza de El Carmen sábados y domingos.

Oficialmente el horario es, en general, de 10 a 15 hrs, pero se recomienda llegar más tardecito para asegurar que ya estén todos los exponentes. Si el clima y las ventas son favorables, es posible que todavía a las siete de la noche encuentre ambiente, sobre todo en San Jacinto.

Hay, por otra parte, exposiciones similares en las ciudades de Querétaro y París, en Montmartre, nomás que esas no pertenecen a la asociación.

QUIÉNES, CUÁNTOS
Actualmente la asociación está integrada por cerca de 700 pintores, quienes exponen cada fin de semana.

La Comisión de Honor y Justicia tiene entre sus principales tareas el confirmar que, en efecto, sean los agremiados quienes atiendan personalmente al público. La Comisión de Selección es la que organiza el ingreso de los aspirantes cada tres meses, dependiendo de los espacios disponibles. En la fecha programada cada aspirante acude con cinco obras debidamente enmarcadas, las cuales son expuestas para seleccionar, a la vista de todos, a los nuevos miembros de la agrupación.

Hay que decir que la disponibilidad de espacios depende, principalmente, de las renuncias o abandonos, aunque también del fallecimiento de algún socio. En la actualidad hay unos cincuenta aspirantes en lista de espera.

Adicionalmente, la asociación admite, en calidad de huéspedes, a pintores extranjeros, hasta por un periodo de tres meses.

Hay, además, Comisión de Exposiciones, de Prensa y Propaganda y de Relaciones Públicas.

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