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La cantera de Tlalpujahua (Estado de México)

Si usted va en busca de un típico escenario mexicano, vaya a Tlalpujahua, ciudad minera que a su belleza natural aúna sus obras de arte hechas de cantera.

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Por la carretera a Maravatío, a unos kilómetros de El Oro, ciudad que marca el límite entre el Estado de México y el de Michoacán, una carretera ondulante y rodeada de hermosa vegetación lleva al viajero a Tlalpujahua. Techos rojos, paredes blancas y callejones que suben hacia una hermosa iglesia es lo que espera a quien visita este típico escenario mexicano. El río Tlalpujahua, que nace en el municipio del mismo nombre, es en parte responsable de la exuberancia en la que descansa esta “joya colonial” característica del estado de Michoacán. 

La ciudad de Tlalpujahua, uno de los principales fundos mineros durante la Colonia, es aún minera por excelencia. Sus habitantes, ocupados por temporadas en la siembra y en una fábrica de esferas navideñas de la cual ya hablamos en nuestro número 214, se dedican en gran medida a trabajar en las ricas vetas de cantera que rodean la zona.  Cuando uno entra a la ciudad, sorprende ver los numerosos expendios que ofrecen piedra de cantera de las más diversas tonalidades y formas: tallada, troquelada, cincelada, laminada, en bloque…; pero, empecemos por el principio.  Cantera es el sitio de donde se extrae la piedra, sin embargo, en México el nombre se aplica también a las rocas ornamentales que de ahí se obtienen y que se utilizan para la construcción. La cantera es una piedra porosa, relativamente dura y fácil de labrar, cuyas características varían según el país e incluso la región de origen. 

Los diferentes sistemas de explotación de las canteras se pueden clasificar en cuatro grupos principales: a cielo abierto, por galerías subterráneas, mediante pozos y por arranque y desprendimiento.  La explotación de la cantera es tan antigua como las construcciones de piedra. En algunos bajorrelieves de la época de Ramsés, aparecen legiones de esclavos y prisioneros de guerra ocupados en la extracción de grandes moles de piedra o en su transporte. En Grecia e Italia se encuentran testimonios evidentes de explotación subterránea de cantera, como las catacumbas de Roma, que datan de milenios atrás y que durante mucho tiempo sirvieron de escondite a los primeros cristianos.  En México, algunos bancos o yacimientos se conocen desde antes de la Conquista.

Templos y catedrales como los de Santo Domingo y La Soledad, en Oaxaca, están edificados con la singular cantera verde de Ixcotel. La cantera rojiza de Zacatecas presta su hermoso color a los templos de San Agustín y Guadalupe; la dorada de Atemajac fue empleada en la catedral y en el templo de Santa Mónica de Guadalajara, mientras que la rosada, característica de Morelia y Querétaro, se emplea incluso para adornar calles y plazas, atrios y paramentos de construcciones civiles y religiosas. Son también notables las fachadas de Santa Cruz de las Flores y Santa Anita, en Jalisco; Santo Domingo, en Sombrerete, Zacatecas; la Parroquia de la Concordia, en Sinaloa, y las catedrales de Durango y Chihuahua, así como los retablos del santuario de Guadalupe en Aguascalientes y de El Carmen, en San Luis Potosí. 

Y ¿qué puede esperar quien acude a Tlalpujahua buscando cantera? Son tres aspectos los que dan singular riqueza a esta visita. El primero está en la gran variedad de tonalidades que se extraen de sus ricas vetas; el segundo, en la habilidad de sus artesanos que, realizando sus propios diseños o trabajando bajo las especificaciones de quien acude a ellos, modelan la cantera con verdadero arte, y el tercero, el bajo precio de este material, que contrasta con la noción de quienes consideran que la cantera es muy costosa. Para dar una idea, el metro cuadrado de cantera laminada de 40 x 40 cm cuesta de 35 a 40 pesos, mientras que un trabajo más artesanal (como un elefantito de 20 cm de altura) cuesta tan sólo 15 pesos. 

La explotación de cantera en Tlalpujahua se inició hace 45 o 50 años. Actualmente se trabaja en cinco grandes vetas y en muchas pequeñas, ya que la roca abunda en esta zona. A unos 10km de la ciudad, situada en una hermosa llanura, se encuentra la veta que tuvimos la oportunidad de conocer; una hondonada de enormes proporciones abierta en las entrañas de la tierra, cuya impactante belleza proviene de los tonos cambiantes de la roca que contrastan con el intenso azul del cielo.  Esta cantera, propiedad de una sola familia, se ha trabajado durante cerca de 10 años y su explotación se hace a cielo abierto con instrumentos rudimentarios. Se usan barrenos para aislar una gran porción de roca y, posteriormente, en las hendiduras que quedan se introducen pequeñas cantidades de pólvora negra o cuñas de acero. Utilizando un mazo, se golpean pacientemente estas cuñas hasta que se logra desprender la piedra. Después, con cincel y mazo, estos grandes pedazos de roca se reducen a bloques que comúnmente miden 40 x 60 x 40 cm, el tamaño adecuado para que puedan ser laminados en la cortadora o trabajados en el torno, aunque también se pueden obtener bloques hasta de 2 x 3 x 3 m, que se emplean para realizar esculturas o efectuar trabajos de mayores dimensiones.    

En una misma cantera se obtienen rocas de diferentes colores, ya que éstos varían según su proximidad al suelo. En esta veta en particular, aparecía, cercano a la superficie, el tono blanco y bajo éste, el lila, el rosa y el amarillo, que es el más blando por estar pegado a la tierra. En vetas aledañas a la zona se obtiene también cantera de colores negro y café, así como de tono rojizo, pero ésta es la más escasa. Según el testimonio de quienes laboran en este lugar, si se mantuviera el ritmo de trabajo actual y se utilizarán los mismos instrumentos rudimentarios manejados por la misma cantidad de gente. (15 o 16 peones), no podrían acabársela en 100 años. 

Una vez desprendidos de la tierra, los bloques de cantera se transportan a Tlalpujahua en camión y es en el taller, manejado también por familiares y vecinos, en donde se les dan las formas deseadas. Utilizando una máquina cortadora se hacen laminados de 40 x 40 cm o de 40 x 60 cm que se emplean como recubrimientos de piso, así como los adoquines y los pequeños bloques de 20 x 40 x 15 cm, que se utilizan en bardas y paredes.  Mediante un torno se hacen las balaústres de formas onduladas que vemos en los barandales de balcones y escaleras, así como las piezas que, como rompecabezas, integran después las columnas.

Con cincel y mazo se hacen pretiles cornisas, zoclos y diversos elementos para construcción. Pero es en las fuentes, las esculturas, las imágenes religiosas y las figuras de animales realizadas con instrumentos de mayor precisión, donde el viajero descubre que en Tlalpujahua la cantera se trabaja con habilidad excepcional.  En el negocio familiar que visitamos nos afirmaron que, en estos últimos tres anos “se le abrió el mercado a la piedra”.

Al parecer, en muchas ciudades de nuestro país florece en estos tiempos el estilo arquitectónico llamado por algunos “contemporáneo rústico mexicano”, que ha rescatado elementos de la arquitectura colonial uniéndolos a conceptos modernos para crear principalmente casas que suman a la tradición, luz, color y espacios más actuales. A raíz de este fenómeno, la cantera está de nuevo en las cornisas, los pisos y las columnas de innumerables edificaciones a nuestro alrededor, ya que es uno de los elementos clásicos de la arquitectura colonial.  En esta renovada preferencia por la cantera como material de construcción, Tlalpujahua surte sus hermosos colores a Cuernavaca, Morelia, Uruapan, Chihuahua y a los más diversos puntos de la República mexicana. El tono blanco es el que se pide con mayor frecuencia, seguido por el rosado y, en fechas recientes, el negro. Para comodidad de los compradores al menudeo, los mismos talleres pueden transportar la cantera a su destino. Tlalpujahua ofrece tonos y formas sin límite a los amantes de la cantera y un hermoso paisaje a quienes se deleitan en lo verdaderamente mexicano. 

SI USTED VA A TLALPUJAHUA    

Tome la autopista número 15 a Toluca, y posteriormente la autopista a Atlacomulco. Una vez en Atlacomulco, tome la carretera estatal número 5 hacia el oro y Tlapujahua.  En cuanto a los servicios Tlalpujahua cuenta con todos, el Oro (a 7 km) también y Atlacomulco (a 40 km aprox.) los tiene todos de primera.  Fuente:  México desconocido No. 221 / julio 1995   activo no      N    N    N    N no

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